Opinión. Trump en su trampa

La situación para los Estados Unidos, que incumplió lo acordado y reinició la escalada, es complicada, pues volvió a atacar objetivos civiles. El hecho más inexplicable y absurdo ha sido el bombardeo de una planta de energía nuclear en construcción bajo supervisión internacional de la Oiea.

24 de julio de 2026 a las 01:04 a. m.
Mario José Pino*
Trump en su trampa
Donald Trump dijo que el alto el fuego acordado por ambos países en junio había "terminado".

Resulta sumamente dificultoso seguir las peculiaridades bélicas que envuelven al mundo, por la dinámica de vértigo que llevan adelante, porque afectan profundamente el orden global y por la desinformación activa que inunda el campo comunicacional.

La estrategia de poder diseñada por Washington en la cumbre de su hegemonía unipolar, a fines de la última década del siglo pasado, establecía que para mantener su dominio debía anular las pretensiones de tres poderes: Rusia, China e Irán. Y a mi juicio, cometió el error de desatar los enfrentamientos con todos ellos al mismo tiempo, con un sistema de alianzas que expuso ciertas fragilidades, con potencial económico y tecnológico limitado y con un poder militar insuficiente, aun cuando sea el más formidable del mundo.

Las líneas estratégicas fueron seguidas consecuentemente por todos los presidentes norteamericanos a partir de Bill Clinton, pero le tocó al Trump actual –que ganó las elecciones bajo la consigna de “no más guerras”– enfrentarse a circunstancias de muy difícil resolución. Veamos Irán.

Después de fracasar en la campaña aérea de bombardeo total y decapitación de la cúpula iraní –que insumió 40 días, con graves pérdidas en su arsenal y destrozos importantes en su sistema de bases en la región– el 8 de abril comenzó el operativo naval con el bloqueo al Estrecho de Ormuz, por el que cerraba el tránsito de petróleo.

Esto duró hasta el 17 de junio pasado, cuando Donald Trump firmó el memorándum de entendimiento (MoU), que en casi todos sus puntos implicaba la capitulación de Washington. Trump lo explicó de manera clara y concisa: “He debido firmar ese MoU porque el mundo estaba al borde de la depresión y yo no seré el Herbert Hoover del siglo 21”, en referencia al presidente norteamericano que desató la crisis de los años 1930.

Sectores del poder Maga estadounidense, el gobierno de Israel y el lobby sionista, junto a la caída en la cuenta de la claudicación por el público norteamericano, horadaron la decisión del presidente, que rápidamente comenzó a renegar de lo acordado. En Irán sucedía lo mismo: la línea dura islámica estaba en contra de firmar cualquier armisticio, por sus claras ventajas en el desarrollo de las acciones bélicas.

Estados Unidos, en realidad, desde el mismo principio incumplió con lo pactado en casi todos los puntos. Nada nuevo. El tránsito por el Estrecho de Ormuz comenzó a normalizarse de manera paulatina bajo el control de la Guardia Revolucionaria. Y cuando el mercado del petróleo dio muestras de regularizarse, Washington urdió la trampa de abrir canales no autorizados que provocaron la obvia reacción de Teherán, que decretó el nuevo cierre del estrecho.

Así, el MoU firmado por Trump en Versalles se convirtió en letra muerta. Al compás de las bombas, cobró fuerza inmediata la diplomacia que no había podido avanzar. ¿En qué situación se encuentra cada uno de los frentes hoy? Veamos

Frente bélico

Estados Unidos está atacando objetivos iraníes a discreción y provocando daños importantes, conforme la misma “doctrina de conmoción y pavor” (1996) que utilizó a partir del 28 de febrero, con el objetivo de reducir las capacidades y la voluntad persa en la mesa de negociaciones.

Con el bloqueo del estrecho, combina los dos fracasos anteriores, el aéreo y el naval, en el mismo momento. Irán responde cambiando su doctrina de represalias y atacando, como lo había adelantado, las capacidades militares de Estados Unidos en la región y aun otros objetivos no necesariamente norteamericanos en Jordania, Kuwait, Baréin, Catar, los Emiratos y puertos petroleros de Arabia Saudita y los Emiratos sobre el mar Rojo, con lo que se compromete el flujo petrolero que ayudó a paliar la crisis originada por el cierre de Ormuz.

Lo más significativo: los ataques iraníes a las bases y observatorios estadounidenses parecen letales y están provocando no sólo destrucciones billonarias, sino el traslado de ellas al sur de Europa.

Frente diplomático

En el frente diplomático, la actividad se ha intensificado, sobre todo la tarea de mediación de Islamabad, gobierno al que Washington está presionando para que lleve a Irán de regreso al MoU. Teherán fija sus condiciones mínimas para volver a negociar y declara que el MoU, que Irán cumplió, ya es letra muerta.

Si Trump quiere restablecer la paz, según los iraníes, debe comenzar a ejecutar compromisos efectivos tales como devolver todo el dinero persa incautado, levantar el universo de sanciones y que comience la retirada de Israel del Líbano. Por otro lado, es difícil que China y Rusia puedan presionar a Irán como lo hicieron antes del 17 de junio.

La situación para los Estados Unidos –que incumplió lo acordado y reinició la escalada– es complicada, pues volvió a atacar objetivos civiles. El hecho más inexplicable y absurdo ha sido el bombardeo de una planta de energía nuclear en construcción bajo supervisión internacional de la Organización Internacional de Energía Atómica (Oiea), frente a lo cual Irán también ataca objetivos civiles, como los puertos petroleros sauditas y emiratíes del Mar Rojo y las plantas desalinizadoras de Kuwait. Si estas quedaran inutilizadas –lo que es militarmente factible para Irán– la gran mayoría de su población debería abandonar el país por falta de agua.

Washington tampoco puede resolver la disminución significativa de su arsenal de drones y misiles y debe recurrir a los depósitos en sus comandos del Pacífico –destinados a contener a China– y de Europa –destinados a contener a Rusia–. Su fabricación, siempre lenta, depende de las tierras raras y metales chinos.

Comienza a saberse, por otro lado, que las bajas militares estadounidenses son bastante más que las admitidas. Trump, sin opción de ocupación terrestre y con la diplomacia atada de brazos, no puede construir una teoría de la victoria válida, pero ha prometido nuevamente un bombardeo infernal esta semana. ¿Podrá?

*Abogado y diplomático