Día de la Mujer: se hace camino al andar
El lograr una vida libre de violencia es una tarea ineludible a la que debemos sumarnos hoy. Graciela Ruiz.
Las mujeres logramos hoy hacer públicas las violencias que sufrimos y la vulneración de nuestros derechos. Nos movilizamos y organizamos, conformamos redes que nos fortalecen, construimos tramas que nos abrigan y contienen en la marcha y nos recuerdan día a día que no estamos solas. Todavía algunas mujeres miran pasar estas conquistas y no pueden sumarse; otras, se asoman con timidez y emprenden la marcha que notables y anónimas luchadoras nos animan a seguir desde el fondo de la historia, como aquellas trabajadoras textiles asesinadas en Nueva York por reclamar sus derechos laborales. Lo que falta. Los accesos al poder, a la propiedad, a la igualdad laboral, a la seguridad alimentaria, a la salud sexual y reproductiva, a una vida libre de violencias, son algunos de los derechos que muchas mujeres aún no han podido ejercer. En todos los rincones del poder político, económico y social, por acá y por allá, en las bancas, en los bancos, en las presidencias de los países, en la dirección de las empresas, poblando por millones las universidades, liderando los espacios de la redes sociales, investigando, creando, inventando, reparando, liderando, pariendo… estamos las mujeres.Los logros son muchos, pero la carga no se aliviana: todos los espacios son nuestros o pueden serlo, con las obligaciones de no descuidar la casa, los hijos, la apariencia, de cumplir al pie de la letra las pautas culturales que aprendimos de pequeñas y aún reproducimos. Y, por si esto fuera poco, rindiendo exámenes de capacidad en forma permanente.Las leyes que supimos conseguir nos van marcando sendas, pero no pueden por sí mismas cambiar las pautas en la sociedad, que sigue permeable a las violencias contra las mujeres y las niñas, que aún consiente y hasta promueve la "supremacía" de lo masculino sobre lo femenino; que facilita, con "el no te metas, es un tema privado", aberrantes violaciones a los derechos humanos de más de la mitad de la humanidad. La distinción entre lo público y lo privado (reducido a una dimensión casi exclusivamente doméstica) justificó la exclusión de las mujeres de los espacios de decisión. Y en la reclusión de las cuatro paredes, potenció nuestra vulnerabilidad ante la violencia de los hombres. Cambio de paradigmas. Las desigualdades entre varones y mujeres se han naturalizado a lo largo de la historia, con mandatos e imperativos que se hicieron pilares en las sociedades. Pero la voluntad de las mujeres, hacedoras de vida, trabaja en forma incansable y creativa para construir ese mandato de manera firme, transformadora, con inclusión.Para lograr la equidad de género, es necesario un cambio de paradigmas. La educación, indispensable herramienta para la transformación cultural, es uno de los caminos por los que debemos transitar. La confluencia de esfuerzos de los organismos gubernamentales y no gubernamentales en la construcción de los nuevos paradigmas es una tarea a la que estamos convocados todas y todos. Una familia mejor, una comunidad mejor, una nación mejor, un mundo mejor, sólo serán posibles a través del respeto mutuo que debe implicar necesariamente el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de las niñas. El lograr una vida libre de violencias es una tarea ineludible a la que debemos sumarnos hoy.
*Presidenta del Consejo Provincial de la Mujer, Córdoba.

