Por qué se celebra el Día de la Música
Santa Cecilia fue apresada por los romanos por haberse convertido al cristianismo. Herida de muerte, cantaba mientras se desangraba. Arnaldo Pérez Wat.
Para Platón, el Universo consiste en un reino inmutable de ideas y materia. Lo que se percibe por los sentidos es un mundo irreal, un mundo de imitación. Esta imperfección radica en la imposibilidad de plasmar las ideas perfectas sobre la materia, que, como es imperfecta, las deforma. Las ideas nunca fueron creadas, sino que existieron con esa perfección desde el principio. Hay una jerarquía ontológica en ese Universo; esto es, una jerarquía respecto del ser: primero están las ideas; mucho más abajo, las cosas, digamos esta silla, que tiene menos ser; y menos ser todavía tienen las imágenes –que son copias– de la silla. En consecuencia, el arte tiene un valor ontológico nulo. De ese modo, un artista como Fidias, que pinta esa silla, es un croto, porque hace una copia de una copia de lo que está en el mundo de las ideas. Y si volvemos a subir, más arriba de él está el artesano que la hizo, un semicroto, porque trabajó con sus manos un objeto sensible. Más arriba está el que habla científicamente de la silla; y más arriba aun, el filósofo cuando alude a la realidad –idea– de esa silla. En Atenas, no hemos visto calle Sócrates, Platón ni Aristóteles, pero sí una con el nombre de Fidias.En esta jerarquización, el único arte que se salvó fue la música. Platón fue influido por los pitagóricos que veían matemáticamente las relaciones entre los sonidos de la lira, que relacionaban las siete cuerdas de ese instrumento con las siete esferas del mundo. Y que sostenían que a la música o armonía de estas esferas no la notamos porque la estamos sintiendo desde nuestro nacimiento. El primer lugar. En La República, Platón explica que la música introduce armonía en los ciudadanos; que forma almas puras y armónicas; que no se pueden modificar los tonos sin alterar los cimientos del Estado. Y que, antes de que el niño sepa lo que es la armonía, ya la música torna armónica su alma. San Agustín, en La Ciudad de Dios , afirma que la armonía asegura la unidad de la ciudad bien ordenada. Pero en el cristianismo sigue habiendo una tremenda desconfianza por el arte, que exige placer sensible. Aunque ve a la música como un camino de perfección, en sus Confesiones , cuando tiene que autorizar que se cante en las iglesias, se le escucha dudar: que si cantan en voz baja, que si en grupos, que si se ocasionan desórdenes... pero, al fin, autoriza. Con semejantes nenes –Platón y San Agustín–, la música tuvo un peculiar desarrollo en Occidente, paralelo a su concepción religiosa. Después de la muerte del santo, después de un milenio y medio de cánticos en los templos y de trovadores en las calles, recién en el siglo XVIII aparece la "música profana": sinfonías, óperas, conciertos instrumentales. Y todavía en el siglo XIX, no hay músico célebre que no tenga entre sus obras un réquiem o una misa solemne. Tal la pesada herencia que dejaron. San Agustín falleció en el año 430 y Santa Cecilia alrededor de dos siglos antes. Se tiene el 22 de noviembre como su día, y como el de la música. En el acta de la santa, consta que para su boda, entre los sones y ruidos de los invitados, cantaba al Señor diciéndole platónicamente: "Háganse mi corazón y mi cuerpo inmaculados para que no sea confundida". No sabía tocar instrumentos, aunque así lo muestran cuadros famosos, como el de Rafael, pero cantaba a Dios, porque la melodía inspiraba su amor a la virtud. Fue apresada por los romanos por haberse convertido al cristianismo, pero no abjuró de sus creencias. Herida de muerte por la espada de los soldados, cantaba mientras se desangraba. Ese canto de aproximación a Dios quedó como un símbolo de la música.

