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Sobre el atentado a la mutual judía y la posición del Gobierno

Es indudable que la Argentina concurre con una posición de debilidad ante un atentado y acepta de su principal sospechoso condiciones sumamente favorables para que este sea absuelto en su responsabilidad frente al mundo. Juan Manuel Ibarguren.

24 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
Juan Manuel Ibarguren*
Sobre el atentado a la mutual judía y la posición del Gobierno

El transcurrir de los acontecimientos y los últimos datos que salieron a la luz sobre el acuerdo con Irán –que tiene más de dos años de gestación en una absoluta oscuridad para los afectados, como los familiares y víctimas– evidencian una vez más la relatividad moral, ética, política y, en particular, ideológica que caracteriza al Gobierno nacional. Es indudable que la Argentina concurre con una posición de debilidad ante un atentado y acepta de su principal sospechoso condiciones sumamente favorables para que este sea absuelto en su responsabilidad legal, política y moral frente al mundo.La tesis sobre la necesidad de hacer avanzar la causa a como dé lugar –incluso otorgando estas inexplicables concesiones– guarda, sí, una lógica que caracteriza y ha caracterizado al kirchnerismo a lo largo del tiempo. Esta se sustenta en que los hechos de corrupción, o cualquier causa que surge, se resuelven de manera expedita en el Poder Judicial en juzgados de dudosa imparcialidad o transparencia, como el del famoso y célebre juez Norberto Oyarbide, donde recae por sorteo la mayoría de las causas del Gobierno y sus funcionarios sospechados. En una burda maniobra, con los costos de exponer una vez más a la Argentina en situaciones que sólo promueven la falta de respeto a nuestras posiciones en materia de política internacional, este Gobierno pretende darle el estatus de tratado intencional a un memorando que es inconsistente e híbrido –al que hace transitar a partir de sus mayorías circunstanciales en ambas cámaras del Poder Legislativo– para lograr la tan mencionada búsqueda de la verdad. Verdad que, por otro lado, merecemos y debemos exigir como ciudadanos; que nos den explicaciones sobre las verdaderos motivos para abordar de manera tan temeraria y grosera semejante causa que cala tan hondo no sólo en la numerosa comunidad judía sino en la mayoría del pueblo argentino. Deberíamos preguntarnos y fundamentalmente preguntar: ¿Cuáles son las urgencias que tiene el Gobierno para arreglar con Irán? ¿La crisis energética, la falta de divisas, la inflación, el agotamiento del modelo económico, las puertas que se cierran para la Argentina en el mundo a partir de los disparates de la Presidenta y de su canciller? ¿O una profunda y contundente ideología que trasciende el campo de las ideas políticas y no es de izquierda ni de derecha, sino mantener el poder sin importar cómo y ejercerlo de manera cada vez más autoritaria?La respuesta no la tendremos, seguro. Pero es muy posible que se nos pretenda hacer creer que estamos una vez más ante una decisión épica, heroica y singular. De la misma manera que nos pretenden convencer de que antes pagar la deuda era traición a la patria y ahora pagarla al contado sin que te lo exijan es épico, o de que el sistema tributario instaurado en el menemismo era regresivo y también ahora es regresivo, más regresivo, pero progresista y épico.En síntesis, la Argentina merece un cambio, pero a ese cambio lo debemos empezar a gestar todos, no sólo los dirigentes que han sido sobrepasados por la realidad.

*Licenciado en Economía y magíster en Administración de Servicios de Salud, UCC