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El turismo hace tres mil años, y hoy

La apreciación del paisaje es inexorablemente muchísimo más relevante que el paisaje en sí mismo. Marcelo Polakoff.

08 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, miembro del Comipaz)
El turismo hace tres mil años, y hoy

¿Dónde puede haber empezado la idea del turismo sino en la mismísima Torá? Para quienes desconfían de estos dichos, no hay más que abrir el texto bíblico y correrse hasta el capítulo 13 del Libro de Números. Allí, es Dios quien pide a Moisés que envíe 12 hombres –uno por cada una de las 12 tribus de Israel– a explorar la tierra prometida, a la que estaban a punto de ingresar. Moisés, como casi siempre, obedece la consigna divina y designa la docena de hombres para latir et haaretz ; vale decir, para "explorar la tierra". No sé si se notó a simple lectura, pero el verbo hebreo latir es el origen de la palabra inglesa tour y, por supuesto, de la española "turismo". Vale la pena hacer la salvedad de que en el idioma hebreo todos los verbos comienzan con la letra "l" (ele) seguida de alguna vocal (vendría a ser como el infinitivo en castellano), por lo que la raíz de los vocablos hay que buscarla en las sílabas siguientes. El primer esbozo. Pues aquí nos topamos entonces con el primer esbozo del turismo, una clase de experiencia indagatoria, un intento de aventura y curioseo que se vincula con conocer el paisaje y, en especial, a quienes lo rodean. En la historia bíblica, el resultado es fascinante. Moisés le había encomendado a los 12 hombres que en los 40 días que se tomarían para el viaje (la cantidad no está mal, ¿no?) realizaran un exhaustivo estudio del hábitat, teniendo en cuenta la fertilidad de la tierra y la presencia de árboles, pero principalmente si estaba habitada por hombres fuertes, con ciudades amuralladas o no y si eran numerosos o tan sólo un puñado de ellos.Ese primer tour registrado de la historia judía no concluyó muy bien que digamos. Diez de los 12 espías presentaron un informe nefasto, que no sólo incluía los datos que se les habían solicitado, sino que venían acompañados de un pesimismo atroz que apuntaba a pedirle a Moisés, y por su intermedio a todo el pueblo hebreo, que abandonase la loca idea de poseer dicha tierra.Sin embargo, hubo dos exploradores que no estuvieron de acuerdo y su visión positiva, aunque en minoría, fue la que finalmente prevaleció, tornando a la tierra que mana leche y miel en una realidad tangible para el pueblo de Israel desde hace más de tres mil años.La metáfora –brillante en mi opinión– sigue vigente hasta hoy: la apreciación del paisaje es inexorablemente muchísimo más relevante que el paisaje en sí mismo. Es que, lo confesemos en voz alta o no, la manera de acercarse, el estilo del periplo y el filtro que adosamos a cada paso y a cada pestañeo, son los que en última instancia definen la maravilla del viaje.Una lección para tener en cuenta, también en épocas veraniegas.