Temas del día:

Privilegios y estigmas de la gran frontera

Donde se disputa tanta trata de personas y tanto tráfico de drogas, puede pasar que se asesine a 72 personas que no encontraron la puerta al sueño americano. Alejandro Mareco.

29 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Privilegios y estigmas de la gran frontera

Vivir al lado de la frontera sudamericana con Estados Unidos acaso tenga poco de privilegio y mucho de estigma con tragedia incluida. Pero las cosas también pueden ser vistas de otro modo: la quimera de millones de mejicanos es cruzarla para encontrar un lugar en su segunda patria.

Es que no sólo van en busca de la oportunidad soñada, sino también a encontrar el amparo y consuelo de tantos compatriotas y familiares que ya se fueron antes, y donde su cultura ha adquirido tanto protagonismo que incluso es de exportación. Los mejicanos, "conquistando" de modo subrepticio los Estados Unidos, han conquistado de alguna manera el mundo. Esto puede verse en cosas sencillas como que la elemental comida mejicana pueda plantearse (y cobrarse) como especial, incluso en bares de barrio de una lejana ciudad al sur (si es que tomamos el globo) como Córdoba.

La moda que se estableció aquí y en miles de lugares es reflejo de la moda establecida en Estados Unidos, y no tanto un reflejo del México profundo. Mientras en las películas de Hollywood las historias se sigan narrando en ambientes de clase media bien satisfecha, al menos en cuanto a la tecnología doméstica, la ansiedad por el consumo puede ser resuelta por los paradigmas del confort y ya no hace falta ser millonario ni famoso para sentirse realizado; tal vez basta con un televisor de plasma grande y un secarropas (y que no se crea que eso es poco cuando se viene de hogares donde no se tiene ni agua a mano). Claro, las películas (y todos los otros contenidos de la ficción norteamericana que llegan por la televisión por cable), cuenten la historia que cuenten (amor, sangre o dinero), están hechas para promocionar una sociedad que se presenta a sí misma como extraordinariamente venturosa.

La encrucijada de Estados Unidos es que necesita promocionar su modelo primero ante su propia sociedad, pues la quimera del "sartenazo" social (esto es, un golpe de talento o suerte individual que lleve a la cima) ha funcionado como contención frente a las desigualdades internas (el concepto es que uno escribe su propia suerte y nada tiene que ver el lugar en el que lo ha puesto la sociedad), pero a la vez es un poderoso imán para los pobres emigrantes del mundo. Después, claro, aparecen estados que dictan leyes para detener sin más a los que no parezcan blancos. Desde esa ventana, México puede ver su frontera como un privilegio. Por eso es que los más desgarrados emigrantes llegan a ese país donde hay una posibilidad de dar el golpe y pasar como ilegales a Estados Unidos. En ese país revuelto por la frontera, donde se disputa tanta trata de personas y tráfico de drogas, puede pasar que se asesine a 72 personas (hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y hasta un brasileño) que no encontraron la puerta abierta al sueño americano sino la pesadilla de las mafias.

Frente a eso, lo único que se puede hacer es celebrar que gran parte del continente está tratando de darse un destino propio.