Un golpe al corazón
Demoler la Casa de las Tejas es destruir parte de la historia de Córdoba, un golpe al corazón para los periodistas que durante más de 50 años fueron testigos de la historia de Córdoba. Juan Carlos Toledo.
Desde mi condición de periodista jubilado, no puedo ocultar el dolor que me provoca la anunciada demolición de la Casa de las Tejas, sede por más de cinco décadas del gobierno provincial. Su destrucción, que en lo personal me resulta inexplicable, significa dejar atrás un capítulo muy importante de la historia de Córdoba. Y con impotencia me pregunto por qué no se buscó preservarla como valioso testigo de los años más duros de la provincia y del país. En esta dolorosa evocación quisiera referirme a la importancia que tuvo la Casa de las Tejas en mi carrera como periodista. Muy joven aún, tuve el honor, en la década de 1960, de ser el benjamín de los cronistas acreditados. Pasaron sólo unas horas de mi llegada a la Sala de Prensa, ubicada por entonces a la izquierda de la entrada principal, y fui bautizado como "el Cabrito" Toledo por el cura Racca, a la sazón capellán de la Casa de Gobierno. En pocos días debí aprender, de la mano de José María Figueroa, cómo llegar a los ministerios en busca de las noticias que al mediodía debía pasar, por teléfono, a LV2 Radio La Voz de la Libertad, donde me inicié en 1958.Con el debido respeto que entonces me merecían, debo recordar a mis colegas de renombre, como Azor Grimaut, por La Voz del Interior ; Eduardo Bischoff, por Los Principios ; David Kaplan, por Clarín ; Norberto Schwartzman y Pedro Troilo, por Radio Universidad, y Gómez De Negri, por Comercio y Justicia , entre otros. Junto a ellos, era partícipe todos los mediodías de una charla informal con el gobernador Justo Páez Molina, quien solía llegar acompañado por el vicegobernador Hugo Leonelli y el entonces secretario General de la Gobernación, Ramón Mestre. Esa charla nos permitía tener las informaciones que después ampliábamos en los ministerios.Durante más de 20 años recorrí los pasillos e hice largas vigilias en la Casa de las Tejas, acreditado también por los Los Principios y La Voz del Interior . No fue una tarea fácil y sin riesgos.En 1966, la Revolución Argentina del general Juan Carlos Onganía cambió las reglas de juego y los rostros adustos y la censura hacían cada vez más difícil la tarea. Hasta 1973, cuando se recuperó por poco tiempo la democracia, se sucedieron los delegados nacionales, bajo el pomposo título de gobernadores. Todo habría de acentuarse aún más a partir de 1976, con el Proceso, hasta que en 1983 se recuperó finalmente la democracia.Fue en la Casa de las Tejas donde aprendí el periodismo de la mano de grandes maestros. Con ellos compartí triunfos y sinsabores, largas vigilias e incertidumbre.Demoler la Casa de las Tejas es destruir parte de la historia de Córdoba, un golpe al corazón para los periodistas que durante más de 50 años fueron testigos de la historia de Córdoba. Por todo eso, creo que la Casa de las Tejas no se merece este triste final.

