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Un silencio que nos abra a la nueva vida

Los cristianos hemos celebrado que desde el silencio de la cruz y del Sábado Santo ha surgido el grito de la verdadera alegría por la nueva vida, por el amor de Dios que vence la muerte y el pecado.

23 de abril de 2019 a las 12:01 a. m.
Pedro Torres*
Un silencio que nos abra a la nueva vida

En estos días de Pascua, me contaron con alegría la experiencia que ofreció a sus visitantes el museo Juan de Tejeda, cuyos patios, superando el paso del tiempo, ofrecen como paisaje una postal única de la Catedral de Córdoba. Allí se invitó a hacer una experiencia con el arte, el silencio y la palabra.

A veces se olvida, en medio de la velocidad y el ruido cotidianos, la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse, para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. También se olvida que hay dimensiones de la vida para las cuales las palabras no alcanzan y es necesario el lenguaje de la belleza y del silencio, e incluso del asombro y de la adoración.

El papa Benedicto XVI solía recordar que el silencio es parte integrante de la comunicación, y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio, escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento. Callando, se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y nosotros no permanecemos aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena.

Nos decía también que allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a valorar y a analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Es necesario crear entonces un ambiente propicio, casi una especie de ‘ecosistema’ que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos.

Los cristianos hemos celebrado que desde el silencio de la cruz y del Sábado Santo ha surgido el grito de la verdadera alegría por la nueva vida, por el amor de Dios que vence la muerte y el pecado. Al desear feliz Pascua, estamos manifestando que queremos que esa nueva vida empape toda nuestra existencia dando profundidad, verdad, libertad, paz y, por eso, plena felicidad a toda la humanidad.

En este tiempo de campañas electorales y de tantas palabras, como diría San Pablo, que no salgan de nuestras bocas palabras desedificantes, descalificantes, mentirosas o vanas, sino las que nos permitan encontrar el rumbo como patria de hermanos. Feliz Pascua.

* Fraternidad religiosa

* Obispo católico; miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)