Sindicatos, salarios, competitividad y Ganancias
Los sindicatos representativos han demostrado hasta el cansancio que saben situarse en la intersección de las tres rutas: del mercado, de la sociedad y de la clase. Lucio Garzón.
Hace pocos días, el presidente de la central industrial de San Pablo señaló como prioridad para empresarios argentinos y brasileños garantizar mayor competitividad, indispensable para reducir costos que los descolocan ante el mundo. Para los nacionales se trataría, entre otras medidas, de atenuar futuros incrementos salariales.Los empresarios argentinos, los muy influyentes, con esa dirección ya estarían proponiendo una doble presión: a) acelerar la negociación por los umbrales de Ganancias y b) uniforme rigidez en las próximas paritarias 2013.Se trataría de convencer al Gobierno nacional de que modifique el Impuesto a las Ganancias, mientras las empresas, por su parte, unificarían una propuesta de aumentos nunca superiores al 18 o 20 por ciento.Al modificarse el umbral de Ganancias, se anunciarían aumentos atenuados, tomando en cuenta la incidencia que ese impuesto tiene en las retenciones de los ingresos.Los empresarios parecen ilusionarse –una vez más, y van...– con viabilizar un acuerdo intersectorial de cúpulas, a la española, superando las divisiones sindicales que lo dificultarían. No condicionar los reclamos. Los dirigentes sindicales, por su parte, saben bien que cuando los empresarios piden acuerdos de cúpula intersectorial, la razón es la existencia de una relación de fuerzas desfavorable a las empresas. Los sindicatos, sobre todo aquellos de la actividad privada, no ven con buenos ojos la condicionada atenuación salarial, menos aún las atadas a la negociación por Ganancias. Esto se acentúa con la pentagonal división de conglomerados que, al margen de las proporciones, suponen excesiva diversidad de propuestas.Incluso el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio de Mendiguren, ha declarado de manera reiterada que las divisiones dificultan las negociaciones, al acrecentar aspiraciones. Pese a ello, las gestiones continúan.Con cierto exceso de voluntarismo, hay sindicatos que considerarían de manera formal, aunque alejados de la práctica verdadera, que, frente a las dificultades, deben ser pacientes, que debe esperarse a febrero para lograr actualizar los umbrales de Ganancias y, llegado el caso, promover atenuados pedidos salariales. Otros, los más numerosos, en cambio, incluso aquellos con vocación "dialoguista", no aceptan condicionar los futuros reclamos salariales.El analista norteamericano Charles Wright Mills, allá por 1948 (mucho antes de Augusto Timoteo Vandor, hoy de moda), decía: "La función de un líder sindical es la de ser el mánager de la discordia, que luego de organizarla, debe sentarse encima, sacándole el máximo provecho, para de esa manera asegurar la perennidad de la organización...". Gerentes del conflicto. Cualquiera sea su adscripción, clase, sociedad o mercado, los dirigentes son gerentes del conflicto y siempre deben anticiparse al mal humor de los trabajadores. "Los líderes exitosos son los que anticipan la cólera de sus afiliados y conocen los límites de la solidaridad, explotando a la primera y estirando a esta última", afirma Peter Swenson. Con estos paradigmas, practicados por todos, y con una inflación de dos dígitos, no será fácil suponer que la reducción de costos puede hacerse sobre la base de ingresos atenuados, a cambio de la negociación por Ganancias.Sería preferible que los industriales piensen en reducir exuberantes salarios de sus ejecutivos y aumenten inversiones, sin olvidarse de que casi la mitad de los trabajadores declarados no son "clase media" sino "trabajadores pobres".Aun con la geometría de la ideología sindical intrincada, la mayoría de nuestros sindicatos se expresan con credibilidad, parámetros y funciones que harían impensable una negociación a la baja, cuando hay alta inflación y en un año electoral.Los sindicatos representativos han demostrado hasta el cansancio que saben situarse en la intersección de las tres rutas: del mercado, de la sociedad y de la clase.Ellos conocen la sociedad compleja y el mercado imperfecto; saben también que los intereses y las identidades colectivas que defienden los obligan a ser, por sobre todas las cosas, agentes eficientes de la negociación, en el mercado y en la prestación de servicios, gestores, y no mediadores, como parte indispensable del país.Las identidades y las ideologías nunca son absolutas; se entremezclan y se sitúan, hoy principalmente, entre la sociedad y el mercado.La "madurez de mentalidad" de los sindicatos argentinos y los medios a su alcance les permite percibir e instrumentar la necesidad real de sus trabajadores.En buen romance, la puja salarial será, como siempre, sin mesa de concertación nacional de las cúpulas. Como en años anteriores, se sincerarán variables a nivel de industria o actividad y se preverán los reales incrementos, sin crear falsas expectativas. Lo demás es pura ilusión.El dinamismo de identidades y de ideologías siempre va junto con las circunstancias materiales que son las decisivas.

