Temas del día:

"Sam" Pitroda y Kazuo Inamori

Pitroda e Inamori apenas causan admiración en la Argentina, donde desde hace años se aplica, sin importar los cambios de gobiernos, una política de Estado para financiar proyectos de jóvenes graduados. ¿O no? Juan F. Marguch.

30 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Juan F. Marguch (Periodista)
"Sam" Pitroda y Kazuo Inamori

La admiración que provoca el portentoso desarrollo de la India se explica fácilmente si se recuerda su riquísima tradición científica y técnica. Basten algunos ejemplos: fueron médicos hindúes quienes describieron exactamente la circulación de la sangre 300 años antes que William Harvey; fueron matemáticos hindúes quienes crearon los llamados números arábigos (que los árabes ofrendaron a Europa) y también fueron matemáticos hindúes los que redescubrieron el número cero (inventado siglos antes por los mayas). Que la India sea hoy el primer productor mundial de software, se explica también por su historia. El principal impulsor de la revolución tecnológica y del actual crecimiento socioeconómico de esa nación fue Pandit Jawaharlal Nehru, socialista, que en los albores de la informática escribió a los rectores de las principales universidades estadounidenses y les dijo aproximadamente esto: "Somos un país pobre y no podemos comprar equipos informáticos nuevos. Y aunque pudiésemos, no conseguiríamos seguir la vertiginosa velocidad de sus cambios. ¿Podrían ustedes donarnos los equipos que den de baja? Los necesitamos para formar a nuestras jóvenes generaciones en el conocimiento de una tecnología llamada a cambiar de raíz el mundo contemporáneo". La mayoría de las universidades de Estados Unidos respondió con admirable generosidad. No sólo enviaron a la India los equipos que se reemplazaban por los de última generación, sino que becaron a profesores y estudiantes avanzados para que en sus vacaciones colaboraran con sus colegas indios. Este hermoso capítulo de la historia admite por lo menos dos lecturas: Nehru no dejó de ser socialista por pedir y recibir ayuda norteamericana y las universidades de Estados Unidos no vacilaron en ayudar a un gobierno que en las Naciones Unidas se alineaba casi siempre con la Unión Soviética. Una lección de aptitud intelectual y actitud ética de tolerancia, de difícil aprendizaje por los argentinos. Los jóvenes y la universidad. Uno de los grandes impulsores de la revolución universitaria y tecnológica de la India es Satyanarayan Gangaram Pitroda (1942), mundialmente conocido –poco en nuestro país– como "Sam" Pitroda, que preside la Comisión Nacional del Conocimiento. Lo esencial de su política es este principio: "Hace 300 años, India y China eran los líderes de la economía, la cultura, la educación. En los últimos tres siglos, es verdad que Estados Unidos y Europa han estado a la cabeza. En Estados Unidos, la investigación está impulsada por la defensa y en Europa la tecnología se preocupa por resolver los problemas de los ricos. Este modelo ha terminado. Ahora hay mucho talento, y sobre todo talento joven, en la India y en China. Las tecnologías de la comunicación han cambiado el paradigma. Internet y el universo web traen cambios acelerados, con oportunidades que China y la India han sabido aprovechar. (...) Ya el solo hecho de que la gente salga de la universidad buscando un empleo es algo que pertenece al siglo pasado y no al actual. En el siglo 21, los jóvenes deben salir de la universidad preocupados por crear empleo". El uso de cerámica. Kazuo Inamori (1932) no es hindú sino japonés y vivió toda su fantástica aventura en Japón, pero es el mejor ejemplo de aplicación del principio de "Sam" Pitroda. A los 23 años, se graduó en la Universidad de Kagoshima. Mientras cursaba sus estudios, avizoró que la cerámica sería un elemento fundamental en la innovación industrial. Ya graduado, proyectó la creación de una empresa productora de cerámica utilizable en tecnologías de punta. Necesitaba tres millones de yenes (equivalentes entonces a menos de 84 mil dólares). ¿Dónde conseguirlos? En los bancos, naturalmente. Si Japón y Alemania revistan hoy entre los cinco países más industrializados del mundo, se debe a la activa participación de su sistema bancario en las empresas fabriles, porque financian gran parte de su creación y expansión. En abril de 1959, con 27 años, Kazuo Inamori fundó la Kyoto Ceramic Co. Ltd. Rápidamente, su inteligente política de I+D la convirtió en la empresa de referencia mundial en cerámica. Kyocera se hizo famosa como proveedora de las placas ( cermets ) que recubren las cápsulas espaciales y protegen a sus tripulaciones de morir carbonizadas cuando regresan a la Tierra, porque la fricción con la atmósfera terrestre produce temperaturas de hasta dos mil grados centígrados. Desde componentes para trenes de alta velocidad y bloques de motores hasta superconductividad, pasando por telefonía celular y pavimento, la cerámica es protagonista importante de la tecnología contemporánea.El holding creado por Inamori controla 184 empresas en el mundo, con más de 30 mil puestos de trabajo. Un imperio fundado con un préstamo bancario a un joven egresado universitario que sólo presentó visiones y esperanzas como garantía de su sueño. Y el banco hizo uno de los mejores negocios de su historia al facilitarle el préstamo. Kazuo Inamori es hoy un curiosísimo paradigma. Dotado de una fervorosa concepción espiritual: en 1997, multimillonario y doctorado honoris causa por decenas de universidades de Asia, Europa y Estados Unidos, se ordenó como monje budista zen. Escogió el nombre de Daiwa, que significa "gran armonía". Pitroda e Inamori apenas causan admiración en la Argentina, donde desde hace años se aplica– sin importar los cambios de gobiernos– una inteligente política de Estado que financia con créditos blandos proyectos de jóvenes graduados. Por eso, no existe aquí desempleo profesional juvenil y las pequeñas y medianas empresas fundadas por ellos crean anualmente miles de puestos de trabajo. ¿O no es así?