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Un año después, otra Argentina

Gestión nacional. En sólo 12 meses, volvimos a ser un país normal, un país común, lo que no necesariamente significa ser un país perfecto y armónico. 

13 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Héctor Baldassi*
Un año después, otra Argentina
Doce meses. Macri cierra su primer año de gestión presidencial con el desafío de poner en marcha la economía y mejorar la situación social. (Télam / archivo)

No fueron pocos los sorprendidos en la pasada campaña presidencial, cuando Mauricio Macri prometió trabajar para que Argentina vuelva a ser un país normal. El compromiso se basaba en restablecer mecanismos de convivencia política y de relaciones institucionales que nos permitieran discutir proyectos, leyes e intereses sectoriales a partir de la construcción de consensos entre los distintos actores sociales y políticos del país.Y todo eso, un año después, quedó demostrado que es posible: el Congreso aprobó cientos de leyes conformando mayorías transitorias a través del consenso.Construir un país normal también significaba contar con índices oficiales que fueran creíbles y confiables para poder tener un diagnóstico correcto de la situación real. Y también se hizo: sólo se necesitaba actuar con idoneidad para quitarle al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ese absurdo rol partidario que le habían asignado, y así poder recuperarlo como una institución del Estado.Necesitábamos volver a comprender que honrar las deudas y compromisos asumidos por diferentes gestiones no se trata de una cuestión ideológica, sino que forma parte de las responsabilidades políticas de cualquier país que pretende progresar con vistas al futuro.En estos últimos 12 meses, nos convencimos de que los fallos de la Justicia deben ser acatados respetando su independencia. Que el Poder Judicial puede investigar cualquier denuncia, más allá del color político. Y que todos los argentinos somos iguales ante la ley.En estos últimos 12 meses, volvimos a ser un país normal, lo que significa que el presidente de la Nación y sus ministros puedan dialogar, acordar acciones y conciliar intereses con todos los gobernadores, independientemente del partido que cada uno represente. Lo mismo sucedió con los sindicatos, los empresarios o los emprendedores.Pudimos, sin que nadie se asombre, discutir, acordar y sancionar el Presupuesto nacional atendiendo a los intereses de cada sector y cada provincia, para contar con una herramienta fundamental para la organización y el funcionamiento del Estado.Hemos recuperado la capacidad de reconocer cuestiones hipersensibles, como la inflación, la pobreza y la desocupación, diagnóstico fundamental para la toma de decisiones y el desarrollo de distintas acciones que puedan resolver estas problemáticas medulares para cualquier país.Volver a criticar y aceptar la crítica con plena libertad, respetar a todos los medios de comunicación independientemente de su línea editorial y terminar con el uso de la pauta oficial como instrumento para disciplinar nos ha devuelto a los argentinos la posibilidad de discutir sin dividir.Reparar injusticias cometidas con millones de jubilados es cumplir con una obligación que el Estado desconoció de forma sistemática hasta el 10 de diciembre de 2015.Activar los mecanismos de control para perseguir y castigar la corrupción fue fundamental para que recuperemos la confianza y la autoestima que habíamos perdido, ante tantos hechos de corrupción obscena y escandalosa. Y comprometerse con las funciones esenciales del Estado: salud, educación, seguridad y justicia, reconociendo su déficit y diseñando soluciones alternativas. Estos son algunos aspectos que parecían imposible de lograr en la Argentina que existió hasta el 10 de diciembre de 2015. En sólo 12 meses, volvimos a ser un país normal, un país común, lo que no necesariamente significa ser un país perfecto y armónico en el que a todos nos vaya bien, sino, por el contrario, un país con un gobierno capaz de reconocer con sinceridad las dificultades y trabajar para resolverlas.Aunque todavía nos falta mucho camino por recorrer, normalizar las relaciones políticas, sociales e institucionales constituye un paso insoslayable para lograr la unidad de los argentinos. * Diputado nacional