Quiénes y cuándo
Jane Austen. Aquello que nos rodea. “Sorry”. Daniel Salzano.
Jane Austen. Los libros de Jane Austen (1775-1817), que entró a la historia de la literatura como la madre (acaso la tía) de la moderna novela inglesa, pueden relacionarse entre sí porque son agudos, certeros y divertidos, pero también porque si te llegás a dormir y se te caen, producen tal estampida al golpear contra el piso de madera que los gatos huyen del hogar y nunca más regresan.Sus libros son tan gordos y robustos como ella era de menuda y livianita, como si le faltara brazo para llenar los guantes y le sobrara cráneo para ocupar la cofia con puntillas. Ojalá pudieran verla tal como yo la veo ahora, retratada en blanco y negro en el Espasa, con los ojos oscuros, enormes y a punto de llorar.En el escalafón social de fines del siglo XVIII, los Austen figuraban en la mitad de la tabla: un abuelo sastre, un primo fraile, media docena de soldados y –sujetas a las frágiles ramas del árbol genealógico con broches de colgar la ropa– las mujeres de la familia: teoría y solfeo, clavicordio, mayonesa de aves, orapronobis, crema a la menta y clases de bordado.Lo más audaz que hacía Jane en la semana era darse una biaba de valses durante las domingueras retretas populares. Después volvía a casa y se apilaba sobre un escritorio de nogal para escribir como si fuera a disputar la corona literaria de los moscas.Todavía resulta difícil saber de dónde sacaba tanta historia: era tímida, metódica, hogareña y si las circunstancias de la vida le arrimaban un aspirante sentimental, cerraba los ojos y desaparecía.Eso sí, leés cualquiera de sus novelas –supongamos Emma, supongamos Orgullo y prejuicio– y te provoca una emoción tan inesperada y tan profunda que quisieras que jamás se disipara.Los libros de Jane Austen crean hábito y generan dependencia. Novelas de amor. Novelas sentimentales. Novelas de chicas. El perceptible afán de amar y ser amado, el espejismo del galán perfecto y la intuición –nada más que la intuición– de la carne gloriosa al final de la aventura. La chica más menuda y discreta de los Austen tuvo para sí misma la muerte de cualquiera de sus personajes: soltera, virgen y tuberculosa. Tenía 40 años, comenzó a escribir a los 19 y ahorraba los escasos billetes que recibía por la publicación de sus relatos en las páginas de un libro de ejercicios espirituales.Ella misma se describió a la perfección con una frase de insólita brevedad: "Llaman y voy."Leo en el diario que en el mes entrante, en un canal de tres dígitos y a una hora en la que el músculo duerme, proyectarán una (otra) versión cinematográfica de Orgullo y prejuicio. No sé si es buena o mala. Ni conozco el nombre de sus intérpretes. A esta altura sólo soy un escritor aterrorizado ante el inmenso poder del arte.Todo lo que sé es que escribo sobre Jane Austen sin sacarle los ojos de encima a la imagen del Espasa. Las teclas de la máquina de escribir, por el camino, producen unos sonidos maravillosos.
