La ruptura de los diques
Desconcertado, como estuvo el Gobierno nacional frente a una sucesión de situaciones inesperadas, todo el arco político por fuera del oficialismo parece incapaz de reaccionar frente a la ruptura de los límites que impone el temor. Julio C. Perotti.
Sin duda, el conflicto estalló por donde menos se lo esperaba. ¿Qué llevó a integrantes de dos fuerzas de seguridad –una de carácter policial y la otra militar, como Prefectura y Gendarmería– a romper la obligada sumisión a sus mandos y, a riesgo de perder sus trabajos, salir a las calles como si fueran un sindicato? Plata. Es por plata, por mejor calidad de vida frente a una inflación que a todos come los bolsillos. No parece tan complejo de entender, al menos para las comunidades que conviven con esos uniformados.Basta preguntarles a los habitantes de Jesús María, ciudad que construyó parte de su identidad cuando se instaló allí una sede de Gendarmería.A esta altura, cualquier teoría conspirativa a la que quiera atarse el reclamo salarial de prefectos y gendarmes no tiene cuórum más que en sectores oficialistas fanatizados, de los que hay varios en Córdoba.Son estos los únicos que buscan convalidar un relato en el que la victimización se amasa con una mezcla que incluye de todo y en la que nunca falta la ley de medios. Luego, cuando la situación se normalice, con seguridad enarbolarán el consecuente festejo de triunfo. La casa estará en orden.Acaso esta situación refleje mucho más que la demanda por los sueldos, amparada por las leyes y prosaica si se la mide desde la institucionalidad.Desde los cacerolazos de septiembre, parece haberse roto el muro de contención que se había construido en torno de la presidenta Cristina Fernández.Miles de personas en las calles, jóvenes con preguntas impertinentes en las universidades de Estados Unidos, prefectos y gendarmes que rompen el silencio marcial para gritar por sus bolsillos. Toda una sucesión de eventos concatenados después de aquella frase que la propia Cristina dijo que dirigió a sus funcionarios, pero todos interpretaron en su sentido más amplio: "Hay que tenerle miedo a Dios, y un poquito a mí".Desconcertado como estuvo el Gobierno frente a estas situaciones inesperadas, todo el arco político por fuera del oficialismo parece incapaz de reaccionar frente a esa ruptura de los límites que impone el temor.En su momento, fue Cristina la que los desafió para que alguien se haga cargo de canalizar el reclamo cacerolero. Nadie acusó recibo, quizá porque ningún argumento es capaz de convencer a esa gente de que, un paso más allá, puede reiterar en algún momento la consigna de 2001: Que se vayan todos. Agencia Córdoba Política. Bajo perfil o trabajo subterráneo parece ser la consigna. Así, por ejemplo, el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, prepara una campaña que, de momento, va a disimular bajo la idea de vender los beneficios turísticos de Córdoba. Como ya se señaló en estas páginas, cada tramo de la gira incluirá campañas publicitarias con programas implementados en Córdoba, como el Boleto Educativo Gratuito, el Plan Primer Paso y la ley contra la trata de personas, que obligó al cierre de todos los prostíbulos.En el peronismo cordobés, admiten que esos proyectos pueden ir a parar de manera directa a una eventual plataforma electoral nacional.Pero esto es lo formal. Lo importante es que cada visita incluirá siempre contactos con dirigentes opositores al kirchnerismo en cada provincia que visite. La oposición interna ataca esta campaña anticipada: hay que ver cómo llega la Provincia a fin de año, si se mantiene la falta de acuerdo con la Nación por el déficit de la Caja de Jubilaciones, apuntan de manera coincidente en el radicalismo y en el juecismo.Pero los principales movimientos se dan dentro del peronismo. El 17 de octubre, llegaría a Córdoba el desembarco total de Unidos y Organizados, un frente de grupos militantes liderados por La Cámpora, en respaldo a la gestión de Cristina Fernández.Es decir, cada paso que den los sectores díscolos del justicialismo, con De la Sota entre ellos, será anticipado por los sectores kirchneristas más duros.Por ahora, De la Sota guarda silencio. Su última aparición pública fue el miércoles 27 de septiembre, cuando se paró ante los directivos de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) para formular quizás uno de sus más duros cuestionamientos a la Presidenta.Dijo entonces que "no es posible seguir aceptando mansamente un país bipolar (…) No se puede convertir cada conflicto emergente de un país en una guerra sin cuartel".Venía entonces de la ruptura en las negociaciones por el déficit de la Caja de Jubilaciones, luego de una audiencia en la Corte Suprema que, por supuesto, no llevó a ninguna parte. Aprestos en el Centro Cívico. Desde luego, los aprestos de campaña afectan al Gobierno de la provincia: la presencia pública de la vicegobernadora Alicia Pregno es constante, como pocas veces ocurrió en las gestiones anteriores. Pregno compartirá la gestión con el jefe de Gabinete, Oscar González, cada vez que De la Sota se ausente para la campaña turístico-política."La gente no me va a perdonar que la abandone, como en 2002", suele decir De la Sota. En aquel momento, intentó ser candidato presidencial para suceder el interinato de Eduardo Duhalde, pero las fichas del bonaerense fueron puestas en Néstor Kirchner. De la Sota debió volver a Córdoba y reincidir en la Gobernación. Los intendentes. Mientras el kirchnerismo también quiere birlarle el respaldo de los intendentes (por eso, los lleva a visitar de manera permanente la Casa Rosada), De la Sota mantiene canales de diálogo, vía Oscar González, con propios y ajenos para tratar de evitar cualquier desborde. Le llegan quejas, claro. Uno de los jefes municipales, de larga militancia en el radicalismo, aceptó que muchos de sus colegas están complicados porque la coparticipación subió, "pero no a la altura de la inflación"."Hay dos tipos de intendentes: los que se dedican a la política y los que administran; obviamente, a los que administran les va mejor", reconoció.Ellos también enfrentan un problema que se resume en dinero. Como todos. ¿A quién se le ocurriría atribuirles intenciones conspirativas? Sólo se trata de evitar que otros diques también se rompan.

