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Tormenta de verano en el peronismo

¿Era lo mismo para el peronismo cordobés ser el socio de un kirchnerismo con Kirchner como figura dominante o serlo ahora de una fuerza que lleva como abanderada a Cristina? Julio C. Perotti.

05 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tormenta de verano en el peronismo

En el peronismo cordobés parecía venir todo bien para sobrevivir al verano sin asomar demasiado la cabeza. Desde lo estratégico, no había nada más conveniente: debían dejar que decantara el nuevo escenario que se abrió después de la muerte de Néstor Kirchner.

¿Era lo mismo, acaso, ser el socio de un kirchnerismo con Kirchner como figura dominante que serlo ahora de una fuerza que lleva como abanderada a Cristina?

Y no, claro, no es lo mismo. No lo es, desde que el fallecimiento del ex presidente repercutió en una mejora de la imagen positiva de su esposa y desde que la oposición pareció quedar definitivamente sin rumbo y quemar su presente en una hoguera de vanidades.

El lugar en el que se ubicará el justicialismo cordobés durante el 2011 electoral parece ir aclarándose de a poco, aunque nadie tiene apuro por blanquearlo ya.

En la Casa Rosada, tienen por cierto que el acuerdo que alguna vez sellaron Néstor Kirchner y José Manuel de la Sota se mantendrá y que, al final, el peronismo mediterráneo será un paraguas para todas las corrientes, incluida desde luego el kirchnerismo.

Nada más conveniente, por cierto, para las aspiraciones de De la Sota, que quiere llevar adelante su candidatura a gobernador sólo con un peronismo unido, aunque antes procurará una interna que separe la paja del trigo y cuente los granos que aportará cada uno.

Dos asuntos, ambos con cierta urgencia, quedan todavía pendientes:

1. Cómo dar respuesta a la orden del juez federal Ricardo Bustos Fierro de hacer elecciones internas en febrero para renovar autoridades partidarias, sin que esto implique una situación de desgaste.

2. La fecha de las elecciones es un interrogante al que el gobernador Juan Schiaretti no responde, pese a la premura que exhiben otros dirigentes, prontos a intentar calzarse el traje de candidato.

El precio de la unidad. Conviene cortar el elefante en rodajas:

Si se quiere evitar la interna que exige la Justicia, la única alternativa es una lista de unidad. Ya se intentó una y se la presentó en Tribunales, pero fue objetada por Olga Riutort, Jorge Chali e Iván Hidalgo.

Más allá de la desprolijidad con que pudo haberse elaborado esa nómina (incluye a un dirigente muerto y otros no afiliados), lo cierto es que dejó un espacio abierto para los cuestionamientos.

Intentar una segunda lista de unidad requerirá, sin duda, abrir un diálogo con Riutort, que quiere ser la candidata a intendenta de Córdoba por el PJ, y acceder a algunas de sus condiciones.

Por si hiciera falta, se transparentó que la piedra de la discordia era Riutort cuando el titular formal del partido y ministro de Gobierno, Carlos Caserio, desató sobre ella toda su furia: “Cuando (ella) tenía la suma del poder en el peronismo, lo usó tan a destajo, pisándole la cabeza a todos los dirigentes que pensaban distinto de ella, que provocó la crisis histórica que hoy tenemos en el peronismo de la ciudad de Córdoba”, la destrató.

Desde luego, Riutort no comulga ni comulgará con su ex marido, De la Sota, ni con Schiaretti. Y, de seguro, está dispuesta a hacerles pagar a ambos el costo de tener que aceptarla como interlocutora.

Antes del final de esta novela, un congreso intentará definir el próximo sábado los pasos por venir, para intentar un salto a las internas de marzo de 2011, en las que se quiere elegir candidatos en todos los niveles, provinciales y municipales.

“Es una locura”. Las tres palabras fueron compartidas por referentes del delasotismo y del schiarettismo, para evaluar las implicancias de esta orden judicial. “¿A quién podemos mover para una elección en febrero?”, se preguntan.

Otros, sin embargo, ven una oportunidad en mover el aparato y, con eso, limpiar la casa.

Si Riutort puede llevar a que De la Sota y Schiaretti intenten un operativo de pinzas para bloquearla, la segunda cuestión –la fecha de las elecciones– abre una brecha entre ellos.

Futuro personal. Dentro del peronismo, se observa que Schiaretti no quiere apurar los tiempos para definir, antes, cuál va a ser su posicionamiento personal en el esquema nacional.

Aunque tanto desde Buenos Aires como de Córdoba niegan que el gobernador forme parte de una lista de vicepresidenciables con Cristina, lo cierto es que Schiaretti no imagina un futuro en su casa. Piensa, más bien, en que puede estar sentado en alguna mesa grande de discusión, sea en el partido, sea en un cargo en un eventual futuro gobierno peronista.

Es música para sus oídos que Cristina no quiera acelerar las definiciones, tal como lo planteó en su visita del jueves a Córdoba el ministro del Interior, Florencio Randazzo. “No es tiempo para hablar de candidaturas”, despachó Randazzo a los periodistas, para confirmar la lógica que rige hoy al kirchnerismo: el que está en el poder debe jugar con los tiempos a su favor. Que se desesperen los otros, es la conclusión no escrita.

Es obvio que Schiaretti no quiere resignarse a ser un mero entretiempo entre la última gestión de De la Sota y la que el peronismo aspira a reeditar. Tampoco, desde luego, en ser quien cierre un ciclo justicialista en la provincia para abrir uno de otro signo.

Por eso, el gobernador pone todo su esfuerzo para no dejar espacio institucional sin cubrir de aquí a las elecciones: acelera las obras públicas en ejecución, desde el Centro Cívico a las rutas pavimentadas pasando por los gasoductos en el interior, de modo que todas lleven su sello.

Frente a estas necesidades, es un incordio que se cruce una interna chica e inesperada, con protagonistas que, a la vista del esquema nacional, son menores.

Para peor, en la Capital, un territorio donde el peronismo vive en desbandada, sin liderazgo y donde le brotan candidatos que cotizan poco y a la baja en la opinión pública.