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Sorpresas, en una semana caliente

Habrá que analizar de qué manera impactarán las denuncias de corrupción en el kirchnerismo y si ese efecto se trasladará al resto de la dirigencia política. Eduardo Bocco.

21 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Sorpresas, en una semana caliente

Hoy, el tema que desvela a la política es analizar la dimensión del impacto de los convulsionados sucesos de la semana pasada, que comenzó con la difusión de durísimas denuncias de corrupción contra los Kirchner y se proyectó en una multitudinaria manifestación nacional en rechazo a las políticas del gobierno de la presidenta Cristina Fernández.

Mirar el cacerolazo desde la convocatoria y ningunearlo al decir que hubo menos gente que en noviembre, o ensalzarlo con el argumento de que las plazas se llenaron de antikirchneristas, es minimizar el fenómeno.

Decir que las denuncias se frivolizaron porque ahora aparecen en los programas chimenteros es no mirar el fondo de las cosas.

Todo esto impactará en la política. Los analistas dicen que el primer cimbronazo lo sufrirá el kirchnerismo, pero, si se hurga más en la lata, deberá verse si el golpe se extiende a toda la clase política.

Por el momento, el kirchnerismo cordobés sigue con alguna angustia la evolución de las cosas, porque pone en juego un caudal electoral del orden del 10 por ciento, lo que equivale a un diputado nacional. Llevará como primera candidata a la rectora saliente de la Universidad Nacional, Carolina Scotto. Eso está definido.

También existe definición en el peronismo, ya que Juan Schiaretti estará al tope de la nómina y será secundado por una mujer cuyo nombre todavía no fue resuelto por el principal elector, el gobernador José Manuel de la Sota.

El tercer lugar será seguramente para Carlos Caserio, y para el cuarto se abre el juego: puede concretarse una alianza con el PRO y en ese caso el exárbitro de fútbol Héctor Baldassi inscribiría su nombre en la lista.

En caso contrario, el intendente de San Francisco, Martín Llaryora, también tiene algunas posibilidades, según deslizan desde el entorno del gobernador.

Todo en el aire. El radicalismo no tiene nada resuelto, aunque en la intimidad, los mestristas aseguran que la mejor lista sería: Oscar Aguad, Soledad Carrizo (intendenta de Quilino), Alberto Giménez y Miguel Abella. "Esa es la boleta del consenso", comentan cerca del intendente de Córdoba, Ramón Mestre.

Pero eso, por el momento, no parece demasiado posible. Primero porque hay dirigentes que no se quieren bajar y darán interna: Antonio María Hernández, Dante Rossi y el propio Abella.

Segundo porque, aunque traten de ocultarlo, la relación entre Aguad y Mestre no existe, de modo que el intendente hará nada para sostener la re-reelección del diputado nacional.

“Gestionar la Municipalidad de Córdoba me consume el 98 por ciento de mi tiempo y, además, recién en mayo se sabrá si hay internas en agosto”, dice Mestre al tomar distancia.

En realidad, el intendente tiene serios problemas en estas horas y mañana afrontará un nuevo paro de choferes del transporte urbano. Ahora intenta un imposible: diseñar un sistema alternativo para no dejar a pie a miles de cordobeses. La historia reciente marca que ese tipo de respuestas normalmente acarrean más problemas que ventajas.

Lo cierto es que Aguad sólo cuenta con el respaldo de Aguad y sus detractores le reprochan no jugar demasiado en Córdoba.

La interna radical castiga con mano dura, siempre. Ya hacen fila los dirigentes para impugnar al diputado nacional, que cumple su segundo mandato en la Cámara Baja.

La Carta Orgánica del radicalismo cordobés impide una tercera postulación para el mismo cargo, no así la Carta Orgánica nacional.

“La impugnación se caerá en la Justicia”, machaca Aguad. Y explica que ya hay fallos en los que la Justicia Electoral resolvió que las cartas orgánicas provinciales no pueden contradecir a las cartas orgánicas nacionales, en especial cuando se trata de una elección federal, como la de octubre.

Cita como ejemplo una resolución que favoreció a Mestre cuando fue impugnada su candidatura a senador nacional, ya que era concejal y la Carta Orgánica de la UCR provincial impide a quien tiene un cargo electivo candidatearse a otro cargo electivo. En ese momento, la Justicia convalidó la aspiración del candidato a senador con el argumento de las jurisdicciones.

Por lo pronto, Aguad se entusiasmó al disparar munición gruesa contra De la Sota, lo que a su vez implica diferenciarse del intendente de Córdoba.

“Las denuncias de corrupción de estos días se darían también en alguna provincia mediterránea”, fueron sus palabras. Una manera de diferenciarse y de marcar territorio.

¿Se ha formado una pareja? El juecismo se sacó la modorra el viernes por la noche, cuando nada hacía presumir la llegada de algún golpe de efecto. Es más, al finalizar la semana se acrecentaban las dudas.

El último en resignar aspiraciones fue el concejal Esteban Dómina, cuyo nombre era manejado con perfil bajo por los juecistas. “No seré candidato a diputado y mi relación con el Frente Cívico empieza y termina en el Concejo Deliberante”, explicó el economista.

El viernes por la noche comenzó a escribirse otra historia y no se sabe cómo terminará. Deberá verse si fue una casualidad, una jugada pícara o sólo otra bomba de humo.

La productora de El programa de Fabiana Dal Pra (Cana C) entabló con Juez y Olga Riutort el clásico diálogo del colaborador del anfitrión con las figuras invitadas en los minutos anteriores a la salida al aire.

Ambos iban a participar por separado, pero allí apareció la picardía periodística: “¿Quieren estar juntos?”. La respuesta común no se hizo esperar: “No tenemos problemas”, aunque aclararon que esa presencia conjunta no quiere decir que hayan formado un frente electoral.

Cerca de Riutort evitaron las declaraciones. Su entorno se alineó con lo que había dicho minutos antes la dirigente: “Yo hablo siempre con las personas con las que tengo una relación cordial”.

Operadores juecistas, en tanto, reconocieron que fue el tercer encuentro entre el senador y la exesposa de De la Sota. Durante años, ambos protagonizaron peleas memorables y se los podía rotular como enemigos confesos. Se dijeron de todo, pero, claro, eran otros tiempos. “Todo pasa y con la llegada de Francisco al Vaticano, todos los caminos son posibles”, razonaba con una sonrisa un hombre muy ligado a Juez. Y agregaba que no hay que cerrarle la puerta a nadie.

Parece, en principio, que la reunión fue mero producto de la casualidad. De todos modos, en tiempos de extrema volatilidad, en los que las contradicciones gozan de muy buena salud, sería apresurado vaticinar que todo terminará allí. Hoy, son pocos a quienes la vergüenza los hace poner colorados.