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Una semana que dividirá las aguas

Los miembros de la Corte, excepto Eugenio Zaffaroni, y los jueces y fiscales que no reportan políticamente al kirchnerismo, deben ser considerados enemigos del proyecto.

16 de junio de 2013 a las 02:44 p. m.
Carlos Sacchetto
Una semana que dividirá las aguas

Si la tragedia ferroviaria de Castelar, donde murieron tres personas y otras 315 resultaron heridas, provocó en la presidenta Cristina Fernández dolor “y un poquito de bronca e impo­tencia”, las noticias que le ­llegan desde la Justicia le deben causar simplemente indignación.

En pocas horas más, el ­núcleo de la reforma judicial 
–que es la elección popular con listas partidarias de los representantes de jueces, abogados y académicos, para integrar el Consejo de la Magistratura, que ella impulsó con tanta pasión– será declarado inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia.

Inmediatamente después, el máximo tribunal se abocará a definir la validez o no de los artículos de la ley de medios cuestionados por el Grupo Clarín. La Corte, que recibirá mañana de manera formal el voluminoso expediente enviado por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial, también quiere cerrar esa cuestión antes de que se inicie la campaña para las legislativas.

De lejos. La intención de los supremos es mantenerse alejados de la confrontación político-electoral entre Gobierno y oposición, y entienden que el modo de hacerlo es no involucrarse como factor determinante en esa disputa. Saben que con esa actitud cumplen con la función que les asigna la Constitución, y protegen su prestigio. Pero la importancia y gravitación de aquellos fallos pendientes, sin embargo, no les garantiza que la sociedad los vea como prescindentes.

A instancias de la Presidenta, que se siente cabeza de una revolución destinada a cambiar el régimen institu­cional de la República, el Gobierno bajó claras instrucciones a su aparato propagandístico. Los miembros de la Corte, excepto Eugenio Zaffaroni, y todos los jueces y fiscales que no reportan políticamente al kirchnerismo, deben ser considerados enemigos del proyecto con intenciones conspirativas y destituyentes.

No resulta difícil imaginar, entonces, qué se dirá del máximo tribunal si sus fallos van en otra dirección que los deseos presidenciales. “Lo importante no es tanto lo que se diga, sino lo que se haga”, reflexionó una fuente de jerarquía en el cuarto piso de Tribunales. Con eso apuntó a que el Gobierno estaría explorando la posibilidad de aumentar otra vez el número de miembros de la Corte para neutralizar el pensamiento de la actual integración.

El verdadero problema del Gobierno, sin embargo, parece ser el escaso tiempo del que dispone para acomodar las cosas a su medida.

Fuera del exitismo que caracteriza al discurso oficial, en la Casa Rosada analizan con verdadera preocupación los datos que entregan los encuestadores. Allí se observa que el oficialismo no logra revertir la tendencia descendente que se instaló desde finales del año pasado. El jueves, a 
los funcionarios que siguen de cerca las oscilaciones de la imagen presidencial los ganó el abatimiento. Intuyen que el choque de trenes en Castelar tendrá un efecto devastador y ya se ordenaron nuevos sondeos de opinión para dimensionar el golpe.

El cierre de las alianzas electorales estuvo dentro de lo previsible, pero una de las claves necesarias para especular sobre lo que ocurrirá en las urnas se tendrá el próximo sábado, cuando cada fuerza entregue las listas de candidatos. Cristina ha dispuesto que hasta último momento se mantenga la incógnita sobre los nombres que la representarán en las boletas del oficialismo, pero es curioso que un gobierno que se muestra poderoso y capaz de movilizar multitudes no haya definido aún sus principales candidatos.

Interrogantes. Tanto el Gobierno como las fuerzas opositoras le asignan al intendente de Tigre, Sergio Massa, un rol sustancial en el pintado del mapa electoral para la provincia de Buenos Aires. Ese distrito es, en realidad, el que define cualquier elección, porque alberga a casi el 40 por ciento de los empadronados del país.

A Massa, que no podrá incluir sus candidatos en la lista oficialista porque inscribió su propia fuerza, se lo disputan todos. Desde el kirchnerismo al PRO de Mauricio Macri, pasando por el peronismo disidente. Hasta el sábado, será la estrella del firmamento político. No se sabe cómo jugará él ni cuáles son en realidad sus aspiraciones. Tal vez candidato a gobernador bonaerense en 2015 o quizá a Presidente de la Nación.

Su imagen es elevada en su distrito, pero hacia el interior del país su popularidad se diluye. Una importante personalidad ligada al peronismo no kirchnerista definió a Massa sin piedad: “Es joven, simpático y con condiciones para la gestión. Pero fue él quien incorporó a Amado Boudou, a Diego Bossio y a tantos otros. Son de los suyos”.