Un partido de ida y vuelta
La estrategia del oficialismo sería “inventar” un rival interno para formalizar elecciones primarias y luego armar una fórmula con ambos. Carlos Sacchetto.
Como esos directores técnicos que bajo la obsesión del resultado especulan con cada jugada, Néstor Kirchner les dijo en la semana a varios de sus más fieles seguidores: "Tranquilos, muchachos, que si seguimos así, con el empate nos alcanza".
Lo que el actual gran titiritero de la política argentina traduce en términos futbolísticos es esa sensación que se tiene en la cima del poder de que, aun con algunos tropiezos ocurridos y otros por venir, las cosas marchan bien.
El partido, que terminará recién en octubre del año que viene con las elecciones presidenciales, es largo, trabado y difícil. Pero, según un frecuentador de aquellas alturas, no siempre hace falta tener la iniciativa. "También podemos jugar de contraataque", ilustra, para referirse al anuncio anticipado del previsto aumento a los jubilados que se hizo con el objetivo de neutralizar la ofensiva de la oposición con el proyecto del 82 por ciento móvil para los haberes mínimos de la clase pasiva.
Tras ese ejemplo, siguen otros: mejora el salario, pero vía eliminación de subsidios suben la luz y el gas. Avanzamos y retrocedemos, nos pegan y pegamos, nos hacen un gol y hacemos otro. Así se empata.
El matrimonio Kirchner está convencido, entonces, de que si no se producen circunstancias excepcionalmente graves, por el simple efecto de lo que ya se ha hecho más lo que se hará en el próximo semestre, cualquier victoria parcial de la oposición no tendrá la suficiente fuerza como para modificar la realidad que ellos leen hoy a través de sus propias encuestas.
Pero, ¿es esa "la" realidad? Desde otras veredas recuerdan que hace nada más que un año el kirchnerismo, con su propio líder encabezando la boleta de diputados nacionales en el principal distrito electoral del país y con condiciones no muy diferentes a las actuales, perdió por 2,47 puntos, unos 180 mil votos, contra un rival de vuelo corto como Francisco de Narváez.
Por eso, con deseos de revancha, pero también por elemental lógica política, la provincia de Buenos Aires se ha convertido en el principal foco de atención de Kirchner.
Por eso, también, ha direccionado hacia allí a su hermana Alicia, poseedora de una de las llaves con que se abre el inmenso bolsón de subsidios y planes sociales capaces de modificar fidelidades políticas entre los más necesitados.
Las dificultades para hacerse de un fuerte poder territorial en el gravitante conurbano bonaerense no son pocas para Kirchner. Recursos económicos no le faltan, toda vez que la chequera oficial está orientada en esa dirección.
Pero aquí juegan no sólo los apetitos propios sino también los de otros cuyas lealtades no parecen ser eternas ni incondicionales.
Al trípode sobre el que quiere asentar su presencia, lo forman los intendentes del viejo y cuestionado aparato peronista, los piqueteros amuchados por el calor oficial, y el jefe de la CGT, Hugo Moyano, dispuesto a llegar como mínimo a la Gobernación de Buenos Aires.
Armonizar los intereses que enfrentan a esos tres sectores es hoy la difícil tarea de Kirchner, y así quedó demostrado en el acto recordatorio de la muerte de Eva Perón, con ausencias, pases de facturas y amenazas de rupturas.
La otra mesa de arena que se despliega en Olivos es la de la interna del Partido Justicialista. Desde el peronismo disidente ya han dicho que la van a vaciar, para dejar a Kirchner solo, y que llevarán una candidatura por fuera de la estructura partidaria.
La respuesta está en marcha. La estrategia oficial sería "inventar" un rival interno para formalizar las elecciones primarias y luego armar la fórmula con ambos.
Dicen que el ex presidente apunta a un gobernador que sea dócil a la Casa Rosada y que goce de algún respeto dentro del peronismo. Y ése no sería otro que el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, anfitrión desde mañana de la Cumbre del Mercosur. Allí estará Kirchner y ambos dispondrán de tiempo para conversar sobre los planes políticos.
Mientras esto ocurre en el oficialismo, la oposición no logra resolver sus propias contradicciones. Sólo el paciente bordado de algún proyecto parlamentario en común consigue unirlos con la precariedad de lo efímero.
Con Mauricio Macri en stand by judicial, Elisa Carrió quejándose de Ricardo Alfonsín y de Julio Cobos, Eduardo Duhalde intentando escalar el Everest en plena tormenta y Felipe Solá debatiéndose entre lo que quiere y lo que en realidad puede, el panorama electoral sigue muy lejos de definir una tendencia.

