La realidad es más que un deseo
El cargo de presidente de la Nación supone una mayúscula complejidad, que debe ser asumida por quienes se postulan voluntariamente para ocuparlo. Carlos Sacchetto.
Quienes componen el heterogéneo cuerpo del kirchnerismo quedaron súbitamente atravesados por una sensación de desamparo. Desde la cumbre misma de su estructura, Cristina Fernández lanzó el jueves señales inequívocas de que sólo si se dan determinadas condiciones aceptará la candidatura a la reelección para seguir otros cuatro años en la Presidencia de la Nación. Fue un discurso dirigido al interior de sus propias fuerzas, pero a la vez sonó afinado y esperanzador en los oídos de aquellos sectores medios de la sociedad que están hartos de la prepotencia como herramienta política. Quedó claro que el conflicto de intereses –también ideológico– entre el Gobierno nacional y el sindicalismo moyanista, que desde hace meses se viene mencionando como clave en esta columna, no es un invento periodístico ni una estrategia divisionista desarrollada por la oposición. El disenso está en el corazón mismo de la alianza oficial. Si, como sostenía Max Weber, el poder consiste en "hacer prevalecer una voluntad sobre la resistencia de otro", hacia eso exactamente apuntó la Presidenta. Pelea de fondo. Salvo algunas expresiones destinadas a recordarle a Cristina que "crió cuervos y ahora le sacarán los ojos" o que "está tomando su propia medicina", casi no hubo críticas a su mensaje. Hubo, en cambio, complacencia con el reclamo de evitar la conflictividad social y, en especial, las medidas de fuerza de todo tipo con las que los sindicatos presionan para obtener lo que pretenden. "Extorsión", las llamó la Presidenta, paradójicamente igual que lo hacen los directivos de cualquier empresa. En los despachos del Gobierno, aseguran que Cristina quiso frenar en seco la creciente presión que ejerce la CGT no sólo para lograr mejoras salariales, sino para disputarle poder a ella misma. "Además de pedir lugares en las listas, interfieren cada vez más en el armado electoral. Eso molesta a la Presidenta y, como ella dijo, no se va a dejar correr así nomás", definió un funcionario con oficina en la Casa Rosada. Otras variadas interpretaciones se escucharon en el ámbito sindical. Los gremios que responden a Hugo Moyano, creyéndose la totalidad del movimiento obrero, relativizaron el mensaje: "Son sólo tironeos. Para ganar, la alianza con nosotros es imprescindible y Cristina lo sabe". En cambio, los dirigentes que perciben que el ciclo Moyano comienza a declinar agradecieron el favor que les hizo la Presidenta. Muchos de ellos tienen diálogos reservados y muy cordiales con enviados de Cristina. Allí, leyeron sus palabras como un ruego imaginario: "Si quieren que siga, saquen a Moyano de mi lado, porque nos perjudica a todos". La conspiración tiene ahora un renovado impulso. En el Gobierno dicen conocer cuál es la llave maestra para destronar al camionero en la CGT. Señalan que si al resto de los gremios se les garantiza que no se agitará en la Justicia la causa por los medicamentos "truchos", donde están involucrados muchos de ellos, dejarían que a Moyano lo arrastren otros expedientes. Mencionan como ejemplo el que vino de Suiza o el que investiga su enriquecimiento familiar. La decisión de hacerlo está bajo análisis de la Presidenta, quien maneja la oportunidad y los tiempos. Las intenciones. Así como en el kirchnerismo se asustaron con las palabras de Cristina y piensan con más fundamento que podría no ser candidata, en la oposición hubo quienes interpretaron el discurso como una perfecta puesta en escena para ganar a sectores de la clase media, conmovidos por el dolor de esa mujer. El "yo ya di todo lo que tenía para dar", y en especial el "no estoy muerta por volver a ser Presidenta" dejaron abiertas las fantasías de todos, como un perfecto guión de suspenso.Pero desde el razonamiento político, cabe un análisis más detenido. Es comprensible el dolor personal que la Presidenta sobrelleva desde la muerte de su compañero, en octubre pasado. Se agrega que con Néstor Kirchner formaban, además, una sociedad política con roles diferenciados. Ella carga ahora sobre su estado emocional el vínculo con sus hijos y el peso de cuidar la integridad del poder que ostenta, además de ejercerlo. No suena extraño, entonces, que diga: "Estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante".El cargo de presidente de la Nación supone una mayúscula complejidad, que debe ser asumida por quienes se postulan voluntariamente para ocuparlo. Ese cargo se ejerce en las condiciones que la realidad ofrece, sean favorables o no. Las naciones tienen períodos de características diversas, buenas o malas, de guerra o de paz, de armonía o de convulsión social.Si la Presidenta, para seguir en la Casa Rosada, pretende que el cargo la aloje en un lecho de rosas o que la realidad sea como ella quiere, es probable que tenga que enfrentar un desafío todavía mayor que el actual.

