El sentido común
El sentido común es un artículo que se obtiene en todo el mundo. No tiene contraindicaciones, pero tampoco trae instrucciones. Arnaldo Pérez Wat.
Si alguien nos dice que en el comedor de la casa hay una oveja, nos reímos. Si insiste y nos fijamos y resulta cierto, nos alteramos, pero no dudamos de nuestros sentidos. En cambio, los filósofos dirán que nunca las cosas son como las vemos y tienen razón, pero complican todo. Desde Santo Tomás hasta hoy, eminencias como Alan R. White, que concibe el sentido común como una creencia universal, se han ocupado del tema. George Moore habla de un realismo común. La "escuela escocesa" lo estudia con mucho sentido común, cosa rara en los filósofos. Pero en el otro extremo, la falta de sentido común llega a un solipsismo exagerado. El que se pasó fue Richard von Schubert-Soldern, quien afirmó que todo objeto existe en cuanto es contenido de conciencia. Así, él es el único que existe; todo lo demás son representaciones suyas, porque está solo en el mundo. Le objetamos que, entonces, para qué paga los impuestos. Responde que sueña que los paga, pero que no existen. Si le pegamos un patadón, dirá que se está representando un golpe. Feliz de él, aunque después modificó en parte su posición. De qué se trata. Volviendo al otro extremo, o a la tierra, puede definirse el sentido común como el criterio que consiste en la aceptación general de las cosas que son universales, constantes y verdaderas. Sin embargo, según "los gallegos", para los argentinos debe definirse como un sentido del cual uno tiene mucho y no se puede explicar por qué los otros tienen tan poco. Pero la verdad es que en nuestro país existe un refugio para el sentido común: los bares, donde los amigos se reúnen a charlar, pese a los Wi-Fi, celulares y otras hierbas. Aquí existe una comunicación humana con sentido, en la que la palabra es mitad del que habla y mitad del que escucha. Con la tecnología, se han multiplicado las fuentes retransmisoras en las que uno solo habla y millones escuchan; es una maravillosa posibilidad de ejercer el sentido común, pues el comunicador habla para el común de la gente. Siempre, claro está, existe el peligro de que la avalancha de piedras toscas (palabras), técnicamente el ruido, pueda oscurecer el sentido de la comunicación, ocultando el oro que trae la piedra auténtica. La forma de inteligencia menos común es el sentido común. El científico tiene a veces poco de este sentido, pero está disculpado porque raya en las alturas. Una señora que tenía una tienda le pidió a su marido, un científico, que le hiciera un aviso para anunciar cierta tolerancia en el horario. Él colocó en el cartel: "Señores turistas: la casa permanecerá abierta hasta media hora después de cerrar".El sentido común pisa la tierra, le falta imaginación; y cuando la imaginación vuela, le falta sentido común. Por eso, los colosos del arte y de la literatura se alejan de lo común y ello se trasunta en su conducta. Le preguntaron cierta vez a Mstislav Rostropovich, director de la Orquesta Nacional de Estados Unidos, si era verdad que se había casado con su mujer, la soprano Galina Vishnevskaya, a los cuatro días de haberla conocido: "Sí, desgraciadamente es verdad, ¡perdí cuatro días!".El mundo sigue andando porque existe el sentido común. Verbigracia: un sujeto sale por el zaguán en la penumbra y sin mirar pisa la vereda que está a sus pies. Algún día puede no estar ese piso y haber un abismo, pero él tiene su creencia de que eso no es lo común. El ejemplo es de José Ortega y Gasset, para definir su concepto de creencia, que filosóficamente está muy cercano al que nos ocupa, y sin el cual –afirma– no se podría vivir. El sentido común es un artículo que se obtiene en todo el mundo. No tiene contraindicaciones, pero tampoco trae instrucciones. Se utiliza y a otra cosa, porque el que lo posee ya sabe como usarlo. Así, su correcta aplicación puede ocasionar un divorcio, pero también puede evitar un casamiento.

