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La política como cultura ciudadana

La idea es pensar la ciudad que necesitamos para la protección y el cuidado de los seres queridos y de todos los que en ella habitamos. Mario Blanco.

12 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Mario Blanco*
La política como cultura ciudadana

El objetivo de trabajar en el campo del pensar y el hacer que nos hemos propuesto es más que una política: es una filosofía, un desafío de cultura ciudadana. Nos toca actuar en un ámbito distinto al que conocimos a fines del siglo 20, porque estos tiempos imponen nuevos y complejos problemas de impostergable tratamiento: las adicciones; los comportamientos alienantes; la violencia en sus múltiples manifestaciones; la inclusión social; las diferentes formas de percibir las necesidades del alma; las distintas miradas sobre lo humano; la histórica necesidad de profundizar la democracia; los derechos humanos, de producción y de trabajo; la resolución de necesidades básicas insatisfechas; la degradación del medio ambiente; la falta de agua y el tratamiento de los residuos sólidos, entre otros. Estos temas nos plantean nuevos desafíos de cultura ciudadana. Ocuparnos de la ciudad. La idea es pensar la ciudad que necesitamos para la protección y el cuidado de los seres queridos y de todos los que en ella habitamos. A la acción humana podemos observarle dos cuestiones que la animan y contienen. Éstas son la motivación y su regulación. Reconocemos tres tipos de regulaciones: culturales, morales y legales. Las culturales se relacionan de manera directa con los distintos niveles de conciencia; las morales, que siempre deben ser repensadas, actúan como guía y sanción de las conductas (por caso, la violencia familiar), y las legales son un regulador y, cuando han sido democráticamente elaboradas, deben ser cumplidas. Es "el pasaje de la aletheia al ethos " (del discurso de la verdad a la regla de conducta). En síntesis, la convivencia ciudadana que nos ocupa requiere el abordaje de preceptos de regulación y autorregulación de la acción humana, que garanticen la libertad en un marco de respeto al otro y a la dignidad humana en el ámbito de la sociedad. Lo expresado nos lleva a asumir desafíos de cultura ciudadana; por ejemplo: el ordenamiento del tránsito vehicular es una forma de ocuparnos de nosotros y cuidar la vida e integridad física; cuidar el ámbito del vecino, ya que no se puede tener un altoparlante a todo volumen sin reparar en las molestias que ocasionamos; sustituir el uso de bolsas de nailon para el traslado de mercaderías por bolsas durables, para cuidar el medio ambiente y ejercitar la conciencia; cuidar y ahorrar agua, porque hay lugares a los que no llega o se recibe en cantidad y calidad insuficientes, lo que se agrava por su derroche; cuidar y mejorar los sistemas de salud, higiene y salubridad; pensar en términos de producción, trabajo y desarrollo sustentable; cuidar lo que tenemos y superar la discusión de lo básico, etcétera. Asumir desafíos de cultura ciudadana como filosofía de vida significa tener un compromiso de cultura ciudadana en: buscar actividades que signifiquen ocuparnos de la comunidad; discutir y generar proyectos de convivencia; estudiar compromisos ciudadanos de los vecinos entre sí, del funcionario público con sus conciudadanos y de distintos actores sociales; respetar la ley y hacer de la ejemplaridad una práctica en sí e instrumento de educación; intensificar la práctica y el uso de instrumentos socialmente saludables; participar artísticamente en la cultura ciudadana para incidir en la adopción de hábitos positivos y el abandono de los negativos; organizar equipos que tiendan a alcanzar objetivos de cultura ciudadana. La idea se presenta como una filosofía que es esencial poner en práctica. Todo un desafío para estos tiempos.

*Intendente de Cruz del Eje (PJ).