Temas del día:

Quiénes y cuándo

“Rock around the clock”. Presentando a Maurice Micklewhite. Andate al Sorocabana a tomar un cafecito. Daniel Salzano.

13 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

“Rock around the clock”

Lo veías en clase, voluntariamente perdido entre los demás, y lo último que se te hubiera ocurrido era ponerle una ficha al casillero de Bill Haley, gordo/gordito de frente despejada y brazos cruzados cuyo único toque de distinción consistía en usar camisas a cuadros.

Hacía un chiste, nadie se reía y ya no volvía a hacer un chiste en el resto del año. Ese es el tipo de gordo/gordito que era Bill Haley, nacido en 1926, en Detroit, cuya pose habitual consistía en apoyar un pie en la pared y esperar la campana del recreo.

A estas alturas, hace mucho que deben de haber desaparecido los salones juveniles donde su generación se reunía alrededor de los amplificadores de una orquesta para bailarines del sábado a la noche: los más audaces se desajustaban la corbata y los demás esperaban que sucediera algo que nunca sucedía.

Entretanto, sin nadie que lo guiara, Bill, Billy, comenzó a tocar la guitarra y a convertirse, por descarte, en número puesto de los conjuntos de música country que debutaban los viernes y los lunes ya estaban separados.

Grabó como suplente un par de discos de relleno y, en lugar de desertar, perseveró como chingui chingui, dándole con el fierro a la mezcla de estilos, hasta que en 1951 fue a tocar a un baile, en Filadelfia, y de rebote descubrió en el sonido negroide de la costa este su propia lámpara de Aladino. No era rock and roll, todavía, pero lo cierto es que la gente seguía bailando con la cabeza cuando el cuerpo, hecho pedazos, no podía hacerlo.

A partir de ahí, una cosa llevó a la otra: fundó su propio grupo con financiación de las arcas parroquiales y, si él se llamaba Haley, ¿de qué otra manera podían llamarse los demás sino Los Cometas?

Bill Haley cantaba canciones que excluían cualquier referencia sexual y usaba con cierta autoridad la jerga negra, pero tenía la voz blanca, blanquísima. O, lo que es lo mismo: se le entendía todo lo que decía. “Alguna parte tuya tiene cuerda / como un reloj / y si se rompe / es imposible comenzar de nuevo / nena”.

Firmó contrato para el sello Decca, y en 1954 grabó un 78 con un tema que si ahora mismo yo tarareara, ustedes dirían: ¡ah, ese!

Se llamaba Rock around the clock (subtitulado ocasionalmente como El rock del reloj) y en el ranking de 1954, entre los 10 primeros, figuró en el sexto puesto.

Sin embargo, un año después, nena, el tema se convirtió en la contraseña de una película –Semilla de maldad– sobre la violencia de los nuevos adolescentes; y entonces los chicos dijeron, bueno, por fin algo que podemos comprender, y fue como si todos, al mismo tiempo, hubieran visto pasar un mono en un tranvía. Nunca se había visto nada semejante.

Yo estuve en el Cine General Paz cuando la película se estrenó en Córdoba, con una cola de vándalos de pantalones cortos controlada por el cuerpo de Bomberos.

El sol del trasnoche nos daba en la cara y nos movíamos, ondulantes, como los botes de alquiler del Parque Sarmiento.

Lo que queda es lo que ves, nena, alguna parte tuya, una hermosa fotografía.Presentando a Maurice Micklewhite

Y  si, al preguntarle el nombre del actor que hace de mayordomo en la última película de Batman, vuestro padre suelta una memez como que lo tiene en la punta de la lengua, entonces, niños, deberíais levantaros de la mesa y abandonar el hogar dando un portazo.

Y es que nadie, padre o no padre, debería ignorar a estas alturas que el mayordomo de la última de Batman es un actor que se llama Michael Caine, que lleva talladas unas 100 muescas en las culatas de su filmografía y cuyo nombre figura en el examen de ingreso al paraíso.

Si, por ejemplo, ignorás su nombre verdadero (¡Maurice Micklewhite!), o no sabés que nació en 1933, en Londres, del lado del Támesis, donde nacen los genios (Hitchcock) y los pordioseros (Chaplin), entonces Dios presiona un botón y pasás como por un tubo en dirección al infierno.

He aquí, niños, dos datos de su vida que sólo conocemos él y yo:

1) Las clásicas bolsas que confieren a su mirada un aura de atún sexy y metafísico provienen de una blefaritis mal curada que durante su niñez y adolescencia lo convirtieron en un infeliz frente al espejo.

2) Pero eso no era todo porque, además, cargaba con la cruz de unas perneras de metal con las que trataban de enderezarle las rodillas. Ojos de atún y patas de catre.

