¿Qué es el tiempo?
Si somos fantasiosos pero realistas, nos daremos cuenta de que la peor maldición que puede echarse a alguien es que se cumpla todo lo que desea. Moriría de tedio.
El paso de un año a otro induce a pensar en el tiempo. Se trata de una noción filosófica, cosmológica, teológica, etcétera. En consecuencia, su definición resulta compleja y hace complejo todo lo que se relacione con ella: desde el espacio o el movimiento, hasta el suceder histórico. Este último es más polémico. Cómo será, que se dice que Dios no puede modificar la historia. Aunque hay quienes aclaran que el hombre sí puede modificarla. Y a lo mejor es cierto, pues si Dios no miente, el hombre sí. Aclaremos que Dios no tiene ni está en el tiempo, porque es eterno; pero lo dejemos ahí.Hablar de la duración del tiempo puede ser redundante, pues la definición de duración conlleva en sí el término tiempo. Asimismo, sin dejar el diccionario, digamos que un santiamén puede durar alrededor de dos segundos, ya que es el tiempo que tarda en pronunciarse " Spiritus Sanctus amen ". Es más largo que el onomatopéyico tris, que es lo que dura una cosa al quebrarse. Entre ambos, puede estar lo que dura la acción que lleva el dicho "en menos que canta un gallo".A propósito del tris, ello nos recuerda que un científico explicaba algo de esto y habló hasta del picosegundo (la milmillonésima parte de un segundo) cuando un oyente, queriendo tomarle el pelo, le preguntó: "¿Cuál de estos dos relojes me conviene comprar para tener hora exacta? Uno atrasa un segundo por día y el otro recibió un martillazo por parte del hijito del relojero y no funciona".El disertante respondió: "Para tener hora exacta, conviene elegir el que fue martillado, pues si no funciona, indica la hora exacta dos veces por día. En cambio, el que atrasa un segundo diario indicará la hora exacta una vez cada 150 años".Para todos los seres humanos, al aproximarse el momento de cambio del año, hay un minuto en que explota la alegría luego de una cuenta regresiva en segundos. Pero el corazón se nos estrecha al pensar que simultáneamente hay distintos lugares del planeta en los que la alegría no aparece. ¿Qué pasó con ellos? Si es cierto, como dicen, que a menudo un instante de dicha borra muchos años de infelicidad, ¿dónde se fue ese minuto de alegría? Desde luego que tal involución obedece a distintos factores, como inseguridad económica, frustración profesional, aislamiento...Este año, por desgracia, en nuestro país habrá gente en soledad o sin mucha alegría por haber perdido un familiar o sus bienes de la manera más arbitraria. Frente a ese panorama abstruso, absurdo y repentino, podríamos pensar en socorrer a dichos seres para que sorteen ese territorio de penumbras.En el momento del brindis, cuando se desea que se cumplan todos los deseos, si somos conscientes sabremos que debemos limitarnos en nuestras ambiciones y nuestros deseos desmedidos frente al prójimo porque, de otra forma, jamás seríamos libres. En efecto, si somos fantasiosos pero realistas, nos daremos cuenta de que la peor maldición que puede echarse a alguien es que se cumpla todo lo que desea. Moriría de tedio.Por otra parte, el tiempo que transcurre sin interrupción nos hace meditar sobre la muerte. Pero no debemos olvidar que, como la muerte, hay otro gran desconocido que es el amor. Que el anciano, sentado frente a su casa, o bien frente a su rancho en la villa de emergencia, si ha madurado rodeado del afecto de los suyos, jamás se sentirá en soledad, porque nadie podrá despojarlo del hermoso paraíso de sus recuerdos, que lo ayudan a mirar con serenidad el año que se avecina.
*Periodista

