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Siempre fue el mismo

Entraba todos los sábados en la librería, aire discreto, con su infaltable portafolios, en donde sus apuntes y recortes compartían espacio con las ediciones de cada día de La Voz del Interior y La Nación. Rubén Goldberg.

25 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Rubén Goldberg (Librero y periodista)
Siempre fue el mismo

–¿Novedades, Rubén? –La más reciente es muy triste, "Gali". Entraba todos los sábados en la librería, aire discreto, con su infaltable portafolios, en donde sus apuntes y recortes compartían espacio con las ediciones de cada día de La Voz del Interior y La Nación, hacía una revisión de los anaqueles para mantener actualizada su bibliografía de consulta y esa frecuentación de autores y títulos solía ser el temario de las conversaciones de cada fin de semana en El Quijote. Su recta fue su trayectoria moral e intelectual; también lo fue esa inquietud de perfeccionamiento, enriquecida en la mítica librería Paideia, la sede semanal de mayor altura intelectual y política de la segunda mitad del siglo 20 en la ciudad de Córdoba, donde renovaba diálogos creativos con "Pancho" Aricó, "el Negro" Tula, Oscar del Barco, Héctor "Toto" Schmucler, Abraham Kozak y que continuó en Rubén Libros, creada con la voluntad de ser la continuidad en el tiempo del inolvidable foro abierto por Bernardo Nagelkop, con otras voces, como Daniel Salzano, Juan Marguch, Jorge "Tano" Sappia, "Cuqui" Ciaravino, y tantos otros de ese ayer y de hoy. Sus viajes a Europa completaban esa actitud de permanente aprendizaje, que incluía encuentros con amistades del destierro y con personalidades como Norberto Bobbio, a quien frecuentó en Turín.Su temple sereno sólo parecía cobrar vehemencia cuando la conversación abordaba temas que le producían lo que en términos bíblicos se denomina "la furia de los justos", como la injusticia, la insensibilidad social, el autoritarismo.Siempre fue el mismo, desde el ingreso en la juventud hasta su inesperado ingreso en el misterio; desde sus años de militancia estudiantil hasta su alta madurez intelectual, que enriqueció con su oficio de reflexión. Hizo de su vida un testimonio de coherencia, de irrenunciable compromiso en la lucha contra la inequidad y de inquebrantable esperanza de un mundo mejor, norte de su obra. Fue un romántico –no es fácil serlo en Córdoba–, un melancólico.La novedad, "Gali", es que el sábado próximo ya no vendrás a la librería. Será triste, pero tiene una enorme compensación, porque ya has entrado definitivamente en nuestra memoria, que es como decir que has ingresado definitivamente en nuestro corazón.