Y todo esto lo sabemos él y yo porque en 2000 escribió su biografía y de los 10 ejemplares que llegaron a Córdoba yo compré uno y los nueve restantes aún permanecen apilados.

Sólo ambos sabemos, entonces, lo que tuvo que pasar antes de transformar su pringosa materia prima en la base de un actor que, como decía Gardel en su tango más famoso, todo todo lo ilumina.

Cuando viajó a Hollywood por primera vez, advirtió que las paredes de las estrellas estaban tapizadas con retratos de ellos mismos, pero que las paredes de los productores estaban tapizadas con originales de Picasso. De esa observación provienen en línea recta dos de sus mayores berretines: el arte y los morlacos. En serio: Caine es de los que, para firmar un contrato, viaja acompañado por las obras completas de Shakespeare, media docena de abogados y un revolver de caño recortado que disimula entre los pliegues del perramus.

No os diré que le roba la película al Murciélago, niños, pero cada vez que aparece es como si en la Núñez se descompusieran simultáneamente todos los semáforos. Caine, el mayordomo, es el único, de todos los personajes que rodean al Murciélago, que sería capaz, como a un hijo, de llevarlo de la mano. Y también el único que el héroe encontrará en su lugar cuando, alguna vez, sobrado de aventuras, vuelva a casa.

Para eso existe la crítica de cine, niños, para retorcerle el pescuezo a la retórica y señalar el camino de la vida.Andate al Sorocabana a tomar un cafecito

Lo mejor / consiste en trazar una línea en el medio de la hoja / un esternón / para escribir lo mejor y lo peor / uno de cada lado.

Lo mejor es empezar pegándole cuatro gritos al corazón (el lugar donde vivimos encerrados) / un músculo invertido que crece del cielo / cubierto de pétalos / los pétalos se caen con los años / eso es lo peor / cuando el corazón se sacude como un vidrio flojo / y pone los ojos en blanco / entonces hay que dibujar otra línea / horizontal / para recoger / los pedacitos.

A mí lo que más me gusta es el corazón cuando se pone a dar órdenes por la calle San Jerónimo: / ¡Andá al Sorocabana a tomar un cafecito! / ¡Sentate del lado de la ventana! / ¡Mirá a la gente! / ¡Golpeá el vidrio con la punta de los dedos! / ¡Pst! / ¡Eh! / ¡Eh!

Lo peor es por la noche / antes de dormir / cuando te pide que no lo dejes solo / tiene miedo / el músculo invertido.

Lo mejor en 1944 fue Rita Hayworth / Gene Tierney en 1948 / y Ava Gardner en 1949 / hasta los 10.

Y ahora agregaría entre lo mejor de lo mejor / a las cosas que están ahí y que de tanto estar ahí van desapareciendo / las medias de lana con el rombo en el tobillo / la estatua del Dante / la procesión de las Tres Marías abrevando en el Suquía / un libro de Whitman en el baño / y las películas que nos pasaban en la escuela: / Chaplin guardaba el pucho en una lata de sardinas y se acostaba a dormir en el interior de una bañera.

Entre lo mejor y lo peor / está la orquesta del Titanic / con una aureola alrededor de la cabeza / yéndose a pique sin descuidar la partitura / lo último que tocaron fue Pobre mariposa / fox.

Y ahora hablemos de lo peor / lo primero que me viene a la cabeza / es cuando apagaban las luces del hospital / todas las luces / entonces yo comenzaba / a ordenar todas las calles por abecedario / A de Argandoña / B de Baigorrí / C de Cochabamba / D de Derqui / recién cuando salía el sol / sabía si estaba vivo o muerto.

Tampoco es bueno que un chico te ofrezca una estampita / y ni siquiera lo mires a la cara / o digas mm / esas dos emes son lo peor / esto es lo que le pasa a todo el mundo / al principio uno se hace más grande / y sabe cada vez más / hasta que algo empieza a andar mal / y se recurre al juego de las emes / señal que uno ha dejado de crecer.

¿Y l’amore? / de l’amore se puede comenzar a escribir en cualquier parte de la hoja / es terrible / doloroso / murmulloso / se atasca como un motor / resopla / el amor es un toro / un caballo de oro / el amor es amor / es lo único que puede ser / a veces esta ciudad me produce un amor envenenado / le doy la espalda / le digo me voy a mandar a mudar / la amenazo con los dientes / eso es amor / parezco un patovicas / con los puños cerrados / a la salida del colegio.

Lo mejor es escribir a toda velocidad / con los ojos vendados / sin red / dejando que los dedos pongan los puntos y las comas y los guiones y las barras / mientras yo / sentado al comando de una nave / participo en la guerra de los diptongos y volteo los marcianitos que amenazan con invadir la Nueva Andalucía.

Concluyendo: siento no haber sido más hombres / y otros / y otros / y muchos más.