Realismo y guerra de monedas
El reparto de nuevas cuotas de poder es una medida realista en el FMI.
Un buen avance y una riesgosa indefinición fueron los resultados más importantes de la reunión de los ministros de Economía y Finanzas del Grupo de los 20 (G-20), que integra a los países más desarrollados y cuyas deliberaciones concluyeron el reciente fin de semana en Corea del Sur. En el primer caso, reconocieron que había llegado el momento de redistribuir los poderes de decisión del Fondo Monetario Internacional (FMI), para aproximarlos a la realidad de la economía globalizada, donde los países emergentes y en desarrollo gravitan con creciente pujanza. Así, la Unión Europea (UE) decidió ceder dos de los nueve asientos que tiene en el directorio y transferir a esos estados el seis por ciento de los votos. Queda por definirse cuáles serán los países europeos que los abandonarán y cuáles los emergentes y en desarrollo que los ocuparán. Se dará así principio de cumplimiento a lo dispuesto un año atrás, cuando se coincidió en la necesidad de reconocer al menos cinco por ciento de los derechos de votación a naciones como la India y Brasil, que, todo parece indicarlo así, serán las que ingresarán.Los 27 estados de la Unión Europea tienen 32 por ciento de los derechos de voto, mientras que Estados Unidos posee 17 por ciento. Una distribución injusta, sobre todo si se considera que a China, la segunda economía mundial, sólo se le reconoce poco menos de cuatro por ciento de los votos; a India, 2,44; y a Brasil, 1,78; mientras que porcentajes aun menores y, por ende, menos ejecutivos, están asignados a economías que desde hace una década, al menos, muestran aceleradas tasas de crecimiento, como México.Ese sano ejercicio de realismo ha sido contrapesado por el virtual fracaso del esfuerzo por sentar las bases de un acuerdo que ponga término a la incipiente "guerra de monedas", centralizada en las presiones, cada vez más fuertes, que ejerce Estados Unidos para que China revalúe su divisa y facilitar así un mayor equilibrio en las balanzas comerciales. Los países con fuertes superávits son renuentes a un reajuste al alza.Todos los países miembro del G-20 se manifestaron dispuestos a rechazar las "devaluaciones competitivas", pero no lograron la misma unanimidad cuando se trató de las revaluaciones, porque significan perder competitividad en el comercio mundial. En este sentido, el G-7, que reúne a los países más industrializados, advirtió que la "guerra de divisas pone en peligro la recuperación mundial, al alimentar la volatilidad en los tipos de cambio, y es fuente de incertidumbre".Si bien esta supuesta guerra favorece hoy a países como la Argentina, el riesgo de que se desate un mayor proteccionismo e inflación global podría trastrocar el beneficio momentáneo en un perjuicio para el mediano plazo. Es obvio que ninguna guerra termina por favorecer el desarrollo armónico de las sociedades.

