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¿De qué me acuerdo?

Irán tiene ­algunos ­méritos que lo hacen único en el concierto de las naciones. Es el único Estado como tal que niega oficialmente el Holocausto. Marcelo Polakoff.

26 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, integrante del Comipaz).
¿De qué me acuerdo?

"En el país del no-me-acuerdo, / doy tres pasitos y me pierdo. / Un pasito para allí, / no recuerdo si lo di. / Un pasito para allá, / ¡ay, qué miedo que me da!”. Me resisto a creer que María Elena Walsh fue sencillamente (¿sencillamente?) poetisa, compositora, escritora, dramaturga, periodista y música. Se me hace que, de haber nacido en otra geografía, y en otra era, hubiera sido profeta, o profetisa, si así lo prefieren.

¿Cómo no encontrar en tantos de sus maravillosos textos, que son una parte esencial de la cultura popular de nuestro país, el anclaje exacto para develar aquello que sucederá?

Ocurre que la gente suele malinterpretar el concepto de la profecía, porque lo asimilan a una especie de predestinación o a una suerte de adivinación con cierta potestad divina. Nada más lejano.

El profeta tenía la cualidad de poder observar con absoluta precisión, y sin censura alguna, el estado más puro y desnudo de su sociedad (básicamente, de su dirigencia) y, a partir de allí, advertir cuáles serían las consecuencias futuras que casi inevitablemente tal estado de cosas conllevaría.

Dicho esto, volvamos a la letra de su canción poema y utilicémosla como diáfana metáfora para revisar de qué hay que acordarse para tener miedo de dar un pasito para allá, cuando de firmar un acuerdo se trata, como el que se está por votar en Diputados entre Irán y la Argentina.

Irán tiene algunos méritos que lo hacen único en el concierto de las naciones. Es el único Estado como tal que niega oficialmente el Holocausto y que organiza eventos al respecto con invitados especiales como el “académico” estadounidense David Duke, exdirigente del Ku Klux Klan, que nunca reparó en elogios para el fantástico (“fanático”, quise decir) ré­gimen iraní.

Es el único Estado del planeta cuyo presidente, en reiteradas ocasiones, vociferó su deseo de borrar del mapa a otro Estado –Israel, obviamente– sin siquiera ponerse colorado. Lo que es innegable es su coherencia, pues ya como alcalde de Teherán se ocupaba de prohibir las publicidades gráficas que mostraban a David Beckham, de cerrar restaurantes de comida rápida y de obligar a todos los empleados municipales a llevar mangas largas y a los varones a usar barba, entre otras tantas acciones dignas de un dictador que no sabe disimular su odio a la democracia, el pluralismo y los derechos humanos.

Este régimen, que se negó durante años y años, por desconfianza a la Justicia argentina, a que varios personajes centrales de su gobierno sospechados de participar en el atentado a la Amia –con el acuerdo y los consecuentes pedidos de captura de Interpol– declararan, ¿ahora colaborará?

“En el país del no-me-acuerdo, / doy tres pasitos y me pierdo. / Un pasito para atrás, / y no doy ninguno más, / porque ya yo me olvidé, / dónde puse el otro pie”.

El otro pie es el que se puso de este lado 
del mapa, que también hay que recordar. Y 
en este sentido, el movimiento positivo que justamente los Kirchner le imprimieron a la cuestión internacional de la causa no debe dejar de mencionarse.

Me acuerdo de los encendidos discursos de Néstor y de Cristina en la ONU, instando con vehemencia y sin anestesia a que Irán entregara a sus sospechosos, tan sólo para que fueran indagados. ¿Dónde pusimos ese otro pie? ¿Ya se olvidaron en el Gobierno de esos gestos de valentía que probablemente quedarán a futuro sellados bajo un enorme manto de ingenuidad, complicidad o sospechas?

Quiero a mi país, pero no quiero este acuerdo, porque no quiero el país del no me acuerdo.