¿Se mueren los libros?
Los destacados sucesos culturales que se generan en torno de las ferias del libro muestran que este no sólo resiste, sino que crece.
En el marco del debate de ideas que sin dudas se producirá en la Feria del Libro de Córdoba, es probable que se plantee la continuidad o no de la vigencia del libro en las próximas décadas. Hay quienes incluso plantean como problema su supervivencia misma, al menos en su formato papel. El avance arrollador de la televisión, de la imagen y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) lleva a muchos a pensar en una caída inevitable de los libros. Se dice que más de la mitad de los argentinos no leen ni siquiera un libro por año.¿Es verdad que se lee menos que nunca? ¿El "formato" libro carece de futuro?¿Reconocer que este es uno entre otros medios que dan acceso a la lectura y a la cultura significa limitar su importancia? ¿Las nuevas tecnologías acabarán con el libro?Los destacados sucesos culturales que se generan en torno de las ferias del libro muestran que este no sólo resiste, sino que crece. Quienes consideran que tales eventos son de interés exclusivo de círculos literarios restringidos presentan la problemática de la ampliación del público consumidor.Este demanda libros que sirvan para la vida, que ayuden a las personas a situarse en sus espacios y en su época. El deseo de leer se produce cuando el libro nos habla sobre algo que nos interesa, porque puede contribuir a comprender mejor nuestras vidas. No se trata de que necesariamente refieran a temas actuales. Pueden tratar temas históricos o ficticios e imaginarios, pero lo importante es que aporten a descifrar nuestra realidad y a ubicarnos mejor en ella. Quienes participan en la vida cultural, quienes frecuentan más los cines y los teatros, son los que más libros leen. ¿Cómo ampliar las lecturas y los libros hacia un mayor público? Esta problemática remite a varios ejes, pero en lo que a nosotros refiere, nos interesa la educación.¿Cómo nos relacionamos con los libros?Hay una cuestión fundamental que refiere a las relaciones que tenemos con los textos en nuestros procesos educativos. Si estas son de mera reproducción –es decir, repetir lo que dicen cuando somos evaluados–, la lectura se vuelve tediosa y vamos perdiendo el interés. Pero si se los ubica de manera que sean un recurso para producir cultura y se genera una relación interactiva con los libros, el interés por la lectura puede crecer.El modo fragmentado en que se transmite el conocimiento, en materias con contenidos fijos y estancos, no permite ver las relaciones entre los distintos temas. Y si no se ven las relaciones, es difícil aprender a pensar. Porque pensar es, entre otras cosas, poder construir relaciones entre diferentes temas.Parece que cada vez es más difícil pensar por uno mismo. Y entonces nos volvemos meros reproductores de los discursos predominantes. Cuando se tienen dificultades para pensar, también se tienen dificultades para leer, porque no se comprenden los mensajes y el interés decae. Tienen impedimentos para leer no sólo quienes son analfabetos, sino aquellos que no están atraídos, porque al no poder pensar, no llegan a comprender.Si la calidad de la educación mejora y superamos la mera reproducción en la enseñanza, el libro seguirá aportando a la cultura. Si la fragmentación del conocimiento se supera en la cuestión pedagógica fundamental –que son los modos de transmisión–, los libros tendrán un valor cada vez mayor, como herramienta para promover el aprender a pensar, el aprender a aprender. * Rector fundador de la Escuela Nueva Juan Mantovani, titular de la cátedra de Pedagogía (UNC)

