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Tiempo de hacerme cargo de mi prójimo

¿Cómo me hago prójimo? Si no nos hacemos esta pregunta, la solidaridad es vacía de sentido, con el riesgo de ser un ritual para tranquilizar nuestras conciencias. Federico Palacios.

19 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Federico Palacios (Laico católico. Miembro del Comité Interreligioso por la Paz - Comipaz)
Tiempo de hacerme cargo de mi prójimo

Entre los cristianos, es muy conocido el relato evangélico de la parábola del buen samaritano (cfr. Lucas 10, 25-37) en la que Jesús se encuentra con un maestro de la Ley que lo quiere poner a prueba con cuestionamientos. Sin embargo, Jesús es el que termina cuestionándolo; primero, haciéndole responder a su pregunta inicial acerca de lo que debe hacer para alcanzar la vida eterna; en segundo lugar, luego de narrarle la parábola, devolviéndole el planteo acerca de quién es su prójimo. Es que no se puede contestar a estos planteos si no es desde la propia experiencia, desde el "hacerme cargo". En los orígenes bíblicos de la humanidad, ya Caín, al haber asesinado a su propio hermano Abel, manifiesta una peligrosa indiferencia, al decir: "¿Soy acaso el guardián de mi hermano?" (Génesis 4, 9), con el que inicia una cadena de disfavores que llega hasta nuestros días. ¿No tenía esas características acaso la actitud vandálica que presenciamos mediáticamente hace algunas semanas en un partido de fútbol? ¿O el incomprensible asesinato reciente de un gran músico y poeta?Aunque, ciertamente, en la mañana luminosa de la Pascua el Resucitado, al donarnos la filiación con el Padre, también nos concede como don una fraternidad sin fronteras, sin muros, sin discriminaciones; supera y nos da la posibilidad de derrotar a aquella cadena de disfavores.Desde esta óptica, queremos retomar nuestra parábola, contemplando el peso de cada detalle. Los que parecían más cercanos, el sacerdote y el levita, bloqueados por la burocracia de las normas de pureza, no atinan a ayudar al hombre que yace medio muerto. Es un samaritano, alguien distante a su raza, religión y, por lo tanto, a su corazón, el que, sin dudar, decide ayudarlo hasta el extremo de pagar por él. En este relato, el Señor se vuelve agudo, tanto para aquel maestro de la ley como para cada uno de nosotros: "Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se hizo el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?"Es que ser prójimo no es una definición, sino una acción concreta, ahora. El sacerdote y el levita atados a la letra de la ley no actuaron; el buen samaritano, movido interiormente por la ley del amor, actúa: "... al pasar junto a él, lo vio y se conmovió" (Lucas 10, 33).¿Cómo me hago prójimo? Si no nos hacemos esta pregunta, la solidaridad es vacía de sentido, con el riesgo de ser un ritual para tranquilizar nuestras conciencias.El mes de agosto de la solidaridad será la oportunidad para tomar conciencia de esta realidad, que debe atravesar lo cotidiano de cada día del año. Porque cada momento es propicio para mirar a nuestros costados, hacia adelante y hacia atrás, y aprender a dar una respuesta al Señor. Como al maestro de la ley, nos dice a cada uno: "¿Quién te parece que se portó como prójimo?".Aquí donde estamos (en casa, en la calle, en la escuela, en el trabajo…) y ahora es el tiempo de hacerme cargo de mi prójimo.Ante las próximas elecciones, esta mirada nos ayudará a tomar decisiones, discerniendo verdaderamente en orden al bien común.