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El retorno de "El señor presidente"

Las democracias delegativas y los líderes populistas tienen legitimidad democrática porque surgen del voto popular, pero son poco democráticos. Julio César Moreno.

10 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno
El retorno de "El señor presidente"

Guillermo O'Donnell, uno de los más importantes pensadores y analistas políticos argentinos –recientemente fallecido–, acuñó dos categorías de rigurosa actualidad, ya que tienen que ver con la historia nacional y latinoamericana del último medio siglo. Una es la del "Estado burocrático-autoritario" y otra es "la democracia delegativa". La primera está referida a los regímenes cívico-militares que afloraron entre las décadas de 1960 y 1970 (en el caso argentino, se refiere al período 1966-1973, es decir al régimen instaurado por el golpe de Estado de Juan Carlos Onganía, que depuso al gobierno constitucional de Arturo Illia, pero con referencias a procesos similares ocurridos en Brasil, Chile y Uruguay, es decir, prácticamente todo el cono sur de América latina).La segunda categoría, la de democracia delegativa, alude en cambio a las democracias populistas o plebiscitarias que se abrieron paso después de la caída de aquellos regímenes cívico-militares, entre mediados y fines de la década de 1980 hasta el presente.Se trata, pues, de una larga secuencia histórica, en la que hay que contar –respecto de la primera fase– a la violencia terrorista desa­tada por organizaciones armadas de izquierda y la respuesta dada por aquellas dictaduras a través de formas aberrantes como la represión ilegal, la desaparición de personas y el terrorismo de Estado.Las secuelas dejadas por aquellos "años de plomo" son muy grandes y hay muchas heridas que no han cicatrizado aún. Pero la transición a la democracia –hay que destacarlo con todas las letras– ha sido la gran conquista de América latina de las últimas décadas, que la Argentina tuvo el mérito y el honor de iniciar en las históricas elecciones del 30 de octubre de 1983, cuando el ciudadano Raúl Alfonsín fue elegido presidente de la República.Las democracias surgidas a partir de ese momento han sido imperfectas, vulnerables y, en algunos casos, poco respetuosas de las normas republicanas básicas, como la división de poderes y la alternancia de diferentes partidos en el Gobierno.Antiguos resabios latinoamericanos como el caudillaje o la tendencia a la reelección indefinida de los presidentes han resurgido con ímpetu y en algunos países no se ha trepidado en reformar la Constitución –o intentar hacerlo– para lograr ese objetivo.Guillermo O'Donnell llamó a este fenómeno "democracia delegativa", que es algo muy distinto a la "democracia representativa", ya que aquélla tiende a prescindir del control del Parlamento y de la Justicia, a gobernar por medio de decretos de necesidad y urgencia y a atacar de manera sistemática al periodismo y a los medios de comunicación independientes.La figura de El señor presidente, que tan genialmente pintara hace décadas el poeta y novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias, ha regresado.Pero ya no se trata de aquellos personajes un tanto quijotescos que gobernaban pequeñas repúblicas, sino de líderes populistas que pueden llegar a gobernar medianos y grandes países, algunos con grandes recursos como petróleo, minería y granos.Es preciso insistir en una cosa: las democracias delegativas y los líderes populistas tienen legitimidad democrática porque surgen del voto popular, pero son poco republicanos e inclinados a una idea autoritaria y personalista del poder político. Y la democracia y la República son valores inescindibles.Una verdadera democracia debe ser a la vez republicana, pluralista y representativa, ya que toda delegación del poder, a un líder o a un partido, es siempre peligrosa.