Las prioridades..., sí, las prioridades
La elección de prioridades en obra pública de la última década tiene un sorprendente condimento de insensatez, improvisación y falta de interés en el bien común. Eduardo Bischoff.
La fuerte alza en los ingresos, que aumentaron en más de seis puntos porcentuales por encima del gasto corriente, ha sido la base para sostener el leve superávit fiscal que el Gobierno de Córdoba intenta presentar como muestra de eficiencia. Además, ese excedente fue beneficiado por la ayuda del Estado nacional y, sobre todo, por el ocultamiento de los números negativos, que fueron encubiertos con deuda flotante y atraso en el pago a proveedores. Este análisis sobre la deuda se agrava en forma notable cuando se le introducen las cifras deficitarias de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec), que en su área Generación, como en empresas similares, dio notables pérdidas, y del Banco de Córdoba, otra Caja de Pandora con incierto resultado. En obra pública. Pocas veces, y como repetición de la conducta de las administraciones que tuvo la Provincia en los últimos años, las prioridades en la obra pública fueron tan a contramano de lo que el pueblo de Córdoba necesita para afianzar el crecimiento sostenido de su industria, la competitividad de sus emprendimientos y, sobre todo, la tranquilidad de que el futuro tiene bases sólidas para mirar con menos temor el humor del gobierno nacional de turno. El Poder Ejecutivo de Córdoba ha priorizado hacer crecer su deuda, asumiendo, por caso, los compromisos de pago de la Central Bicentenario de Pilar, cuando la casi totalidad de las grandes obras generadoras de energía –las centrales General Belgrano y General San Martín, sobre el río Paraná, la usina atómica Atucha II y la central térmica Río Turbio, entre otras– fue soportada por el Tesoro Nacional, por más de 2.300 millones de dólares. Y no me digan que es para asegurar la electricidad para Córdoba, cuando el sistema de 500 megavatios ya ha asegurado el anillo nacional.Es muy evidente que el Gobierno de Córdoba ha priorizado la construcción de la nueva sede administrativa antes que avanzar de manera sensible en la entubación del canal Los Molinos-Córdoba, que pierde más de la mitad del caudal de agua que conduce en el cruce del río Anisacate y otro tanto en el tramo a cielo abierto. Tenemos la seguridad de que la zona sur de la empresa proveedora de agua podría expandirse con tranquilidad hacia parte de la zona norte, aliviando el consumo que se toma del lago San Roque, mientras se encaran obras de saneamiento de su cuenca, también postergadas. Tenemos que recordar que las empresas ubicadas en la cuenca lechera más importante de la Argentina están esperando el gas natural para afirmarse en su competitividad y poder acceder con solidez a los mercados extranjeros. En ninguna obra se observa el trabajo durante las 24 horas que se puede ver en el desarrollo del nuevo Centro Cívico de la ciudad de Córdoba.¿Saben los cordobeses que de los más de 3.600 millones de pesos gastados en obras públicas, muy pocos se utilizaron en reparación de caminos rurales? Y no hablar de las autovías a San Francisco y Río Cuarto, 9 Norte, etcétera, que sólo quedan en estudios y anuncios marketineros. ¿Podemos hablar de inversión en educación, cuando en la mitad de las escuelas las clases se iniciaron con dificultades y permanentemente nos sorprenden con tomas los padres de alumnos? ¿O en salud pública, en la que conseguir que la población marginada sea atendida con dignidad es una utopía? La elección de prioridades que hizo el Gobierno provincial en la última década tiene un sorprendente condimento de insensatez, improvisación y falta de interés en el bien común.

