¿A qué se opone la oposición?
El peronismo ha ganado por mucho y es fuerza monopólica en los distritos en que peor ha gobernado: el norte feudalizado; la Patagonia desierta y extractiva; el devastado conurbano.
Raro país la Argentina. Extraño territorio donde los mismos oficialistas que cuando Horacio Rodríguez Larreta ganó el balotaje porteño con más de la mitad de los votos se burlaron de su "derrota" anunciaron el "contundente triunfo de Scioli", que tuvo una performance por debajo de las grandes derrotas peronistas (40 por ciento de Ítalo Luder frente a Raúl Alfonsín y 39 por ciento de Eduardo Duhalde frente a Fernando de la Rúa) y sacó menos de lo necesario para evitar el balotaje. Presos de un pesimismo injustificado, muchos salieron a criticar a Mauricio Macri por no haber acordado con Sergio Massa. Con los votos de ambos, juntos, se le ganaba al kirchnerismo, argumentaron, y aconsejaron algún pacto tardío para que Massa se baje en octubre. Como si viviéramos en el siglo 20 y se pudieran transferir los votos de un candidato a otro de forma automática.En cambio, lo obvio, lo evidente, es que la buena elección de Massa y su subsistencia como oferta electoral de peso no necesariamente fueron ni son una mala noticia para Macri ni una buena para Scioli. Depende de adónde se crea que hubieran ido los votos de Massa y de José Manuel de la Sota si UNA no existiera, que es lo mismo que preguntarse adónde irían en octubre en caso de una renuncia de Massa a su candidatura.
El dilema
Los cuatro millones y medio de votos de UNA, ¿son votos opositores o peronistas? Nadie lo sabe, pero dos cosas son fáciles de entender: 1) si fueran a Macri, difícilmente le permitirían ganar la elección en primera vuelta, y 2) basta que un tercio de ellos vaya hacia el Frente para la Victoria (FPV) para que en primera vuelta gane Scioli.
Si bien tanto para Macri como para Scioli es obligatorio intentar pescar en el electorado de UNA, bajar a Massa es, por lo menos, un arma de doble filo.
Esto nos devuelve a la pregunta del título: ¿A qué se opone la oposición? ¿Al kirchnerismo o al peronismo? Y bien, los analistas políticos se dividen hoy entre quienes ven estas elecciones como kirchnerismo versus oposición y quienes las vemos en la óptica peronismo versus oposición.
Asunto crucial, ya que si se las ve como kirchnerismo versus oposición, entonces Massa divide el voto opositor. Pero si se las ve como peronismo versus oposición, entonces Massa divide el voto peronista.
¿Cuál es la perspectiva apropiada? Desde luego, no la que prefiere nuestro corazón sino la que dicta la realidad, que es esta: decir que una caída de Massa beneficiaría a Macri es afirmar que ni siquiera un tercio del total se correrá hacia Scioli, que es lo que el FPV necesita para superar el 45 por ciento y ganar en primera vuelta. Una apuesta arriesgada.
Por supuesto, nadie puede dar al problema una respuesta definitiva, pero afirmar que con Massa bajándose de la candidatura presidencial la elección estaba resuelta a favor de Macri es, por lo menos, una lectura sesgada.
Mejor harían los directores de la campaña opositora, según creo, en observar las razones de la resurrección massista, que no se basó en una actitud amigable hacia el peronismo sino en una buena y visible relación con su aliado De la Sota; un cambio de eje del discurso hacia la inseguridad, la corrupción y el crimen organizado; una decidida actitud opositora y un tono firme y seguro del candidato, con menos miedo a perder votos que voluntad de ganarlos. Cosas que han faltado en estos meses en Cambiemos.
Cambio de estrategia
En un mundo en cambio acelerado, nada fracasa mejor que los antiguos éxitos. La estrategia de “ir solos” y el tono propositivo y no conflictual de la campaña, que fueron tan útiles a Macri para avanzar hasta aquí, parecen haber llegado a su límite.
Hoy es al menos contradictorio el mensaje de quienes aconsejan mantener una actitud de blandura opositora. Primero porque si hay posibilidades de que el FPV gane en primera vuelta se la debemos al emblema insigne de esa estrategia: el Pacto de Olivos, que habilitó este balotaje trucho hecho a la medida del peronismo.
Segundo porque el primer problema de la política no se plantea en el eje “derecha o izquierda”, sino en el de “gobernabilidad o caos”. La sociedad que emergió del diciembre trágico de 2001 quiere cualquier cosa menos un nuevo y dubitativo De la Rúa. Sabedora de que el peronismo bombardeará a cualquier candidato opositor apenas asuma, necesita demostraciones de coraje y firmeza de carácter, más que ninguna otra cosa.
Tercero, la blandura frente al peronismo kirchnerista es innecesaria porque, para aparecer como un líder capaz de empuñar el timón, Macri no debe salir a criticar al peronismo sino, simplemente, mostrarse opositor a la alianza entre el estalinismo kirchnerista y lo peor del peronismo, el bonaerense. Poner el foco en las horribles duplas Scioli-Zannini y Aníbal-Sabbatella.
El rey desnudo
Si ningún opositor dice que el peronismo ha tenido todas las oportunidades y lo ha hecho horriblemente mal, ¿por qué van a votar a otros partidos y no al justicialismo? Por otra parte, llevamos un cuarto de siglo de resignación y no parece que la estrategia de mirar para otro lado haya dado buenos resultados.
La cuestión decisiva de estas elecciones es, por lo tanto, ¿a qué se opone la oposición? Y la respuesta es “al peronismo”, es decir, a su encarnación existente: la alianza pejotista-camporista, sciolista-zanninista, anibalista-sabbatellista, que sigue navegando a pesar de hacer agua, porque nadie se atreve a mandarla a pique.
Una simple observación del mapa electoral muestra la base de su poder y la razón de su agónica decadencia. El peronismo ha ganado por mucho y es fuerza monopólica en los distritos en que peor ha gobernado: el norte feudalizado; la Patagonia desierta y extractiva; el devastado conurbano.
El escándalo de que aún se vote en Argentina con tecnologías de la era preindustrial también lo dice todo. Tecnópolis y listas sábana. Boleta de papel y científicos repatriados. Candidato triunfal pero provincia inundada. El rey peronista está desnudo, pero nadie se atreve a señalarlo.
* Politólogo, periodista

