¿Qué modelo de Brasil?
¿Prefieren sus ciudadanos un Brasil dentro de cadenas de producción global, como una pieza más del tablero, o un Brasil potencia, con todos los costos de liderazgo que ello trae a los ciudadanos?
Como pocas veces se ha dado en Sudamérica, las elecciones brasileñas generan un impacto directo en la definición regional. No sólo se decide la continuidad presidencial del PT o un cambio de línea ideológica: también se determina una noción de país. Se discute una proyección de política exterior y el futuro de la región en los próximos años. La política exterior brasileña no puede entenderse como un aspecto cerrado. Desde el gobierno de Lula, es una política pública que genera fuerte impacto en la formación del ser nacional y el objetivo de país que se desea construir.Existe un liderazgo neto en Brasil respecto de la región sudamericana, marcado por su peso poblacional, producto interno bruto y su balanza comercial. Argentina ha construido su política exterior muy ligada a las nociones del país vecino, basada en la relación con los mercados emergentes, y Brasil es el pionero.Los candidatos presidenciables en esta segunda vuelta muestran modelos de país muy diferentes entre sí, basados en procesos de "mudanzas" y "resurgimiento" de antiguas estrategias internacionales de posicionamiento.Históricamente, Brasil se debate entre dos posiciones: una visión autónoma cerrada o una autonomía relacional. La primera de ellas está basada en el neoliberalismo y en un acercamiento al pensamiento norteamericano. Esta realidad marcó el gobierno de Itamar Franco (1992-1995) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2003). Brasil poseía una posición de relativa importancia en la región latinoamericana y escasa a nivel global.La llegada de Lula da Silva al poder generó un nuevo programa de gobierno basado en consolidar a Brasil como un actor internacional y regional de importancia. La política exterior se basó en "diversificar" socios, el acercamiento a África y su rol en Haití. La cooperación sur-sur es la estrategia que marcó a su gobierno y continuó presente durante el de Dilma Rousseff.Esta estrategia de política exterior se basa en la promoción de los "éxitos internos" del gobierno con las reformas sociales. La gran crítica al modelo Lula-Dilma continúa centrada en las diferencias sociales de Brasil. Con la cooperación sur-sur, se exporta un modelo de cambio y, con ello, las contradicciones del país.Se comienza a observar una idea de Brasil "universal", un mercado de alcance global y una economía creciente. El cambio internacional y los Brics (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ofrece un nuevo marco para la acción.Es en esta contradicción que los candidatos Aécio Neves y Dilma Rousseff han determinado concentrar su campaña. Neves, como heredero de Cardoso, busca regresar a una política basada en recuperar relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea por medio de tratados de libre comercio, sin Mercosur.Dilma sostiene una idea de Brasil "global", aun con las fallas que acarrea un modelo que muestra cierta desaceleración. Las urnas determinarán mañana qué modelo de país desea Brasil mostrar al mundo.¿Prefieren sus ciudadanos un Brasil dentro de cadenas de producción global, como una pieza más del tablero, o un Brasil potencia, con todos los costos de liderazgo que ello trae a los ciudadanos?El alcance de las responsabilidades que estén dispuestos a aceptar los ciudadanos brasileños determinará la política exterior del nuevo gobierno y buena parte del futuro de la región.
*Magíster en Estudios Internacionales, profesora de la Universidad Siglo 21, adscripta en investigación en CEA (UNC)

