Preguntas y dilemas de un año clave
Hay, en la oposición de centro y de centroizquierda, temor de cuestionar la política económica del Gobierno, lo que recuerda el excesivo miedo que tuvo la Alianza en 1999 de criticar la convertibilidad. Mario Fiore.
Primera pregunta: ¿cómo hará la oposición para demostrar que el Gobierno se equivoca cuando la acusa de no tener un plan, si está enredada en peleas intestinas pre-electorales? Segunda pregunta: ¿alcanzará para que la mayoría de la ciudadanía se decida por un cambio de rumbo si la propuesta de la oposición sólo consiste en corregir los errores que ha cometido el kirchnerismo en economía y añadir a esto un poco más de institucionalidad? Quedan sólo nueve meses para las elecciones presidenciales y muchas dudas se desprenden de estos dos interrogantes.Hasta ahora, los grandes problemas económicos y sociales del país quedaban ocultos frente a la evidencia de un crecimiento del producto interno bruto a tasas chinas durante ocho años, el superávit fiscal y comercial y un mercado interno fuerte y voraz. Por eso, nadie en el Gobierno, pero tampoco ningún dirigente de la oposición con alguna chance electoral, se atreve a proponer cómo atraer más inversiones (para poder satisfacer el consumo de bienes y servicios) sosteniendo –como hasta ahora– una receta económica que conlleva una inflación del 30 por ciento, lo cual aleja toda previsión posible para cualquier inversión. ¿Sólo más orden? El gran desafío de todos los partidos políticos en este año electoral debería ser elaborar un proyecto de país superador, más inclusivo y equitativo. La Presidenta no demuestra interés genuino en cambiar el rumbo de la economía (nadie prevé una nueva estructura tributaria, por ejemplo) y, en la vereda contraria, peronistas disidentes y radicales no pueden comunicar de manera cabal en qué consisten sus planes para la Argentina que viene, si es que los tienen. Sólo aparecieron ideas generales acompañadas por eslóganes para posicionarse en los medios de comunicación. Si se trata de lo mismo pero con más orden, como postula Eduardo Duhalde, o de más o menos lo mismo, pero con respeto a las instituciones, como dicen los líderes de la UCR, ¿por qué cambiar?Hay, en la oposición de centro y de centroizquierda, temor por cuestionar la política económica del Gobierno, lo que recuerda al excesivo miedo que tuvo la Alianza en 1999 por modificar el modelo de la convertibilidad, pese a que era a todas luces un gran fracaso.Hasta que murió Néstor Kirchner, la oposición creyó que le bastaba con ser antagonista para llegar al poder en 2011. Pero hoy, con en el nuevo escenario, tiene la obligación de explicar qué hará en caso de ganar y dar garantías de gobernabilidad.El economista Ernesto Kritz –analista de las relaciones laborales y del mundo del trabajo– dijo en una entrevista en la que criticó la ausencia de una política antiinflacionaria, algo que muchos de sus colegas y empresarios sostienen con pesadumbre: "Leí hace poco un reportaje a (Ernesto) Sanz y no vi que tenga mucha diferencia con el Gobierno en materia económica; es sólo una cuestión de modales. No creo que la oposición tenga una estrategia antiinflacionaria". Puertas adentro. Mientras nada de fondo pareciera que vaya a modificarse después de un año electoral que será agotador, el operativo clamor está firme en las filas del oficialismo y nadie duda de que la presidenta Cristina Fernández buscará su reelección. Mientras los opositores se pelean entre sí, el kirchnerismo está hoy más preocupado por lo que pasa en todo el peronismo gobernante que por lo que acontece en la oposición. Con la continuidad de Cristina en la Casa Rosada y de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, el oficialismo parece haber hallado una convivencia hasta que pase octubre. Pero que la principal discusión sea hoy quiénes serán los vice de la primera mandataria y del gobernador indica que el equilibrio es dificultoso y que la batalla final arrancará después de las elecciones. El kirchnerismo más duro e ideologizado, que tomó aun más fuerzas desde que la Presidenta enviudó, quiere poner a uno de los suyos como escolta de Scioli. El inefable Carlos Kunkel, al opinar sobre esta disputa, señaló al ex motonauta como un aliado y no como parte del modelo K. El peronismo más ortodoxo, que expresan los caudillos del interior, pretende que sea uno de estos líderes más conservadores el segundo de la Presidenta. En voz baja, en el PJ oficial que supo conducir Kirchner, todos dan por ganada la batalla electoral y se preparan para la guerra cotidiana por el poder real, que se iniciará a fin de año, cuando comience el turno del nuevo gobierno.

