Tanto el FMI como el Banco Mundial emiten juicios infundados
¿Qué habrá pasado para que reviertan todas sus evaluaciones y ahora sostengan que “la Argentina aparece con el mayor riesgo crediticio” entre los países emergentes? Salvador Treber.
Argentina viene siendo sistemáticamente maltratada por los voceros de las dos entidades internacionales de crédito. Y sus asambleas, de fines de abril pasado, no han sido una excepción. Esta vez, apuntaron a sostener la supuesta cada vez menor competitividad respecto de nuestros excedentes exportables. Se objetan acerbamente las normas establecidas para acceder a la adquisición de moneda extranjera y las restricciones a ciertas importaciones, y se pone en duda que puedan cubrir la merma causada por el reciente incendio ocurrido en la refinería de petróleo de YPF, localizada en Ensenada, que obligará a elevar el nivel de adquisiciones de combustibles en el exterior. Debido a tales circunstancias, han optado por evaluar con una tasa muy escasa de crecimiento a nuestra economía para 2013 –el Fondo Monetario Internacional (FMI), 2,8 por ciento, y el Banco Mundial (BM), tres por ciento) e incluso la respectiva proyección para 2014. Al mismo tiempo, advierten que esos indicadores "podrían revisarse hacia la baja" debido a lo que denominan "vigencia de tipos de cambio subvaluados" y a una futura "posible declinación" de la "variable consumo", aspecto que, señalan, fue el principal factor expansivo que nos habría beneficiado en los últimos años. Agregan que se operará una sensible disminución en el "viento de cola".En tal sentido, señalan que ven "crecimiento del consumo de forma significativa en Brasil, Chile, Ecuador y México", pero con propensión a "estabilizarse e incluso a declinar en la Argentina", por lo que ha perdido credibilidad para los inversores. La falta de sustento es notoria, pues el 21 de noviembre pasado cuatro de las máximas evaluadoras seleccionaron a 25 países y estimaron la imagen de cada uno en el ámbito financiero. Argentina figuró en el rango 14°, delante de India, China, Corea del Sur, Sudáfrica y México, lo que no es poco.Lo curioso es que tales visiones que exponen los funcionarios de la burocracia internacional no aparecen acompañadas de fundamentos objetivos y sólo surgen como meros pálpitos de los que las dan a conocer. Apelan a expresiones que no aportan ningún elemento diferencial ni facetas negativas. Simplemente dicen que no nos ven "con buenos ojos".Tampoco se comprende el uso de una cita laudatoria sobre Brasil, al que adjudican un importante "crecimiento del consumo", ya que, al mismo tiempo pero en otra parte del informe del FMI, se sostiene que "Argentina y Brasil son los únicos de la región cuya pauta de crecimiento se sitúa por debajo del promedio para todo el bloque" (+3,5 por ciento). Resulta evidente la grosera contradicción en que incurren al referirse, una y otra vez con muy diversos juicios de valor, a las condiciones que priman en el mercado interno de nuestro gran vecino y socio del Mercosur, lo cual resta respetabilidad a todo el trabajo presentado. Inexplicables contrasentidos. La sección del Informe de Estabilidad Financiera que se refiere a América latina también olvida que otro documento similar del mismo FMI, que data de abril de 2011, admitía que el producto bruto por habitante que nos adjudican –reelaborado en sus oficinas especializadas para los 193 miembros adoptando dólares de valor constante– no sólo nos ubica con los mejores indicadores dentro del área, sino que auguran que para 2016 lograremos escalar lo suficiente para exhibir un producto per capita de 21.738 dólares contra 16.060 dólares de 2010 (+35,4 por ciento), muy superior al de Brasil (13,893 dólares) y también de México, que en el mejor de los casos llegaría a 17.389 dólares. ¿Qué habrá pasado para que reviertan todas sus evaluaciones precedentes y ahora sostengan que "la Argentina aparece con el mayor riesgo crediticio" dentro del conjunto de países identificados como "economías emergentes"? Máxime cuando los pagos parciales y cancelaciones de los últimos cinco años han reducido el saldo adeudado en moneda extranjera, por todo concepto, a sólo 20.500 millones de dólares, convirtiéndonos en uno de los países con menos pasivos de esta naturaleza a nivel mundial.Frente a la desembozada advertencia intimidatoria proferida por dos muy altos funcionarios del FMI en el sentido de que adoptar un nuevo índice no será una garantía pues "...no soluciona los problemas que se plantean...", sorprendieron al ministro de Economía, Hernán Lorenzino, en Washington, donde asistía a una reunión del G20, y este se vio obligado a responder prestamente. Recordó que son los países más industrializados los que están penando por "falta de resultados de dichas economías".No sólo eso. También puntualizó que hoy "el crecimiento global es sostenido por los países emergentes", ya que "las políticas de ajuste en los países centrales detienen la recuperación". Sobre la gestión del FMI, señaló que "es imprescindible que se realicen cambios profundos para trabajar sobre su credibilidad" y concluyó diciendo que "el desafío es revertir las viejas recetas poniendo el foco en la creación de fuentes de trabajo, la redistribución del ingreso y la recuperación del consumo". Es obvio que las posiciones son cada vez más antagónicas. El futuro de la confrontación. Dado que la respuesta fue rotunda, una vez más apelaron a los trascendidos y por esa vía redoblaron las amenazas pretendiendo dar una apariencia casi inocente. Tales dichos subrayaron que en el FMI nadie pretende llegar al extremo de tener que expulsar a la Argentina, porque "si pueden evitarlo lo harían, pero si no hay progresos reales en el establecimiento de estadísticas más creíbles, el proceso de sanciones seguirá avanzando". Es que los desencuentros vienen de lejos y en 2006 nuestro país optó por pagarle 9.840 millones de dólares al contado, es decir, el total de la deuda que mantenía con el organismo, de una sola vez. A partir de entonces, el Gobierno nacional rechazó la insistente pretensión de que nos hagan una verificación anual in situ de las cuentas públicas y parece que es lo que no perdonan.Cabe aclarar que esa práctica es habitual para la mayoría de los países, salvo para los dos líderes de los emergentes y los 33 que constituyen el grupo de los que exhiben mayor renta por habitante, pese a las enormes dificultades que muchos de ellos arrastran desde 2007 en adelante.*Profesor de posgrado en Ciencias Económicas de la UNC

