Rige el “todo vale” para llegar al final
La Presidenta está dispuesta a utilizar cualquier recurso para conservar poder hasta el final de su mandato y protegerse de las consecuencias judiciales que ya se insinúan.
El relevo de la cúpula de la Secretaría de Inteligencia –que dispuso la Presidenta el martes pasado– tal vez haya sido un mero trámite administrativo para la inmensa mayoría de los argentinos. Para la política, en cambio, es un hecho trascendente que podría tener consecuencias profundas en las relaciones de poder. Eso, en un año electoral como el que se avecina, no es poca cosa.
Dos fueron las principales razones que motorizaron la decisión de Cristina. Por un lado, revertir la inoperancia que arrastra desde hace tiempo la ex-Side, para ponerla al servicio de la guerra cada vez más abierta que el Gobierno, pero en especial la jefa del Estado a nivel personal, están protagonizando contra gran parte del Poder Judicial. “Cada vez que se entera de un fallo negativo para ella o sus funcionarios, la ataca una furia indescriptible”, relata alguien que visita con frecuencia la residencia de Olivos.
La otra razón importante para el cambio, además de un higiénico barrido de personajes oscuros que deambulan por los laberintos del espionaje, es neutralizar a los agentes dobles, o sea aquellos que cobran del presupuesto estatal pero trabajan para candidatos opositores o adversarios políticos.
A esta altura, nadie cree que un burócrata como Oscar Parrilli, puesto al frente del organismo, pueda conseguir los resultados que quiere la Presidenta.
El hombre
Lo que sí puede facilitar Parrilli es la subordinación de los espías al aparato de inteligencia del Ejército, que conduce César Milani. El general, denunciado como represor en la dictadura, goza sin embargo de la confianza de Cristina y sigue acumulando poder.
Con ese esquema, más la presencia del operador judicial Juan Martín Mena –que ahora es el segundo de Parrilli– los jueces y fiscales que se atrevan a investigar la corrupción oficial deberán cuidarse de las “tentaciones-anzuelo” que utilizan tradicionalmente los servicios, o de los carpetazos con cualquier desliz que hayan tenido en sus vidas privadas.
Eso es la mugre de la política. La Presidenta está dispuesta a utilizar cualquier recurso para conservar poder hasta los días finales de su mandato y también para protegerse de las consecuencias judiciales que ya se insinúan.Cualquier recurso –sin guardar siquiera las mínimas formas– implica, por ejemplo, la designación de un secretario de una vocalía de la Cámara Federal de La Plata como juez subrogante del Juzgado Federal Electoral que manejará las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Ese es el distrito más grande del país y concentra el 40 por ciento del padrón nacional.
El nombramiento del joven Laureano Durán –realizado en forma directa por el Consejo de la Magistratura con los votos del kirchnerismo– viola la Constitución Nacional, porque todo juez federal debe tener acuerdo del Senado.
La oposición política esta vez reaccionó rápido y la maniobra fue repudiada con una poco frecuente unidad de casi todos los sectores. Frente a las cámaras, los candidatos presidenciales Sergio Massa, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Hermes Binner y representantes de Mauricio Macri prometieron que irán a la Justicia para anular esa designación.
Otro de los presidenciables que estuvo ante las cámaras, pero soportando con su clásico estoicismo el rigoreo presidencial, es Daniel Scioli. Cristina le dijo por cadena nacional que una candidatura no es una foto ni un color. Justo esos son los elementos más usados por el bonaerense en su campaña.
La interna
La Presidenta está enojada con Scioli y no le perdona que gane espacio en la prensa por sus contactos internacionales. Se dice que ella hará lo posible para posicionar a Florencio Randazzo antes de marzo, como quiere La Cámpora. En ese mes, las posiciones estarán más definidas.
El regreso de Aníbal Fernández al gabinete está destinado a lograr una mejor comunicación del Gobierno, algo que no consigue con el enredado Jorge Capitanich. ¿Será Aníbal, como hábil declarante, el encargado de mejorar la imagen del Gobierno? En principio, el flamante secretario General le habría sugerido a Cristina que su idea de hablar casi a diario por cadena nacional no la beneficia.
El argumento de la jefa del Estado de que debe usarse discrecionalmente la cadena nacional, porque de lo contrario nadie se entera de los anuncios positivos del Gobierno, encierra la admisión de un inmenso fracaso.
El kirchnerismo financia y controla a más del 70 por ciento de los medios. Eso significa que gasta millones para comprar radios, canales, revistas y diarios, pero las audiencias están en otro lado. Por algo será.

