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Schiaretti gana tiempo

En su repunte entre los cordobeses, Schiaretti ganó más en su propio pago que en el escenario nacional al que aspira. Ese triunfo pasajero tiene un nombre valioso: tiempo. Sergio Suppo.

12 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Schiaretti gana tiempo

"¿Cómo sabemos que Cristina seguirá tan arriba como venía hasta ahora?", preguntó un ministro de Juan Schiaretti entre la tarde y la noche del viernes, entre el discurso de la Presidenta y la cuarta muerte en Villa Soldati. Agua para su molino. Ese funcionario insiste hace meses en la naturaleza cambiante e inasible que tiene la política argentina a partir de la muerte de Néstor Kirchner.Desde Buenos Aires, aterrizaron en el resto de la Argentina las inesperadas imágenes que construyen el primer grave error de la Presidenta luego de la muerte de su esposo.El retiro de la Policía Federal que permitió el choque directo entre ocupantes de un parque y los vecinos de Villa Soldati y multiplicó la muerte y la locura es un signo de torpeza que encendió todas las alarmas.La tragedia también pudo pasar por Córdoba, donde las usurpaciones fueron un dato lacerante durante un par de semanas. Pero a Schiaretti le fue mejor y lo resolvió de manual. Desalojó a la madrugada y sin heridos; y negoció con los grupos que usurparon una tregua, a cambio de promesas.La catástrofe de la fractura social y la inacción del Estado encontraron al gobernador en el camino del acercamiento a Cristina Fernández.¿Quién lo ha visto y quién lo ve? Cuatro años atrás asumía prometiendo la transparencia electoral que no había existido en los comicios que lo llevaron a la gobernación. Pasaron apenas 18 meses desde que comandó al peronismo a su peor derrota estando en el poder, tercero detrás del juecismo y el radicalismo.Juan Schiaretti celebró el viernes su tercer año en la gobernación parado en la mejor consideración social desde que sucedió a José Manuel de la Sota. Su imagen positiva nunca fue tan alta como hoy, coinciden las encuestas de todos los pelajes. Trampolín progresista. Jamás, como ahora, el gobernador pensó con más seriedad en saltar desde el trampolín cordobés convertido en el principal representante del PJ cordobés. Si lo logra, será noticia: desde 1985 (un cuarto de siglo), el único peronista que se proyectó desde Córdoba es De la Sota. No es una pirueta fácil, pero hoy es una pirueta posible en la sorprendente Argentina sin Kirchner: el peronista que gobierna la provincia con más importancia de todas las que se opusieron al kirchnerismo cuenta ahora como una posibilidad ser compañero de fórmula de la presidenta Cristina Fernández, o de Daniel Scioli si, como les gustaría a los oficialistas cordobeses, el gobernador de Buenos Aires toma la posta de la viuda en la carrera electoral de 2011.La conversión no será completa, prometen. "Si vamos en una fórmula con el kirchnerismo, será porque lo haremos bajo la forma de una alianza y mostrando que somos un complemento, es decir un sector distinto", se ataja un hombre del gobernador.Es con el mismo énfasis con que desde la Casa de las Tejas se apresuraron a corregir el por lo general fino olfato de los empresarios que el lunes, en el almuerzo de la Fundación Mediterránea, interpretaron que, al definirse progresista, Schiaretti se estaba pasando al kirchnerismo sin decir agua va.Ni tanto ni tan poco. El gobernador es fiel a la prosapia más conservadora que progre que, mal que bien, ha administrado a la provincia desde Eduardo Angeloz a De la Sota, pasando por Ramón Mestre. Ninguno de ellos, y tampoco Schiaretti, fue puesto nunca en la fila de la centroizquierda.Los encuadres ideológicos terminan siendo un detalle menor cuando quienes los defienden están dispuestos a negociarlos a cambio de un lugar cercano al poder.En su repunte entre los cordobeses, Schiaretti ganó más en su propio pago que en el escenario nacional al que aspira. Ese triunfo pasajero tiene un nombre valioso: tiempo.El gobernador entrará en 2011 habiendo logrado estirar el tiempo de vida útil de su poder. Sin reelección permitida (fue vicegobernador entre 2003 y 2007) y con el plan de adelantar a junio las elecciones de gobernador, Schiaretti era candidato a agotar su ciclo apenas terminara el verano.El fuerte plan de obras públicas a inaugurar en los días del proselitismo que lo reubicó entre sus comprovincianos, le está permitiendo estirar esos plazos. En ese apuro, Schiaretti se dio el gusto de bautizar la avenida de Circunvalación de la ciudad de Córdoba con el nombre del general Juan Bautista Bustos, sin reparar en el detalle de que esa vía ya se llamaba Agustín Tosco (el dirigente con el que militó en sus años juveniles) desde hace seis años. Cometida la chapucería, Tosco será compensado con la autovía a Salsipuedes.Entre nombre y nombre, Schiaretti compra semanas del almanaque 2011. Las elecciones internas del peronismo que consagrarían al candidato oficialista a suceder a Schiaretti iban a ser en marzo. Ahora fueron ubicadas a fines de abril.Ya no se habla de junio para los comicios de gobernador. El plazo comienza ahora en julio y termina en septiembre. ¿Unir esos comicios a los presidenciales del último domingo de octubre, tal como presenten los emisarios del kirchnerismo? Los cambios no parecen dar para tanto. En los cálculos más optimistas de la recuperación de los K en Córdoba, los hombres de Schiaretti no incluyen la posibilidad de que Cristina pueda ganar los comicios presidenciales en este distrito. Una cosa es repuntar, otra ganar, explican. Al vestuario. Con Schiaretti con la pelota en su poder, De la Sota se volvió refunfuñando a los vestuarios. Primero había colgado en toda la provincia afiches multicolores con su nombre. Luego reapareció en encuentros multisectoriales en los que dictó cátedra sobre el ejemplo brasileño y las oportunidades argentinas. Y en eso aparecieron los cheques sin fondo de Marcelo Falo. En medio de esas reuniones, De la Sota debió responder sobre los desastres de su secretario General de la Gobernación.El ex gobernador canceló su agenda y regresó a sus días entre Brasil y Río Cuarto. ¿Puso en duda su candidatura a gobernador? No es para tanto y no hay más peronistas que él en condiciones de competir con chances. Los que hablaron con él lo presentaron irascible. Schiaretti tiene bastante que ver con ese enojo.