Del terrorismo
La ley no define con claridad qué es el terrorismo. Tanto, que hasta el propio Estado nacional y popular podría ser acusado de terrorista. J. F. Marguch.
Con su publicación en el Boletín Oficial , el miércoles último entró en vigencia la ley 26.734, denominada "antiterrorista", que modifica artículos del Código Penal para duplicar el mínimo y el máximo de las penas de los delitos que procuran "aterrorizar a la población". Su texto es de una perversa ambigüedad, porque parte de una omisión que abre un inabarcable horizonte de interpretación, de tal manera que cualquier acción o reacción puede ser interpretada como terrorista y, como tal, padecer el peso de la ley. De la ley, pero no de la Justicia, que queda en entredicho porque no se define con claridad qué es el terrorismo. Tanto que hasta el propio Estado nacional y popular podría ser acusado de terrorista.Esta indefinición no es patrimonio excluyente de nuestros legisladores oficialistas. De hecho, es una falencia mundial. Abundan las definiciones académicas, interesantes como temas de conversación, pero prevalecen las interpretaciones políticas.Según éstas, una organización o un militante extremista pueden ser considerados criminales o patriotas. Tal el caso de la ETA, la organización terrorista vasca, por ejemplo. Regiones enteras del País Vasco siguen defendiendo a ese grupo criminal que en el apogeo de sus asesinatos aberrantes promovió una aberración moral aun mayor: manifestaciones de alegría por sus asesinatos y atentados, con insultos, escupitajos y golpes contra los cortejos que llevaban a las víctimas a sus sepulcros.Los etarras eran protegidos y honrados como patriotas, pero aborrecidos en el resto de las regiones de España. Organizaciones paramilitares. La construcción del Estado de Israel no puede ser entendida sin la intervención de bandas terroristas como el Irgún y la Banda Stern, su escisión, entre cuyas hazañas se cuenta la masacre de la aldea de Deir Yasin (9 de abril de 1948), la que fue arrasada y donde perecieron 254 palestinos. El operativo fue conducido por Menahem Beguin, quien en 1977 ascendió a primer ministro y negoció con Anwar Al Sadat el acuerdo de paz con Egipto, por lo cual ambos recibieron el premio Nobel de la Paz de 1978. Su obra Rebelión en Tierra Santa fue el libro de cabecera de terroristas latinoamericanos, entre ellos los montoneros, algunos de cuyos ex miembros lo mencionan en sus recuerdos condicionados.En 1973, Henry Kissinger, secretario de Estado de los Estados Unidos, había recibido su Nobel de la Paz por el acuerdo que llevó al fin de la guerra con Vietnam. Ese mismo año impulsó el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile y en 1976 dio luz verde a los militares argentinos para la instauración del terrorismo de Estado. Uno no puede dejar de preguntarse: ¿para cuándo el Nobel de la Paz para George Walker Bush? Barack Obama ya lo ganó sin hacer demasiado.Los Estados Unidos tienen una larga tradición en materia de organización y financiamiento de organizaciones terroristas, como los "contras" nicaragüenses, los paramilitares de Guatemala, la organización terrorista Unita de Angola y, por cierto, de los grupos islámicos que en Afganistán se levantaron contra la invasión soviética, liderados por Osama bin Laden, cuyo reciente asesinato por fuerzas especiales del Pentágono fue celebrado como una especie de fiesta nacional, como compensación (no venganza, faltaba más) por lo de las Torres Gemelas...Proliferan los estados terroristas, cuyos servicios secretos operan en todo el mundo, violando cuantas soberanías fuere necesario. Y por supuesto, lo hacen con tecnología letal ultrasofisticada, como las que gastan la CIA, el KGB soviético (hoy FSB semidemocrático), el Mosad, el Seced y el Cesid de España, los MI5 y MI6 de Inglaterra, el Servicio de Documentación Exterior y de Contraespionaje (Sdece, por sus siglas en francés), de Francia; el BND, de Alemania; el SIS, de Portugal; el Sismi, de Italia, y un interminable etcétera.Uno de los países más activos en este orden fue, ciertamente, Libia durante la dictadura de Muammar Kadhafi, que adiestró y financió a organizaciones terroristas de América latina (entre ellas, Montoneros), Europa, África, Asia; mutó luego en aliado de Estados Unidos y les facilitó su territorio para que se torturase a prisioneros islámicos de Guantánamo. Terminó asesinado. (Tenía demasiado para contar). Ambigüedad esencial. La victoria hace la diferencia entre el terrorista y el prócer o el héroe. De haber triunfado los coroneles reaccionarios que rechazaban la liberación de Argelia, hoy serían honrados como héroes. De hecho, muchos de ellos lo fueron en la guerra contra el nazismo y al parecer quedaron impregnados de su barbarie. Pero mientras detentaban el poder colonial, perpetraron infinidad de actos de terrorismo de Estado contra los argelinos en rebelión y opusieron una feroz resistencia final a Charles De Gaulle, mediante la Organización del Ejército Secreto (OAS, también por sus siglas en francés), que en su crepúsculo sangriento consumó alucinantes matanzas y destrucciones.Inventaron la metodología de las desapariciones, que difundieron en América latina y África. Sus mejores alumnos fueron la cúpula militar argentina, que perdió la guerra en el frente político. En la vasta ambigüedad que alberga el término terrorista, suele prevalecer la intención destructiva u opresiva de quien ejerce el poder, no de quien apela a la violencia física o verbal para oponerse a él.Por eso se habla con cierta pertinencia de "terrorismo de Estado", mientras que el juicio del que manda transforma en criminales o en héroes a quienes tienen un mismo discurso o una misma praxis.Quizá nadie personificó mejor que León Trotsky la contradicción esencial del terrorismo. Escribió: "Un ejército revolucionario generalmente no destruye más que a una ínfima parte del ejército enemigo y aterroriza y quebranta la voluntad de quienes subsisten. La revolución actúa del mismo modo: suprime a personas aisladas y aterroriza a millares. En este aspecto, el terror rojo no se diferencia de una rebelión armada y es su consecuencia".Y el revolucionario ruso también escribió: "La perturbación que el atentado terrorista ocasiona en las propias filas de las masas obreras es mucho más profunda. Si basta armarse de un revólver para conseguir el objetivo, ¿para qué los esfuerzos de la lucha de clases? Si se puede intimidar a altos personajes con el estruendo de una explosión, ¿para qué un partido?". Ironía del destino o no, lo cierto es que Trotsky fue asesinado por un sicario del terrorismo stalinista de Estado.

