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Sin balotaje

Néstor Kirchner, sabiéndose perdedor, no será candidato ni tampoco Cristina. Gustavo Viramonte.

15 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Gustavo Viramonte (Abogado)
Sin balotaje

El matrimonio gobernante, ejerciendo una suerte de condominio presidencial, ha encontrado en él la mejor herramienta para eludir los escollos constitucionales que limitan la reelección indefinida de los presidentes, de modo tal que, sin incurrir en ninguna transgresión legal, uno y otro pueden sucederse de manera indefinida. Para que ello ocurra, no es suficiente tener la posibilidad legal, sino que es necesario, además, contar con el voto popular que la convalide. Si bien está fuera de discusión que cualquiera de los cónyuges tiene la posibilidad legal de ser candidato a presidente en 2011, no ocurre lo mismo respecto a si el voto popular acompañará esta hipótesis. Este punto es el que genera el mayor debate político y periodístico de las últimas semanas, debate que, casi sin excepción, parte de suponer que la opinión pública está dividida en tercios que se adjudican, casi por iguales, al peronismo federal, al panradicalismo y al oficialismo.Con este esquema, fácil es deducir que ninguna de las fuerzas que compitan por la presidencia en 2011 logrará imponerse en la primera vuelta electoral, por lo que la incógnita a dilucidar es quiénes resultan ser primero y segundo en cantidad de votos, para saber quiénes competirán en la segunda vuelta. Esta forma de analizar la realidad constituye un gran éxito del Gobierno, que, al instalar el debate, logra mantener la idea de que existe alguna posibilidad de ser reelegido, lo que sin duda le permite evitar el "síndrome del pato rengo" que padece todo gobierno que se va. Nulas posibilidades. Al analizar el mapa electoral a la luz de las últimas elecciones, por una cuestión de números el oficialismo no tiene ninguna posibilidad de ir a un balotaje. Basta sólo con pensar que en 2007, en el mejor momento de popularidad de los K, sólo lograron 44 por ciento de los votos, la más pobre performance desde 1983, con excepción del caso atípico de 2003. Desde 1983, la historia enseña que en la Argentina, las elecciones presidenciales se resuelven en primera vuelta. Tanto Raúl Alfonsín como Carlos Menem y Fernando de la Rúa fueron elegidos por más del 50 por ciento. El modo de elección del presidente a partir de la reforma constitucional de 1994 hace suponer que el año que viene se repetirá la historia y todo se definirá en primera vuelta.Néstor Kirchner, sabiéndose perdedor, no será candidato ni tampoco lo será ella. Por ello, el sector progresista que lo sigue se encolumnará mayoritariamente en la propuesta del panradicalismo, que disputará las elecciones en contra del peronismo federal que parece representar al electorado de derecha o centroderecha y que propone un programa de gobierno más moderno y acorde con los que tienen los países exitosos de la región (Brasil, Perú, Chile, Colombia y Uruguay), en contraste con Cuba, Venezuela y Nicaragua.La escasa adhesión que ha recibido la propuesta kirchnerista en los distritos más importantes (Capital Federal, Santa Fe, Córdoba, y Mendoza), donde no logró llegar al 10 por ciento, sumada a la derrota a manos de Francisco de Narváez en el conurbano de Buenos Aires, es un escollo insalvable. De igual manera, y visto lo mal que nos ha ido con este gobierno "progre" y su talante confrontativo que nos mantiene crispados, es fácil sospechar que los votos favorecerán a quien proponga la moderación, el respeto del ciudadano y de sus derechos y que no manipule con una visión sesgada los derechos humanos, cuya plena vigencia todos anhelamos. Es decir, aquel que deje de mirar al pasado que nos divide y proponga un futuro de bienestar y progreso, con políticas de Estado serias y consistentes, alejadas del populismo trasnochado.