Sentido común y bien común
Una nación es como una gran familia donde debe aplicarse el sentido común para lograr el bien común o bienestar general de toda una comunidad.
Cuando tambalea la credibilidad, tambalean las instituciones, tambalea la división de poderes y, por ende, tambalea la democracia, que es la esencia de una república.
La confianza es la base de la convivencia en paz y con armonía. Esto sucede en cualquier familia y es el cimiento que posibilita un crecimiento duradero y fructífero con sustento en el respeto y la tolerancia.
Una nación es como una gran familia donde debe aplicarse el sentido común para lograr el bien común o bienestar general de toda una comunidad, lo cual debe ser siempre el objetivo y meta principal de cualquier buen gobernante que se precie de tal.
Se debe gobernar para todos y para el partido que representa. Si hacemos un parangón con el fútbol, se puede ser de Boca, de River o de cualquier otro equipo, pero cuando se llega al gobierno se debe ser de la selección argentina, aunque recordando siempre que una república es mucho más que un partido de fútbol y que si se gana o se pierde no se debe generar odio y resentimiento.
El deporte nacional deberían ser la honestidad, el mérito, la educación, el cumplimiento de la palabra, la estabilidad económica, la salud, la seguridad personal y jurídica y la independencia del Poder Judicial haciendo cumplir la Constitución nacional, en cuanto todos somos iguales ante la ley y desterrar para siempre la impunidad y la corrupción.
La inseguridad que nos encierra y nos convierte en presos de nuestra libertad y a los delincuentes en amos de nuestra vida, nos obliga a cambiar nuestros hábitos y menoscaba nuestros derechos. Los jueces deben tener siempre en cuenta que el derecho del delincuente no puede estar nunca por encima del de la víctima, ya que esta no provocó el delito, sino que lo padeció.
Sólo un verdadero estadista con sentido común y pensando en el bien común puede restablecer una verdadera república con valores éticos y morales, donde la libertad sea lo más importante, como lo sostenía John Fitzgerald Kennedy cuando asumió como presidente de los Estados Unidos, en un extenso y memorable discurso que quedó en la historia como ejemplo de valores y verdadero estadista.
Entre sus conceptos más significativos y relevantes, aparte de enfatizar que la libertad es un bien supremo e indispensable en la vida de un pueblo y que no se puede cercenar bajo ningún concepto o excusa, uno de sus más recordados es: “No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país”.
Somos ciudadanos de un país, no esclavos ni súbditos. Nuestros gobernantes son mandatarios y el mandato que les otorgamos es que gobiernen para todos sin distinciones, con honestidad y sobre todo con sentido común, para alcanzar el objetivo principal, que es el bienestar general o bien común.
* Abogado; exjuez de Paz de Villa Allende

