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Pensar y repensar la seguridad

La pérdida de afecto y respeto por los otros en nuestras ciudades conflictivas genera una visión contradictoria del delincuente.

11 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
Roberto González*
Pensar y repensar la seguridad

La seguridad se ha convertido en una preocupación instalada en múltiples dimensiones de nuestras sociedades. Los ciudadanos en Latinoamérica están hoy más preocupados por la inseguridad que por el desempleo (según el informe de Latinobarómetro de 2010). Los gobiernos han aumentado sus intervenciones y los presupuestos asignados al área de seguridad. Los medios de comunicación incrementaron también su interés en retratar las expresiones de inseguridad. Sin embargo, el problema de la inseguridad, la criminalidad, las violencias y los conflictos sociales e interpersonales no fueron aún solucionados, por lo que queda un debate muy profundo sobre cómo se piensan, se hacen y se evalúan las políticas de seguridad.La Universidad Nacional de Villa María realizó la quinta edición del Seminario Internacional de Políticas de Seguridad. Durante el evento, pudimos acceder a diversas interpretaciones que colaboran para pensar la seguridad desde una perspectiva de aprendizaje y de crítica, además de la búsqueda de propuestas que renueven las prácticas que están vigentes.Uno de los aportes más importantes tiene que ver con los procesos de cambio que viven las policías. En América latina, las reformas se han centrado en los cuerpos policiales, tratando de imprimir reformas desde la organización tradicional y autoritaria hacia una policía democrática.Pero, al decir del chileno Hugo Fruhling, si bien los procesos de modernización intensificaron el uso de nuevas tecnologías y el crecimiento de los recursos humanos, los resultados en términos de relación virtuosa y confiable con la comunidad aún son moderados.Por otra parte, en la región se ha insistido en la reforma policial como punto crítico de la búsqueda de más seguridad, olvidándonos de los cambios que había y hay que hacer en las instituciones civiles, el sector de la Justicia y los factores sociales no ligados al delito. La policía comunitaria, más que un cuerpo inserto en las policías, debería ser un concepto organizador y orientador de los cuerpos actuales.Juan Manuel Núñez López, de la Alcaldía Mayor de Bogotá (Colombia), puso en evidencia el error que muchos de los implementadores y analistas en seguridad estamos cometiendo. Seguimos pensándola a partir del delito, lo que condiciona tanto el análisis como la práctica en esta temática.En primer lugar, se pierden de vista los factores ambientales que podrían generar el quiebre de la ley, en los cuales incluimos también los valores y desvalores vigentes en nuestras sociedades.En segundo término, las políticas se centran en conseguir metas (no resultados) y sólo podemos establecer su validez en la cantidad de detenidos, de vehículos controlados, en los kilos de droga incautada o en la cantidad de los objetos robados posteriormente recuperados. Pero se pierde de vista la transformación que una política de seguridad debe generar, con mejor convivencia y mayor tranquilidad en la vida con el otro.Una de las iniciativas expuestas es la diseñada por el Ministerio de Seguridad de la Nación, denominada "Pensar y hacer la seguridad en las escuelas", que propone contribuir a la formación y renovación de los equipos docentes y educadores populares con un enfoque centrado en el gobierno civil de la seguridad.El modelo argentino ha avanzado en la materia, aunque sus resultados son moderados en cuanto a la prevención efectiva del delito. Pese a que la participación ciudadana es uno de los principales caracteres del programa a nivel nacional en coherencia con la seguridad democrática, la pregunta que emerge es cómo responderán las provincias, con sus propias idiosincrasias, a un diseño de nivel nacional.La inseguridad desafía el sistema de valores vigente en un grupo social. No se trata sólo de quebrar la ley afectando la vida y la integridad de otros ciudadanos, sino que con el delito, la violencia y el crimen ponemos en discusión los valores que nos permiten o dificultan la convivencia, sobre todo en ciudades desorganizadas en nuestra Latinoamérica.La pérdida de afecto y respeto por los otros en nuestras ciudades conflictivas genera una visión contradictoria del delincuente como una institución capaz de fijar desvalores en algunos sectores de nuestra sociedad.Para romper con este error conceptual, necesitamos recuperar la capacidad de los conjuntos humanos para plantear la seguridad como una búsqueda conjunta.

Violencia de género

El debate actual sobre la inseguridad sería parcial si no se integra el problema de la violencia de género. Es imprescindible promover en las prácticas una sensibilidad coherente con la situación de vulnerabilidad de las mujeres.

Las mujeres sufren violencia tanto fuera como dentro del hogar, y ello produce una superposición de dimensiones de ataques que las afecta el doble. Reconocer que el hombre tiene acceso a diferentes maneras de evitarlos hace que las mujeres estén condicionadas a ser objeto de hechos delictivos y víctimas tristemente privilegiadas de los hechos de violencia familiar y doméstica.

Sin embargo, durante este evento académico fueron expuestas experiencias renovadoras, entre ellas incursiones civiles en la formación policial que permitirían pensar que podría surgir una nueva sensibilidad hacia la mujer del accionar policial en algunos cuerpos de los países latinoamericanos. En el mismo sentido, la trata de personas fue también el motivo de una reflexión calificada por parte de Alicia Peressutti en este seminario.

El delito, el crimen y la violencia tienen una expresión local determinada. Es por ello que se entiende la preocupación de los poderes locales en intervenir en una temática relativamente nueva a pesar de que, en 2013, el 75 por ciento de los delitos prevenibles por acción directa haya sido registrado en Córdoba y en el Gran Córdoba.

Sin embargo, se plantea un debate a partir de las experiencias que han vivido los municipios en los procesos de descentralización. Fueron muy estudiadas las enormes problemáticas que produjeron las nuevas funciones asumidas por los municipios (por ejemplo, salud primaria) sin capacidades institucionales para ejercerlas.

De la misma manera, la gestión de la seguridad plantea un desafío conceptual a las instituciones locales, en las cuales se hace imprescindible tener una perspectiva integral. En las ciudades, incluso de menores dimensiones, se expresan de forma elocuente los factores ambientales que permitirían que un hecho delictivo se produjera allí y no en otro lugar.

Es por ello que, además de la gestión conjunta policial, sería necesario gestionar recursos sociales, infraestructura local y, sobre todo, información relevante a través de monitores locales de seguridad ciudadana, para lograr prácticas efectivas de prevención y atención del delito.

* Analista e investigador en seguridad ciudadana  de la Universidad Nacional de Villa María