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República ficticia y democraciaen extinción

A la luz de las escandalosas irregularidades observadas en las últimas elecciones, hemos dado un paso más en términos de involución social.

19 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Patricio Giusto*
República ficticia y democraciaen extinción

La Argentina se parece cada vez menos a una república. Y el sistema democrático –que tanto costó recuperar en 1983– está en vías de extinción. Esto es así por varias razones, que se detallan a continuación. Las principales notas de una república, según el célebre Juan Bautista Alberdi, son: la división del poder (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); la periodicidad del gobierno; la publicidad y responsabilidad de los actos de gobierno; la soberanía del pueblo, y la igualdad ante la ley.La división del poder es bastante dudosa en un país que hace 10 años tiene un Congreso-escribanía dependiente de un Poder Ejecutivo que ha copado gran parte del Poder Judicial, alquilando jueces y reemplazando a otros por funcionarios-militantes.La periodicidad del gobierno todavía está en discusión en Argentina. Sólo la derrota en las elecciones legislativas de 2013 llevó al kirchnerismo a archivar su proyecto de "Cristina eterna".Pero en varias provincias, como Formosa y Santa Cruz, la institución monárquica de la reelección indefinida todavía goza de muy buena salud. Y en otras tantas subsiste de manera encubierta, a través de la rotación de miembros de la misma dinastía familiar. Tal es el caso emblemático de los Zamora, en Santiago del Estero.Tampoco hay publicidad y responsabilidad de los actos de gobierno en nuestro país. Entre otras cosas, no sabemos ni se investiga judicialmente cuántos fondos públicos se destinan a financiar las millonarias campañas electorales de los oficialismos.¿Soberanía del pueblo? ¿Con quema de urnas y compra de votos a cambio de bolsones de comida? Todo lo contrario: la soberanía ha pasado a ser de los clanes familiares que controlan los resortes del sistema político, incluida la prensa.Y qué decir de la igualdad ante la ley, en un país donde parece que está prohibido meter presos a políticos y a empresarios corruptos.Sin duda, rige un sistema legal privilegiado para los Amado Boudou y los Lázaro Báez, y otro muy distinto y desventajoso para los ciudadanos de a pie.A la luz de las escandalosas irregularidades observadas en las últimas elecciones, hemos dado un paso más en términos de involución social.Tras convertir a la república en una penosa ficción, ahora nos encaminamos directamente a perder la democracia. Porque el pluralismo es avasallado por las élites gubernamentales, lo cual vuelve cada vez más utópicas las posibilidades de alternancia. Y las minorías, frágiles y desamparadas, ya ni siquiera pueden garantizar el recuento de sus votos.

*Politólogo y magíster en Políticas Públicas, director de Diagnóstico Político