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Peronismo para armar

Desde hace décadas, las diferencias entre las principales banderías políticas de Argentina se parecen a las de los hinchas de fútbol.

22 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Claudio Fantini*
Peronismo para armar

Si un equipo de psicólogos y sociólogos intentara hallar diferencias en la personalidad y en la calidad humana de los hinchas de diferentes equipos de fútbol, es obvio que no encontraría absolutamente nada. La mayoría de las personas manifiesta identificaciones viscerales con tal o cual club. El hombre masa sufre o se alegra por lo que ocurre en cada partido. Ser hincha de uno u otro no depende de una elección consciente y racional. Sencillamente, es algo que acaece por circunstancias accidentales.Desde hace décadas, las diferencias entre las principales banderías políticas de Argentina se parecen a las de los hinchas de fútbol: identificaciones que se expresan con visceralidad, pero carecen de contenido real.La diferencia es que el hincha siente pasión por su club (una pasión inútil y absurda, pero pasión al fin), mientras que en el peronismo y en el radicalismo la pasión tiene cada vez menos peso real que la ambición, la necesidad, la costumbre y otras vicisitudes.Como todos los años, este 17 de octubre puso al peronismo sobre la mesa de disección. Y la pregunta sobre el "ser peronista" sigue sin respuesta. Hasta finales del siglo 20, unos fueron peronistas absolutamente convencidos de todo lo contrario al convencimiento absoluto de otros peronistas. Había fervor peronista de izquierda y fervor peronista de derecha. Todos repiten como un mantra la palabra "lealtad", como si en la realidad del peronismo no imperara la traición.Otra realidad es que, desde hace tiempo, no hay diferencias reales entre peronistas y radicales. Los radicales también traicionan y guardan en su historia estropicios vergonzantes, como haber abandonado a un gobierno propio (el de la Alianza) y permitido su derrocamiento en el marco de un colapso económico originado en la gestión anterior.

Genética de poder

En el escenario político, casi todo es actuación y simulación. En todo caso, a esta altura de la historia, ya es posible afirmar que el rasgo principal del peronismo no es la sensibilidad social ante la pobreza, sino la mimetización con las tendencias dominantes a nivel mundial.

Tener el músculo político para colocar el país en la dirección de la “mano única” del momento es otro de los rasgos que caracterizan al peronismo. La suma es una genética de poder.

El propio Juan Domingo Perón fue diferente en sus primeros gobiernos que cuando retornó en los años ’70. El cambio no había ocurrido en él, sino en las tendencias dominantes. Por eso lo que hizo Carlos Menem en la década de 1990 fue tan estrictamente peronista como lo que hizo Néstor Kirchner a partir de 2003. La diferencia no eran las posiciones políticas de ambos, sino la gravitación del Consenso de Washington en los ’90 y el regreso del Estado a la economía en el inicio del siglo 21.

Las acciones de Menem y de Kirchner como gobernadores muestran que sus presidencias no tuvieron el sello de sus convicciones ideológicas, sino el sello del pragmatismo peronista. Es más, si Menem hubiera gobernado el país en el momento en que le tocó a Kirchner, habría sido tan estatista y regulador como el santacruceño. Del mismo modo, si Kirchner hubiera sido presidente en los ’90, habría sido tan privatizador y desregulador como el riojano.

De hecho, como gobernador riojano, Menem fue un típico caudillo estatista, y Kirchner, como gobernador de Santa Cruz, privatizó el banco provincial y fue el promotor principal de la privatización y extranjerización de YPF.

Lo que tuvieron en común fue la apropiación de conceptos políticos que desvirtuaron y bastardearon. Menem se apropió de la idea “liberal” y la pervirtió, mientras que el kirchnerismo hizo lo mismo con la idea de “progresismo”. Ambos términos salieron maltrechos. El primero, ultrajado en un “sultanato” farandulero y frívolo que desmanteló el Estado; y el segundo, en un populismo feudal y autoritario.

Una diferencia entre menemismo y kirchnerismo es que el segundo armó un eficaz aparato de propaganda y construyó un vigoroso culto personalista.

Señalar al peronismo como culpable de los males argentinos es un facilismo que oculta lo evidente: la decadencia es política y dirigencial. Lo que el peronismo no hace (y hasta ahora tampoco las otras fuerzas políticas) es revertir el proceso de mediocridad y envilecimiento general.

* Periodista y politólogo