Perú decide por cuál vereda sigue su marcha
Es muy probable que Ollanta Humala gane mañana, pero para imponerse en el balotaje necesita que su giro centrista resulte convincente. Claudio Fantini.
"El brujo de los Andes", lo llamaban, por la feroz resistencia que opuso al ejército chileno en las montañas centrales y por la capacidad táctica y estratégica que mostró en la Guerra del Pacífico. El general Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, que manejaba el quechua como si fuera la lengua materna, fue el hombre que, desde los campos de batalla y desde la presidencia, marcó la historia peruana de fines del siglo XIX. Perú es un país propenso a generar ideólogos. Dos claros ejemplos son José Carlos Mariátegui desde el marxismo y Víctor Raúl Haya de la Torre desde la centroizquierda integracionista. También lo es Isaac Humala. El padre del candidato que encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales de mañana convirtió la vida y la acción gubernamental del mariscal Cáceres en ideario nacionalista. A eso sumó el componente étnico, proponiendo a la cultura incaica como inspiración emancipadora.Antes que él, Mariátegui había señalado a los indígenas como motor de la revolución, pero el pensamiento del fundador del Partido Comunista Peruano no pasaba por el nacionalismo. A eso lo agregó Isaac Humala, al crear el "etno-cacerismo", la ideología que mamó desde la cuna su hijo Ollanta, el militar que combatió brutalmente en Huánuco contra Sendero Luminoso; que actuó en la retaguardia en la Guerra del Cenepa y que está librando su segunda batalla por la presidencia de Perú. Primera vuelta. "El guerrero que todo lo mira". Eso significa Ollanta en la antigua cultura de los incas. El combatiente que podía verlo todo era, naturalmente, el líder. ¿Qué tipo de liderazgo propone hoy Ollanta Humala al Perú? Eso no está claro. Pararse lejos de la sombra de Hugo Chávez, asegurar la continuidad de las reglas que posibilitaron el notable salto económico del país y comprometerse a mantener el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, le permitió al candidato de la izquierda nacionalista dar vuelta las encuestas y pasar a encabezarlas. El problema es que la gran mayoría, que hoy divide sus preferencias entre los postulantes de centro y de derecha, se uniría en un balotaje para evitar que triunfe Humala. Las elecciones se definirán entre un puñado de buenos candidatos. Alejandro Toledo fue el primer indígena en alcanzar la presidencia en Sudamérica, después de haber derribado en las urnas al truculento régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Su gobierno fue el que consolidó el rumbo hacia la economía de mercado, que dio al Perú niveles inéditos de crecimiento económico. Pedro Kuczynski fue, precisamente, el ministro de Economía en esa exitosa gestión (luego continuada por Alan García), aunque su ortodoxia neoliberal impidió que los progresos alcanzaran para corregir las crónicas patologías de una sociedad con miseria y desigualdad. Luis Castañeda , reconocidísimo ex alcalde de Lima que dio a la capital peruana el porte magnificente que luce hoy, disputa el mismo electorado que Toledo y Kuczynski. Keiko Fujimori corre en el mismo andarivel. La carismática hija del ex presidente que capturó al líder senderista Abimael Guzmán, mató al comandante Néstor Cerpa Cartolini y apresó a la cúpula del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), además de haber terminado con la hiperinflación y apuntado la proa del Estado hacia la economía de mercado. Pero ese padre que tanto defiende Keiko es también el presidente que cerró el Congreso, acrecentó la corrupción estatal, usó el espionaje contra los opositores y cometió crímenes de lesa humanidad para aplastar la insurgencia. Balotaje. Ollanta Humala se puso por delante en las encuestas por prometer políticas sociales y distribución de la riqueza, corrigiendo sin alterar los lineamientos principales del modelo establecido por Fujimori, consolidado por Toledo y continuado por Alan García. Habrá que ver si ese giro al centro le alcanza para librarse de la imagen de su propio pasado ideológico, marcado por alianzas con fuerzas extremadamente radicales como Patria Roja. Para un gran sector de clase media, el nuevo discurso de Humala pierde credibilidad por la actual alianza entre su Partido Nacionalista y los partidos Comunista y Socialista Revolucionario. Pero él responde que se identifica con Lula y que está uniendo lo mismo que unió el ex presidente brasileño para hacer una centroizquierda moderna, exitosa y moldeada en un progresismo de matriz liberal. Es muy probable que gane mañana. Pero, para imponerse en el balotaje, necesita que su giro centrista sea convincente. Convencer a una franja importante de la sociedad que nada tiene que ver con la ideología que creó su padre, un nacionalismo socialistoide con aversión a los chilenos y temido por las inmensas comunidades asiáticas de Perú. Si no lo logra, en la segunda vuelta se unirán contra él los votos que mañana se dividirán entre Toledo, Kuczynski, Fujimori y Castañeda. Ya le pasó en la elección de 2006, cuando esa conjunción de último momento llevó a Alan García nuevamente a la presidencia, a pesar del fenomenal cataclismo que había sido el gobierno aprista de los años '80.

