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La salud debe volver a manos del Estado

Para no echar por la borda un digno trabajo de años, llegó la hora de pasar al Estado la posta para que se haga cargo de la salud de todos los argentinos. Gustavo Rossi.

27 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Gustavo Rossi*
La salud debe volver a manos del Estado

Existen en la vida de las naciones procesos sociales que tienen un comienzo e indefectiblemente tienen un final. Sostenerlos y no aceptar ese final conlleva, en la mayoría de los casos, una desvirtuación del objetivo principal que los hizo nacer. La sociedad argentina reconoce, por el peso de la historia, que las organizaciones sindicales se preocuparon y ocuparon de las necesidades de los trabajadores, de su salud y de la de sus familias. Por eso –y no por obra del destino– las obras sociales están en manos de los gremios, que garantizaron a sus afiliados el acceso a las prestaciones médicas.Las obras sociales sindicales nacieron en la década de 1940, mediante el decreto 30.655/44, que creó la Comisión de Servicio Social. Este órgano brindaría atención médica gratuita, atención farmacéutica a precio de costo, alimentos, artículos del hogar y vestimenta.Los fondos para sustentar este sistema de salud serían financiados con un importante aporte estatal, además de los aportes de los propios trabajadores.Esta disposición gubernamental fue el comienzo formal de una suerte de Estado de bienestar que marcó un antes y un después en la vida de los trabajadores argentinos en materia de salud.Cuando el general Juan Perón asumió la presidencia, en 1946, continuó alentando el crecimiento del esquema de obras sociales.Sin embargo, durante sus dos primeras presidencias, el modelo de obras sociales sindicales no representaba el principal financiamiento de la salud. El sistema sanitario y de seguridad social era sostenido por el propio Estado y se financiaba con sus rentas generales.Perón concebía que era el Estado el que tenía la obligación de garantizar la salud, haciendo efectivo, desde luego, lo que la Constitución sostiene. Fin de ciclo. Hoy, la gran obra realizada por el movimiento obrero en materia de salud ha cumplido su ciclo. La excelente visión que tuvieron en la década de 1950 los dirigentes ferroviarios, de comercio y tantos otros compañeros dirigentes gremiales cumplió su cometido. Debemos seguir avanzando en materia de cobertura y tener en cuenta a los trabajadores desocupados. Ellos también tienen el derecho de seguir bajo un régimen de asistencia médica más eficiente. La honra de haber sido un espacio político sindical de avanzada nunca se perderá. Pero sí se diluirá el prestigio de las obras sociales sindicales si continúan siendo parte de escándalos financieros o de adulteración de medicamentos.Para no echar por la borda un digno trabajo de años, llegó la hora de pasar al Estado la posta en hacerse cargo de la salud de todos los argentinos.Este punto de vista no es caprichoso o antojadizo; la historia muestra que, cuando los movimientos obreros se hicieron cargo de acciones que el Estado no cumplía, luego terminaron entregando esas obligaciones a la Nación jurídicamente organizada. Modelo israelí. Un ejemplo similar es el ocurrido en Israel. Su central obrera, la Histardrut, nació como institución nada menos que 28 años antes que el propio Estado y asumió el rol en la organización de temas tan esenciales como la creación de fuentes de trabajo, viviendas, educación y, desde luego, salud. El movimiento obrero israelí generó durante esos años los fondos suficientes para construir hospitales y centros asistenciales para poner a resguardo la salud de los trabajadores. Una acción que tiene un correlato con la historia del sindicalismo argentino.Pero el 14 de mayo de 1948, tras la creación del Estado de Israel, el movimiento obrero interpretó que su misión, en esos ámbitos, había concluido. Y en un plenario de trabajadores se determinó que la salud debía estar en manos del Estado. Se interpretó que debía primar un bien fundamental, como era la salud de los ciudadanos, por sobre la tentación de seguir manejando los fondos.Aunque esos fondos habían servido para financiar importantes programas de asistencia social, la realidad les indicaba que el Estado tenía la obligación de asegurar ese servicio, conteniendo desde una óptica más abarcativa a la totalidad de los israelíes.Ése tal vez sea el paso que le reste realizar al movimiento obrero argentino: romper con la tentación del manejo de los fondos y devolver al Estado la administración de la salud. Con un acompañamiento dentro de un órgano de contralor, claro que sí. No nos desentenderíamos nunca de nuestros compañeros ni de sus familias. Pero bajo la órbita del Estado; al que le estaríamos devolviendo una obligación que en muchos casos fue dignamente llevada.Hoy debemos entender que no sólo somos dirigentes sindicales, sino sociales, con una visión mucho más abarcativa del contexto nacional. Y esa apertura de cabeza conlleva actuar en el marco de una sociedad que hará prevalecer lo colectivo por sobre lo netamente institucional o personal. Ha llegado la hora de trabajar en una misma sintonía.Compañeros, la misión está cumplida.

*Secretario general de Uecara del Interior (sindicato de los peajes y la construcción), subsecretario de Prensa CGT Córdoba