Aquello que nos rodeaMe escribe la señora Esejotajota / del Cerro de las Rosas / para decirme que me lee / todas las semanas / y que se siente preocupada / porque no hago otra cosa que morir / y eso no es bueno para ella porque lee / ni para mí.Querida señora / seré breve / es probable que yo escriba / muy seguido / de la muerte / la muerte me interrumpe y me obliga a estar callado / pero la verdad / señora / es que yo muerto / no me veo."El poeta fabrica vestidos de seda con gusanos" / palabra de Wallace Stevens / bardo.Lo que sí puedo decirle / es cómo me veo.Yo me veo / ahora mismo / caminando por la calle Rivadavia / escuchando el terrible sonido del dinero/ visitando amigos / volviendo a mi casa tarde / por la noche / me veo dando vueltas alrededor de la plaza en dirección contraria a las agujas del reloj / y escribiendo con las manos en los bolsillos.Es un extraño coraje el que me da escribir / señora / pero ni muerto / ni nada.Me veo tardando media hora / antes de poner un disco de Sinatra y haciendo patria con lo que tengo a mano.En eso me gasto la vida / señora / en poner nombres: / a la calle 9 de Julio la llamaría León de Francia / a 25 de Mayo la llamaría Hombres por Miles / y yendo un poco más allá / Esejotajota / me gustaría vivir en la calle del Agujero en la Media dos 79.Me veo huyendo del odio / caminando como Paul Newman en el Palace / o subido a una silla del bar Sorocabana / haciendo preguntas a la gente / ¿quién viene conmigo? / ¿quién me acompaña?Me veo ganando un millón de dólares en un programa de preguntas y respuestas / ¿quién compró un encendedor Omega a las 6 de la tarde y se puso a practicar sobre la tapia del Belgrano hasta que se le acabó el gas a las tres de la mañana? / Yo.Y ya que empezamos / terminaremos con Stevens: "Somos exactamente / aquello que nos rodea" / señora.
"Sorry" Siento no ser más aquel muchacho que practicaba en secreto cómo anudarse la corbata de su padre / la corbata había sido fabricada en Italia con la seda de gusanos a lunares y era ideal para las grandes ocasiones: casamientos, bautismos, comuniones.Tengo una cosa más para decir de la corbata: / la primera vez que subí a un avión me tocó viajar al lado de Arturo Umberto Illia / yo llevaba puesta la corbata a lunares / y él conservaba el secreto de los hombres que dominan la crema de afeitar.Siento no haberme lanzado nunca en paracaídas / juraría que estaba hecho para eso / me hubiera gustado lanzarme sobre el lote que mi papá tenía en barrio Patricios y caer de pie / como un actor de la Segunda Guerra / como una mariposa / lamento no poder decir una sola palabra más sobre mariposas.Siento que debería haber fumado un poco más / toda una vida sujetando el cigarrillo como una pinza entre los dedos / tomando café en la barra del Sorocabana / quiero decir que fumaba y no pensaba / ahora / que he dejado el cigarrillo / merodeo sin rumbo entre los restos de la noche / y merodeo por los canteros de la plaza / como un gato solitario.Siento haber regalado mi encendedor / un Zippo al que nadie podía sacarle los ojos de encima.Los Zippo se abren con la onomatopeya de un revólver /y se cierran con el sonido de un tren / lo siento, Zippo.Siento haber tomado algunas decisiones equivocadas / como cuando consulté el diccionario para saber si existía la palabra chapulín / existe / lo siento, Chapulín.Siento no haber visto pelear a Rocky Marciano / ni siquiera por la tele / él decía que lo primero que un boxeador debe aprender sobre el ring es a caminar para atrás / me gustaría saber hacerlo / es como mejor se ven las luces de la ciudad.Siento no saber de memoria nada más que dos o tres boleros / siento no recordar si era Armando Manzanero o Lucho Gatica el que cantaba: "El amor no resuelve nada / pero siempre acerca un poco más".Siento no haberme acercado un poco más.Siento que haya desaparecido la moda del sombrero / me hubiera gustado llevar uno igual al de Jerónimo Luis de Cabrera / el espadachín mayor de la ciudad.Siento no poder escribir mejor / últimamente se me ha puesto que una partícula de esta ciudad desaparecerá si no escribo la columna de los sábados / se trata / obviamente / de un típico error de jubilado: / a Córdoba no hay forma de borrarla / no tiene compostura / resopla y te lleva por delante como un rinoceronte / lamento no poder decir una palabra más sobre rinocerontes.Siento no tener un hermano menor para llevarlo al colegio / de la mano.Siento que si no lo cuento ahora mismo, reviento: esta mañana un tipo me paró en la calle Buenos Aires y me preguntó si yo era Salzano el de La Voz / lamento no tener una camisa del talle 48 porque /francamente / se me ha duplicado el corazón.Siento no haber sido otro hombre / y otro / y otro / y muchos más.

