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Una mirada preventiva

Muchas mujeres han sufrido en un momento de su vida algún hecho de abuso sexual, y esta experiencia puede jugarles de diversos modos.

21 de octubre de 2013 a las 02:00 p. m.
María de los Ángeles Palacio de Arato*
Una mirada preventiva

Al contrario de la creencia popular, la mayor parte de los abusos sexuales perpetrados en contra de los niños se comete dentro del ámbito del hogar.

Por cierto, esta problemática no es nueva. No hay hoy más abusos de los que había antaño, lo que sucede es que el tema ha dejado de ser “tabú” y, en muchos casos, se está rompiendo el secretismo familiar, que desde siempre acompañó a todo lo que se refiriera a la sexualidad de las personas.

Puede existir violencia sexual entre miembros de una misma familia y personas de confianza, y entre conocidos y extraños.

La violencia sexual puede tener lugar a lo largo de todo el ciclo vital, desde la infancia hasta la vejez, e incluye a mujeres y hombres, ambos como víctimas y agresores.

Aunque afecta a ambos sexos, con más frecuencia es llevada a cabo en contra de las niñas, niños y mujeres dentro del entorno de hogar y de sus vinculaciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2001, expresó que se trata de una actividad sexual que el niño no llega a comprender del todo, no está en condiciones de dar consentimiento por ser evolutivamente inmaduro. Por lo que son penalizadas por las leyes y reprobadas socialmente.

Siguiendo a María Alba Navarro, se puede decir: “El abuso sexual de niñas/niños se manifiesta en actividades entre ellos y un adulto –que por su edad o por su desarrollo– se encuentra en una posición predominante de responsabilidad, confianza o poder. Estas conductas tienen como objetivo básico la gratificación sexual, de control y dominio del abusador”.

En cuanto a las consecuencias, estudios realizados a nivel internacional concluyen que las agresiones sexuales perpetradas contra un niño impactan gravemente en su mundo interno. Le producen serios trastornos sexuales, depresiones profundas, problemas interpersonales y traumas que pueden ser permanentes e irreversibles, que requieren intervención profesional inmediata.

Si bien detectar el tema es complejo, se pueden mencionar algunos indicadores que, si bien no son exclusivos de la presencia de abuso, sí permiten inferir algún tipo de problema en los niños, por lo que requiere una inmediata consulta, para abordar al diagnóstico preciso y dar con el tratamiento correcto.

Estos son: desarrollo de estados fóbicos, pánicos o miedos repentinos; manifestaciones ansiosas y represivas; sentimientos de inseguridad y falta de confianza; terror ante la presencia de adultos; tristeza, culpabilidad y vergüenza; trastorno del sueño, terrores nocturnos y pesadillas, trastornos de alimentación, enuresis, encopresis, modificación del rendimiento escolar y aparición de dificultades de aprendizaje, aislamiento social, episodios de agresividad, interés excesivo o evitación de todo lo atinente a la sexualidad, juego sexual absolutamente inapropiado para su edad y masturbación compulsiva.

Con los años, las secuelas que frecuentemente se observan son desordenes, desesperanza, minusvalía, vergüenza, culpa e ira.

En ese supuesto, los varones tenderán a dirigirla hacia otras personas vinculándose con agresividad, mientras que las mujeres tienden a dirigirla hacia ellas mismas, con comportamientos autodestructivos, que pueden llegar hasta el suicidio.

También se detectan: dificultades vinculares de confianza, lo cual entorpece el proceso terapéutico; problemas de identificación sexual y de vivencia libre de la sexualidad (siendo mayor si el abuso ha persistido en el tiempo); desbalance en las relaciones que establece, en las que tiende a ocupar una posición inferior. Puede que la mujer abusada en su niñez se convierta en esposa maltratada.

Estrategias de prevención

Hace falta una prevención primaria que deben llevar a cabo las familias y que comienza por el fortalecimiento vincular.

Es importante tener en cuenta que muchas mujeres han sufrido en un momento de su vida algún hecho de abuso sexual, y que esta experiencia puede jugarles de diversos modos. Por lo que es fundamental que las mujeres-madres revisen su propia historia en torno a esta problemática.

Repárese que para que haya abuso infantil debe haber de parte de un adulto un comportamiento seductor manifiesto, el que probablemente no ha seducido primero al niño, sino a sus progenitores, que le han abierto las puertas de su hogar o de su confianza.

Este es un punto esencial: revise con quién deja los niños, no ponga en este punto las manos en el fuego por nadie. Recuerde que los pedófilos y abusadores son personas de apariencia común, buenos vecinos, solidarios, simpáticos y aceptados socialmente, todo lo cual torna más difícil que se crea en la versión del niño.

Considere que no es conveniente que los niños jueguen con niños de más edad, ni con sus familiares, vecinos o amigos que tengan más años que él, sin supervisación de algún adulto. No es que ellos sean malos ni pedófilos, sino que se encuentran en diferentes etapas evolutivas.

Tampoco es recomendable que tenga vínculos estrechos o que pase largas horas con personas adultas que, si bien no están en el entorno familiar directo, forman parte de su vinculación, sin supervisación, como por ejemplo contactos escolares, gente que trabaja para el hogar, vecinos, de los cuales desconoce sus propias vivencias en lo atinente a la sexualidad.

Es bueno que como sociedad despertemos a este intrincado problema, que tantas lágrimas causa a lo largo de la vida. Evitar el abuso es primordial por el bien de los niños, pues ello reduce el daño físico y psicosocial que sufre toda víctima de violencia sexual.

Si desgraciadamente pasara por esta situación, son los profesionales los que se encuentran en una posición única para reconocer, documentar y responder a los casos individuales de agresión sexual. No consulte con cualquier persona ni exponga la sexualidad de su niño a la vista de todos y sobre todo a la opinión de todos.

En el proceso de recuperación, son imprescindibles la discreción y el respeto por el silencio de la víctima, quien aún puede estar en estado de shock . Se debe enfrentar a las consecuencias que la agresión supone para su salud física y mental, incluida la prueba de embarazo, las pruebas de detección de enfermedades de transmisión sexual y su prevención, el tratamiento de lesiones y el apoyo psicológico.

La salud de nuestros niños merece que los adultos ofrezcamos atención a la prevención. Ellos lo agradecerán.

*Jueza de Control, Niñez, Juventud y Penal Juvenil de Río Segundo.