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El periodismo como organizador colectivo

La reflexión sobre el periodismo y sus alcances libertarios es el origen mismo de un núcleo mayor de libertades; por eso el oficio periodístico adoptó y aún conserva una imagen de denuncia y riesgo. Horacio González.

03 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Horacio González (Director de la Biblioteca Nacional)
El periodismo como organizador colectivo

Invitar a los públicos contemporáneos a rechazar la secuencia que une la Inquisición con los comisariatos políticos de los momentos revolucionarios de la modernidad, supone gozar de inmediato de una fuerte aceptación moral e intelectual. Es un supuesto básico de la libertad de expresión en los tiempos de "desprecio" –como los designó André Malraux– o en "tiempos de oscuridad" –esta vez, es la palabra de Hannah Arendt–. La reflexión sobre el periodismo y sus alcances libertarios es el origen mismo de un núcleo mayor de libertades; por eso el oficio periodístico adoptó y aún conserva una imagen de denuncia y riesgo. La libertad se compone de su propio riesgo, pero también de su dificultad intrínseca para no generar poderes invisibles, no mucho mejores que los oscuros socavones que denuncia. La Nueva Gazeta del Rhin , que dirigía Karl Marx en 1848, tenía un censor del Estado prusiano que determinaba que el diario saliera –como fue muy frecuente en las luchas antidictatoriales– con algunos sectores en blanco. Marx, ironizando, juzgó que un diario libertario salía gracias a esa dialéctica entre el Estado y la revolución. Vio todo en la lógica de la historia, no en la reencarnación de los vetustos inquisidores. La pregunta esencial. A principios del siglo 20, las fuerzas revolucionarias de esa época llegaron a conceptos muy elaborados sobre la prensa, designándola como un "organizador colectivo" o como una instancia de esclarecimiento de las poblaciones sumidas en la oscuridad o la beatería. El periódico se asociaba al partido político –era casi su homólogo– o a los procesos de ilustración laica y popular. Este punto de vista no era diferente al de la fundación de los grandes periódicos inspirados en las luchas de sectores expresivos de las grandes burguesías políticas y literarias. Esa raigambre fundacional del periodismo moderno, que recaía en las instancias que remitían a la revolución industrial o a la universalización de los dominios tecno-financieros, no era, sin embargo, un concepto declarado. Por el contrario, aparecía bajo un manto filosófico venerable, que también interesaba a las poblaciones pero que no atesoraba la pregunta esencial sobre las libertades: o bien ésta era indivisible y debía reinar en todas las esferas de interés social, o aparecía en forma progresiva, como un sello imperativo y seccionado, a ser usufructuado por los que entendían que un sigiloso "orden del discurso" lo regía todo como gran legislador en las sombras.La polémica entre Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento en 1852, fundamental capítulo de la historia de las ideas argentinas, trata justamente sobre la relación de la prensa con las armas, las revoluciones y las empresas. Ambos escritores no eran hombres que se privaran de la diatriba. Consideraban las libertades públicas como un equivalente del uso situado de las palabras, midiéndolas con las fuerzas productivas existentes. Fue nuestro liberalismo de batalla, que aún sabía declarar las raíces materiales e intelectuales de las querellas entabladas. No eran polígrafos asustadizos que, en sus jornadas de duelo e injuria, utilizaran la fantasmagoría del comisario político para justificarse plañideramente, bajo la forma más fácil del polemismo. Vino luego una época en que el triunfo de un periodismo de fuerte cuño empresarial –cuya crítica se condensó en El ciudadano , de Orson Welles– mostró su victoria como un ascenso en la escala de las libertades. Pero se podía interpretar también como la conquista de aquel sensible horizonte del "organizador colectivo" que los insurgentes del siglo pasado habían proclamado. Paradójicamente, en sigilo, lo realizaron los actuales grandes medios masivos, traduciendo los conceptos tomados de las ilusiones transformistas al orden conservador.