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Sólo falta que traigan a Guillermo Moreno

En Córdoba conviven programas sociales que, en muchos casos, se superponen o son manejados por dos áreas distintas.

01 de junio de 2017 a las 12:41 a. m.
Juan Pablo Quinteros*
Sólo falta que traigan a Guillermo Moreno
Alejandra Vigo. Titular de la Secretaría de Equidad de la Provincia.

Luego del informe del Cippes, un centro de estudios de probada seriedad que puso en evidencia que la pobreza en Córdoba era de las más elevadas del país, el Gobierno Provincial intentó quitar valor a los datos oponiéndoles los análisis de la consultora Idesa; la cual, bueno es recordar, dirige el ministro de Finanzas de Juan Schiaretti, Osvaldo Giordano.

De este modo, desde la consultora oficialista se informó que los cálculos no deberían ser tenidos en cuenta porque la población no declaró sus ingresos, con lo cual tomar una canasta básica para medir pobreza podría estar dando resultados incorrectos.

Pero ¿qué sucede si medimos pobreza por medio de las necesidades básicas insatisfechas (NBI)?  Esta, sin dudas, es una forma de medición de pobreza más acertada y que ayuda a conocer su panorama estructural.

Aquellos que no tienen cubiertas sus necesidades básicas no saldrán de la pobreza en el corto plazo, por más que un subsidio o un trabajo los ayude de forma momentánea a superar la canasta básica total.

Según datos elaborados de la encuesta permanente de hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en Córdoba el 22% –que en cantidad de individuos alcanza al 37% de la población– sufre la NBI 1 o vivienda inconveniente, o sea que moran en habitaciones de inquilinato, hotel o pensión, viviendas no destinadas a fines habitacionales, viviendas precarias.

El 6% de los cordobeses no cubre la NBI 2 o carencias sanitarias. Son aquellos que no poseen retrete. El 21% de la población de la provincia sufre la NBI 3 o hacinamiento; esto quiere decir que viven en hogares donde habitan más de tres personas por habitación destinada a dormir.

Si analizamos la cantidad de habitantes incluidos en alguna necesidad básica insatisfecha, encontramos que el 45,12% de la población de Córdoba está en condición de pobreza estructural. Pobreza que el Gobierno provincial, con 18 años en el poder y con 6.300 millones de pesos al año de fondos destinados a paliarla, debería haber atenuado. Pero la mala focalización y los altos niveles de burocracia hicieron que la población se encuentre en una situación cada vez peor.

En Córdoba conviven programas sociales que, en muchos casos, se superponen o son manejados por dos áreas distintas, como el Ministerio de Desarrollo Social y la Secretaría de Equidad y Promoción de Empleo.

Este efecto lo podemos denominar como “manguera pinchada”. Es decir, sale un caudal importante (casi el doble del gasto de Rosario), pero al llegar al final del recorrido no se observa resultado en el mismo nivel, toda vez que es evidente que en el camino existen “pinchaduras” que hacen que lo que sale del Presupuesto provincial no llegue a quien lo necesita.

Claramente, hay un desconocimiento o intenciones de desconocer la realidad. Cuando los datos sobre Córdoba son malos, el Gobierno intenta solucionarlo creando datos nuevos.

En otras palabras, Schiaretti hace kirchnerismo tardío. Si los datos no gustan, crea los propios; solamente faltaría designar como funcionario provincial a un verdadero profesional del ocultamiento y la mentira: Guillermo Moreno.

Ocultar la información real sólo va a generar un Indec cordobés –con dinero de los bolsillos de los cordobeses–, cuando los datos que utiliza el Indec son provistos por la Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia. ¿O eso también lo van a negar?

Al no querer ver, la focalización de los fondos va a ser incorrecta. En Córdoba, como se dijo, hay al menos 24 programas sociales diferentes, lo cual genera una multiplicidad de agentes que realizan funciones similares. Eso explica en parte por qué el dinero no les llega a quienes son sus destinatarios.

La otra parte que explica por qué los 6.300 millones de pesos anuales destinados a asistencia social no alcanzan es, ciertamente, la multimillonaria pauta publicitaria destinada a darle viabilidad a una estructura monumental, destinada a este fin, como lo es el “Ministerio de Desarrollo Social paralelo” llamado Secretaría de Equidad y Promoción del Empleo.

Llega a tal extremo el paralelismo que el programa Banco de la Gente figura como dependiente de ambas reparticiones del Gobierno.

Cuando dejemos de pagar las mentiras, las campañas futuras y se reconozcan los errores cometidos, tal vez Córdoba dejará de tener los peores índices de pobreza del país.

* Legislador provincial, 
Frente Cívico