La religiosidad
Se impone hoy, entonces, reconsiderar la naturaleza y condición de la religión. Es preciso salvar a este hermoso fenómeno que constituye la religión, basado en lo natural y en la orientación de las personas hacia lo sagrado. Ali Alejandro Badrán.
Hay un tema relevante en estos últimos tiempos y no es otro que el de la religiosidad. Ésta vuelve a estar de actualidad después de un período en el cual parecía que se hallaba en retroceso. Lejos de ser un factor cultural, vemos a este tema en el primer plano de los asuntos mundiales. Tanto el fenómeno de los integrismos –llamados sus creyentes judíos, cristianos o musulmanes–, como el interés general por las creencias orientales, dentro de Occidente, o el despertar de las grandes religiones históricas en todas sus formas; todo ello es índice de un interés creciente por lo religioso. Es como si la etapa de la supremacía de las ideologías hubiese dejado el terreno libre, nuevamente, al resurgimiento de las grandes religiones. Naturaleza y condición. Se impone hoy, entonces, reconsiderar la naturaleza y condición de la religión. Es preciso pensar en ésta para no correr el riesgo de que ella piense en nosotros; en su forma y según los dictados de todos los integrismos mencionados, ya que las religiones no se reducen sólo a esos integrismos. Es preciso salvar a este hermoso fenómeno que constituye la religión, basado en lo natural y en la orientación de las personas hacia lo sagrado.Es preciso salvar este fenómeno filosófico. El pensamiento moderno no le ha dado al hecho religioso la importancia que se merece, reduciéndolo a aspectos parciales de su compleja existencia, a su carácter social y a su naturaleza psíquica. Lo religioso es hoy, más que nunca, un problema complejo. A esa condición de problemática han contribuido múltiples factores, entre ellos el progreso científico y técnico, que ha arrinconado en forma progresiva a la fe creándole grandes dificultades, de las que, con la ayuda de Dios, siempre salió triunfante. Muchos de nuestros contemporáneos creen que la ciencia es infalible, exacta, indiscutible, cuando estos atributos sólo son de Dios todopoderoso. La ciencia y la técnica han producido un notable aumento del nivel de vida, pese a las injusticias sociales, y prometen transformar este mundo en un paraíso. El comfort, las propagandas de masas, el trabajo extenuante y maratónico, todo esto tiene tan ocupadas a las personas que trae como consecuencia un cierto olvido de Dios, o sea que lo religioso no interesa mayormente, no preocupa. No se niega ni ignora a Dios; simplemente no interesa, no es ningún problema.Como consecuencia de esa confianza en la ciencia, resulta a veces difícil encontrar sentido a la existencia humana; la nuestra es la era de la trivialidad. La instrucción religiosa para aquellos que la deseen o quisieran que la reciban sus hijos, es una opción privada de cada cual, que el Estado no debe obstaculizar de ningún modo.Los planes de estudio deben incluir alguna asignatura que trate la historia y los contenidos de las religiones, con preferente atención a las tradiciones greco-romana, judeo-cristianas e islámica, que son tan importantes para comprender la cultura a la que pertenecemos. El profeta Mahoma enseñaba que la religión es estar relegados a Dios de manera permanente y que la única forma de estar siempre relegados a Dios es decir todos los días: "No hay más divinidad que Dios, y Muhammad es el enviado de Dios"; ésta es la fórmula de profesión de fe de todos los musulmanes en el mundo entero. Uassamu alaicum (La paz sea con todos).

