Regeneremos la política ¡siendo protagonistas!
Fuerzas políticas que surgieron como promesas transformadoras, hoy se muestran como ejecutoras de nuevas versiones de autoritarismo.
Si admitimos que nuestra democracia y nuestra política se encuentran atrapadas en la autocracia, el autoritarismo o el decisionismo, deberíamos mancomunar esfuerzos, coraje cívico e innovación para avanzar en una tarea tan importante como es la de ir plasmando democratizaciones, tanto en los partidos políticos como en nuestros gobiernos. Esto para que tengan más representatividad, más republicanismo, más federalismo y más fidelidad a nuestra Constitución.
Ahora bien, para ello es imprescindible más cultura ciudadana. Sin embargo, es evidente que, para nuestros políticos en general, trabajar en metodologías orientadas a la enseñanza y el aprendizaje de una profunda educación cívica ciudadana siempre constituyó un verdadero dilema.
Este dilema se explica por cierta reticencia de las corporaciones políticas a suministrar educación, capacitación e información de forma clara, sencilla, coherente y sostenida.
Por el contrario, la casta dirigente viene provocando y sorprendiendo con verdaderos escándalos mediante afanosas alianzas, coaliciones o alquimias políticas vernáculas.
Como consecuencia de ello, es lógico que no podamos esperar renovadas y entusiastas participaciones electorales, populares y masivas. A la vez, esto posterga o impide, aviesamente, legitimaciones y legitimidades más racionales que emocionales.
De cara al enrevesado esquema electoral de este año, ser más diligentes y solícitos para conocer miradas, programas y ofertas políticas, tanto como impedir atropellos eleccionarios, serán claras actitudes ciudadanas en orden a fortalecer la política republicana frente a “populismos electorales” que vienen desmantelando las instituciones con la restricción de libertades y derechos personales.
Muchos políticos y funcionarios perseveran en la repetición e innovación de toda clase y jerarquía en sus prácticas corruptas. Desprecian, ocultan y privan a la sociedad de una básica educación democrática. Todo lo cual termina favoreciendo y facilitando nepotismos
En efecto, nuevas fuerzas políticas que surgieron como promesas transformadoras, hoy se muestran como defensoras y ejecutoras de nuevas versiones de autoritarismo. Estos seudoprogresismos ya se han traducido en más de una ocasión en lamentables e injustos “costos diferidos y enriquecimientos ilícitos”.
Este zozobrante escenario político sólo resulta explicable por la ignorancia cívica, la abulia, la estulticia, la complicidad mediática, la languidez y falta de solidaridad social “militantes” de una inmensa mayoría empadronada de sujetos y actores activos de nuestra sociedad civil.
De manera que ya es hora de regenerar nuestras infrapolítica e infrademocracia ¡siendo protagonistas! Sólo así, y recién entonces, podremos visualizar, creer y reconstruir entre todos un horizonte democrático más pleno, más libre, más diáfano y auspicioso, que nos permita emancipar la política, consolidar la democracia e ir restaurando en plenitud la verdadera ciudadanía.

