Noche en Córdoba. La tragedia de la que no aprendimos

El doloroso recuerdo de Cromañón resalta la corrupción y negligencia que aún persisten. La falta de lecciones aprendidas y la inacción política perpetúan el riesgo.

17 de julio de 2026 a las 02:37 a. m.
Francisco Reyna
La tragedia de la que no aprendimos
El trágico incendio en República de Cromañón.

El 30 de diciembre de 2004, Argentina vistió el luto más espantoso de la historia reciente: 194 personas perdieron la vida en un hecho al que luego le pusimos como nombre imborrable “la tragedia de Cromañón”.

En los años siguientes, varias decenas de quienes sobrevivieron se quitaron la vida, y cientos de familias quedaron destruidas.

Me tocó la peor tarea profesional de mi vida: colaborar en la redacción del dictamen acusatorio en contra del por entonces jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Son esas cosas que tristemente, por ser abogado, del interior y trabajar en ese cuerpo colegiado, me llevó a estar en una comisión ad hoc y luego en la sala juzgadora del juicio político en contra del que terminó siendo destituido, pero curiosamente no inhabilitado para ejercer cargos públicos.

En los capítulos de ese dictamen, precisamente, se habló del Organismo de Control y Fiscalización; de Habilitaciones y Verificaciones; de cómo se procedía con los boliches bailables y otros en la Caba de esa época.

El sistema de habilitación y el sistema al que le pusimos “handy dependencia”, en donde el inspector determinaba la infracción y por ese aparato daba noticia, para que luego otra persona hablara con el dueño del local y –corrupción mediante– no se clausuraba. A la vez, una cámara de inescrupulosos, utilizando el mismo mecanismo, lograba la clausura de la competencia.

Así, una habilitación fraguada de un “boliche bailable clase C” cuya capacidad fue excedida, materiales no ignífugos, un certificado de bomberos mal confeccionado, las puertas de egreso trabadas, una guardería en un pasillo y el uso de bengalas llevaron a lo que ninguno de nosotros puede olvidar como argentinos. Se fueron los nuestros por culpa de muchos cínicos que pudiendo prever y, pese a tener los mecanismos para evitarlo, no lo hicieron. Fin.

Además, todo el sistema perverso de corrupción, demostrado y probado, que por capilaridad subió hasta el jefe de Gobierno porteño, estaba involucrado en operaciones corruptas. La conclusión: se tragaron –como la noche– la luz de la vida de 194 pibes: los pibes de Cromañón.

He sido más que sintético; mi experiencia de cientos de horas escribiendo y tomando testimoniales desgarradoras me lleva a escribir desde la más absoluta impotencia frente a lo que hoy domina la opinión pública.

Me indigna ver que todo el arco político, oficialismo y oposición, se pongan en un lugar de cuestionamientos, mientras gracias a Dios ninguna tragedia ocurre.

La realidad es que acá deberían sincerarse todos; es espalda con espalda. La noche, es sabido, tiene mil escondrijos. Si hay una cadena de favores cuyo final es la muerte de pibes, debemos todos ponernos las pilas y romper eslabón por eslabón.

¿Es responsabilidad únicamente del Poder Ejecutivo municipal? No. Hay empresarios inescrupulosos, y los hay también buenos que no tienen otra fuente de ingresos, a quienes les plantan el dealer dentro de sus negocios y nada pueden hacer.

¿Ningún fiscal puede bajarse la aplicación que por cacofonía suena parecido a telegrama y ver cómo no hay narcomenudeo sino droga en toda Nueva Córdoba y alrededores? ¿Nadie ve a los menores en los lugares bailables y en los que no lo son, pero donde se “arman” fiestas para las que no están habilitados?

¿Somos ciegos como sociedad a la noche que dejamos en manos de los adultos cínicos y los menores presos del sistema de la fiesta que puede acabar con sus vidas? Sí, así, drástico, duro sin temor. Viví ex post Cromañón; no me lo olvido más.

Incluso veo a personas que hoy son funcionarios públicos a nivel nacional y que expresamente habíamos recomendado en el dictamen final que no pudieran ejercer nunca más cargos públicos. Algunos son diputados. Claro, era una simple recomendación; quizá yo tenga demasiada memoria o quizá nunca más me olvide lo que escribí.

No sé si es buen o mal intendente el actual titular del Poder Ejecutivo municipal de la ciudad de Córdoba ni si este organismo se creó porque le doblaron el brazo al sistema; si las balas son ciertas o si esta es la solución.

De lo que estoy seguro es de que las cosas pasan y que cualquier acción que se lleve a cabo en contra de la corrupción de la noche es válida. Si por un instante se pusieran de acuerdo todos, salieran de las bancas, de los sillones curules y se metieran de lleno en el tema, quizá hasta haríamos de la Córdoba nocturna un lugar seguro.

Que la noche sólo se lleve la luz del día; que no les quite la luz a nuestros pibes. No es mucho pedir.

Abogado