La responsabilidad de la oposición
Es la hora de la oposición, de una dirigencia que dé cuenta de cuánto está dispuesta a resignar de sí misma en la búsqueda de un proyecto colectivo. Griselda Baldata.
Las encuestas realizadas en el ámbito nacional, en el marco del proceso electoral próximo, demuestran (con diferencias insignificantes entre sí) que entre el 50 y 54 por ciento de los argentinos no está conforme con el gobierno de Cristina Fernández. El dato que sobresale es que ese mismo porcentaje no encuentra en la oposición una alternativa donde canalizar su descontento y que sea exitosa en términos de resultado electoral. Esos datos estadísticos no hacen más que corroborar lo que percibe la dirigencia política, que, desconcertada, no encuentra la forma de elaborar una estrategia de conjunto a mediano y largo plazo ni las tácticas necesarias para responder ante la coyuntura.Si bien es peligroso y no recomendable el "amontonamiento político" ni nos debe unir el espanto, lo cierto es que son pocos los gestos que ofrece la dirigencia más encumbrada de esos partidos para ir construyendo ese espacio que vaya en la dirección que hoy está reclamando con plena legitimidad la ciudadanía. No involucro en esta opinión al Partido Justicialista en sus tan variadas como coyunturales y oportunistas expresiones. Sabemos que puede o no encolumnarse monolíticamente con el Gobierno o generar una propia alternativa dentro del mismo movimiento.Hablo de aquellos partidos que tienen mucho más en común, tanto en principios como en propuestas y programas de gestión, incluso en historia y camino recorrido, que las diferencias irresponsables o sectarias planteadas desde sus conducciones, que inhiben e imposibilitan la concreción de esa tan esperada alternativa. En más de una oportunidad, los partidos políticos a los que hago referencia formaron frentes, alianzas o acuerdos electorales.Si a los dirigentes de esas fuerzas políticas nos resulta difícil explicar con racionalidad este recurrente desencuentro, imaginemos lo complicado que es para la ciudadanía entenderlo. Algunas veces estamos juntos; algunas veces, no.Cuando la perspectiva de país que plantea el oficialismo es de gravedad extrema, permanecer o caer de manera reiterada en la segmentación de espacios dentro de los cuales las coincidencias son casi absolutas es de una irresponsabilidad altamente reprochable, siendo benévola en la calificación.Sin dudas la conducta y la ética en el ejercicio de la función pública es una cuestión innegociable en los posibles acuerdos de los partidos políticos progresistas en la Argentina ("progresistas" no por definición sino por acción, no por lo discursivo sino por principios y doctrinas fundacionales), pero encontrar los mecanismos para garantizar estas conductas no es misión imposible, y menos difícil aún es establecer acuerdos programáticos.Ya no queda margen para que vastos sectores de argentinos y argentinas que piensan parecido y pretenden lo mismo para su país no encuentren ese espacio político que los contenga y los represente y al cual direccionar su voto en octubre. Ya sabemos lo que propone el Gobierno y cuál es su estrategia comunicacional y electoral. No gastemos más energía en decir lo que todos conocemos de la gestión kirchnerista.Es la hora de la oposición, de una dirigencia que dé cuenta de cuánto está dispuesta a resignar de sí misma en la búsqueda de un proyecto colectivo. Que demuestre una vocación de poder que esté por encima de los personalismos o de intereses sectoriales. Capaz de convencer, movilizar y seducir a un electorado que espera ansioso que ello suceda. O hay generosidad e inteligencia para dar respuesta a esa demanda o seremos los responsables directos de una nueva frustración que va mucho, pero mucho, más allá de lo electoral.
*Exdiputada nacional por la Coalición Cívica

